Sociología De La Educación: Durkheim, Marx y Weber

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En la sociología de la educación, tal como afirma Fernández-Enguita (1995: 23), “la sociología analiza la educación como un entramado institucional y un conjunto de procesos y relaciones insertos en la sociedad global y dotados ellos mismos de una organización social interna”. La educación es un fenómeno eminentementesocial, tanto por sus orígenes como por sus funciones. Sin embargopredomina en el discurso escolar y pedagógico el axioma que afirma laeducación como un fenómeno individual.

Sociología de la educación
Sociología de la educación

Sociología de la educación

Durkheim se dedica a mostrar como esa concepción de la educacióncomo fenómeno individual se halla en “total contradicción” con la historia:

a) En primer lugar, porque “la educación varía según las clases sociales” (Durkheim, 1975:99).

b) En segundo lugar, por lo que denomina ecuación común dado que “no hay pueblo en el que no exista un cierto número de ideas, de sentimientos y de prácticas que la educación deba inculcar a todos los niños” (Durkheim, 1975:101).

c) En tercer lugar, porque cuando “la educación empezó a convertirse en un verdadero servicio público, tendió a colocarse cada vez más directamente bajo el control del Estado tornándose sus fines más generales y más abstractos” (Durkheim, 1975:103).

En definitiva y, frente al esencialismo de los que creen que la educación consistía en actualizar unas virtualidades y energías latentes en la naturaleza humana, la sociología plantea la precondición de la educación como fenómeno eminentemente social. Los individuos formados y socializados a través de los procesos educativos no se han formado al azar sino tal y como la sociedad ha determinado que sean socializados.

Durkhéim afirma en este sentido: “el hombre que la educación debe plasmar dentro de nosotros, no es el hombre tal como la naturaleza lo ha creado, sino tal como la sociedad quiere que sea” (Durkheim, 1975:104).

Desde la sociología, la escuela es el espacio institucional para la transmisión cultural organizada y formalizada de conocimientos, valores y normas. Socializa en la uniformidad de patrones valores pero a la vez diferencia a los individuos en méritos y conocimientos estratificándolos en correspondencia con la pirámide laboral que les espera. Este sería el enfoque funcionalista en sociología de la educación que enfatiza la función cohesiva y socializadora de la experiencia educativa.

Desde una perspectiva marxista, la sociología se interroga en torno a si la escuela y los sistemas educativos son o no influidos por una sociedad capitalista organizada en torno a la desigualdad de clase, de género y de capacidad de poder. En verdad, la sociedad se estructura en conflictos y luchas de poder y de decisión porque constitutivamente es desigual y estratificada. Los sistemas educativos desde la perspectiva marxista se prestan a reproducir las desigualdades sociales y culturales de origen. Las teorías marxistas de la reproducción argumentan que la escuela refuerza y premia el capital cultural de las clases acomodadas, garantizando su éxito y su hegemonía mientras que tiende a socializar para el trabajo y la subordinación cultural a las clases populares. La gran virtud del sistema educativo reside en legitimar esta función de reproducción de las desigualdades enmascarado como igualdad de oportunidades cuando de hecho sólo beneficia a los sectores sociales ya privilegiados.

Otra pregunta planteada por la sociología de la educación reside en saber si la contribución funcional de los sistemas educativos se decanta más por la reproducción de las desigualdades o por contribuir a reducir la inequidad y ayudar a transformar la sociedad. La educación escolar, ¿hace menos desigual, menos sexista, más multicultural y más ecológica nuestras sociedades modernas? ¿Educa para ejercer como ciudadanos libres y críticos ante las injusticias o ante las tradiciones insostenibles?

Aunque la inercia estructural de los sistemas educativos se decante por la reproducción de las desigualdades se debe reconocer la autonomía relativa del sistema educativo frente a presiones externas que puedan proceder del mundo empresarial o de sectores de poder. La escuela hace uso de dicha autonomía relativa para desarrollar en las nuevas generaciones un mayor sentido crítico ante las relaciones sociales y las normas dominantes (el sexismo, el consumismo o el racismo, por ejemplo). Contribuye a crear ciudadanía crítica y reflexiva que será capaz de emanciparse de tradiciones y tendencias opresoras o injustas. Este es el planteamiento de las teorías de la resistencia y la transformación en sociología de la educación reconociendo el papel dual que le pertoca ejercer a los sistemas escolares.

Otra de las cuestiones planteadas por la sociología es la contribución de la educación a la movilidad social y a la democratización de oportunidades en las sociedades modernas. Para el Estado del Bienestar, la educación representa una inversión social que reduce la inequidad y genera expectativas de ascenso social meritocrático. Sin embargo, que mejore la igualdad educativa entre las clases sociales no siempre se traduce en una mayor igualación salarial o profesional posterior. La sociología también nos explica que la lógica de la estratificación educativa sigue pautas distintas a la lógica de la estratificación profesional. Las teorías credencialistas de inspiración weberiana, por ejemplo, explican que los títulos académicos operan como señales de distinción y diferenciación social: cuanto más escasos más distintivos y enclasadores se vuelven. En cambio cuanto más masivos y accesibles son se devalúan y desprestigian por mayor facilidad. De aquí la importancia de la educación como campo de luchas simbólicas entre gupos sociales y profesionales que buscan maximizar el prestigio de unas titulaciones en detrimento de otras.

Una segunda gran línea de investigación en sociología de la educación se refiere a cuestionar la neuralidad y cientificidad de los curriculums y planes de estudio. Como afirmaba Durkhéim “dado que los fines de la educación son sociales, los medios a través de los cuales dichos fines pueden ser logrados deben tener, necesariamente, el mismo carácter” (1975:113). De hecho, cada vez que se ha producido una transformación en los métodos educativos, no ha sido resultado de descubrimientos psicológicos, sino que ha sido bajo la influencia de transformaciones sociales que han repercutido en todo el ámbito de la vida colectiva. La educación, se trate de los fines que persigue o de los métodos que utiliza, siempre responde a necesidades y a conflictos sociales.

Así por ejemplo, el currículum no es simplemente un medio neutro elaborado técnicamente por expertos neutrales. En sociología nos cuestionamos la selección del conocimiento escolar, porqué ciertos conocimientos tienen mayor o menor importancia o directamente son silenciados o excluidos del currículo. El currículo es una construcción social e histórica que expresa relaciones de poder desiguales y juegos de fuerza entre diversos agentes que tratan de influir en su selección y definición (académicos, editoriales de libros de texto, profesorado, empresarios, movimientos sociales, etc.). El Estado juega un papel arbitral entre los diferentes grupos de interés que luchan por imponer sus versiones de lo que realmente es necesario aprender y saber. La sociología del currículum y la sociología de la política educativa se han preocupado de estas cuestiones. Es el Estado el que finalmente impone a toda la sociedad un determinado discurso pedagógico oficial (cómo hay que enseñar) y una selección curricular legitimada y oficializada en decretos-ley (qué contenidos y conocimientos).

Por último, la enseñanza no es simplemente una actividad didáctica neutra que limita al profesorado a dar su lección en clase y espera que los alumnos cumplan sus obligaciones y muestren respeto a la autoridad docente. El proceso de enseñanza-aprendizaje es sociológico porque se dan relaciones sociales, relaciones de poder y relaciones de control en el aula y en la escuela. El proceso de transmisión del conocimiento no es mecánico ni lineal sino que es relativo, está atravesado de conflictos y subjetividades construidas en la mutua interacción profesores-alumnos.

Así por ejemplo, la investigación empírica nos muestra que el grupo clase tiende a cuestionar y neutralizar la autoridad docente y los valores que representa la escuela, activando estrategias de resistencia anti-escolar que vacían de sentido la relación educativa e, incluso, la hacen imposible.

Las etnografías de las resistencias juveniles y las teorías de Paul Willis sobre los jóvenes obreros anti-escuela son una buena muestra desde la sociología.

En suma, las contribuciones de la sociología de la educación permiten contextualizar socialmente la escuela y la socialización escolar comprobando qué hay de general y colectivo en lo aparentemente individual. El peso y pregnancia del esencialismo individualista tan típico de la pedagogía o la psicología no son un obstáculo para aceptar las genuinas contribuciones de la sociología en educación. El desarrollo de una inteligencia y una cultura sociológica entre los profesores es una necesidad central para su desempeño profesional y una fuente permanente de cuestionamiento y objetivación de las complejas relaciones que se establecen entre toda sociedad y su sistema institucionalizado de educación y aprendizaje.

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La herencia de Marx: sociedad y conflicto

Marx (1818-1883) es sin duda el primer pensador de la sociedad industrial que hace un análisis realmente riguroso de sus divisiones sociales. El análisis que hace Marx de la sociedad capitalista es fundamental en una visión del mundo: el materialismo histórico, según el cual los fenómenos sociales, culturales y políticos encuentran la explicación última en la forma de producción de las cosas materiales.

De esta manera Marx rompe con el idealismo y da prioridad causal a lo económico, en lugar de las ideas, como determinante fundamental. Esto ha hecho que muchos seguidores y estudiosos de Marx interpretaran su obra y sus teorías en términos de determinismo económico y olvidaran la dimensión dialéctica, que es otro de los pilares de sus teorías y que constituye la base de su metodología de análisis.

En la sociedad capitalista, como en las que preceden, las relaciones sociales de producción se caracterizan por la explotación y la dominación, pero la gran diferencia que la particulariza es que, así como en los sistemas anteriores la explotación del trabajador es transparente y legalmente establecida, en el capitalismo la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía más. En segundo lugar, la extracción de plus-trabajo no es visible o directa, sino que se realiza a través del mercado (retribución imperfecta del esfuerzo del trabajador a través del salario), y tercero porque formalmente la relación entre empresario y el trabajador es libre y recíproca (está objetivada por el contrato de trabajo).

Marx subraya que la sociedad capitalista genera un abierto y creciente conflicto de clases entre la burguesía propietaria y el proletariado asalariado. El foco central del trabajo de Marx era la idea del conflicto social, o la lucha entre los segmentos de la sociedad. Para él, la forma más significativa de conflicto social era el conflicto de clases. Además, el modelo capitalista de explotación laboral conduce y genera alienación y dominación entre las amplias masas de trabajadores.

Desde este paradigma, la educación y los sistemas educativos cumplen como función macrosocial la reproducción de las relaciones de clase y del mismo sistema de explotación capitalista. No genera igualdad sino una mecánica reproducción social que es estructural al sistema educativo. La misma estratificación del sistema educativo refleja la estratificación social externa destinándose educaciones diferenciadas para cada clase social.

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La herencia de Weber: sociedad y racionalización

Max Weber (1864-1920) parte de los análisis de Marx pero se propone corregirlas y actualizarlas a la luz de una sociedad industrial más desarrollada y que, por tanto, aplicando enfoques más complejos e interrdisciplinares. Partiendo de Marx, rechaza el determinismo económico que cree encontrar o dicho de otra manera, rechaza la teoría según la cual la posición de los individuos en relación con los medios de producción es el único determinante de su condición social. Estuvo influído por Marx pero no de acuerdo con su concepción materialista ni con la importancia marxista concedida al conflicto de clases. Para Weber, las ideas, los valores o los principios religiosos influyen poderosamente en el cambio social.

Para Weber la sociedad no se estructura sólo por el sistema de mercado, hecho que quiere decir que la posición de los individuos en lo económico no es necesariamente el determinante fundamental de su posición en todos los otros órdenes de la vida. Plantea la necesidad de contemplar desagregadamente los elementos de poder, riqueza y status, porque los considera relativamente autónomos entre sí. Por esto introduce una aproximación pluridimensional según la cual las clases, los grupos de status y los partidos, corresponden respectivamente a otros tantos órdenes: económico, social y político, son los canales por los cuales se distribuye el poder en una comunidad determinada.

El desarrollo de la ciencia, de la tecnología y de la burocracia son las tres fuerzas principales del proceso de racionalización de nuestro mundo moderno. Bajo ese concepto Weber explica el cambio social. La racionalización supone un proceso imparable que organiza la vida social y económica de acuerdo a los principios de la eficacia y sobre la base del conocimiento técnico. Las ideas y valores racionales calculan costes y beneficios para tomar decisiones. Para Weber, la Revolución Industrial y el surgimiento del capitalismo supusieron el triunfo de la racionalidad en el mundo moderno y se concreta en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la burocracia.

La racionalización burocrática ha transformado tanto la sociedad como la revolución industrial había transformado la economía. El mundo moderno, advierte Weber es una sociedad burocratizada compuesta por organizaciones e instituciones corporativas (empresas, ministerios, parlamentos, universidades, ayuntamientos, hospitales, escuelas o sindicatos). Nuestras vidas transcurren en organizaciones: nacemos en hospitales; nos educamos en escuelas y universidades, trabajamos en organizaciones, consumimos servicios de grandes empresas y exigimos servicios públicos burocratizados por el Estado. Dependemos y respetamos la autoridad burocrática-racional-legal puesto que se ha impuesto como inevitable autoridad neutral y reglamentista que evita arbitrariedades.

Las grandes empresas capitalistas son el modelo de organización burocrática, jerárquica, impersonal, reglamentista y eficiente. La fuerte centralización del poder, la opacidad y las decisiones expertas son características de las organizaciones burocráticas y la antítesis del funcionamiento participativo, transparente y democrático.

En la “sociología de la dominación” teorizada por Weber en Economía y Sociedad (1964: 695 y ss.) es donde se perfila su análisis sobre la educación. Carlos Lerena destaca los tres ámbitos desarrollados por Weber que mayor influencia posterior han tenido en la sociología de la educación.

El primero, es la equivalencia establecida entre el aparato eclesiástico y los aparatos educativos. Weber distingue un tipo particular de asociación de dominación a la que llama asociación hierocrática que coacciona y otorga o suprime “bienes de salvación” legitimándolos como única recompensa divina y deseada. Los bienes de salvación que concede la escuela son los bienes culturales, en concreto, los bienes posicionales representados en forma de títulos académicos o no-títulos.

El segundo ámbito, parte de su teoría sobre los tipos de educación que se derivan de sus respectivos tipos de autoridad y de legitimidad: carismática, humanística y especializada. La educación carismática es típica del guerrero y del sacerdote y se propone despertar cualidades humanas intransferibles: por ejemplo, la probidad, la compasión, el heroísmo o el liderazgo redentor. La educación humanística trata de cultivar un determinado estatus distintivo, conocedor de la cultura clásica y los gustos exquisitos. El gentleman, el cortesano, el intelectual o el crítico de arte serían sus prototipos más ejemplares. Por último, la educación especializada corresponde a la estructura de dominación legal fundamentado en la burocracia, siendo el profesional experto su prototipo ejemplar en multitud de disciplinas.

El tercer ámbito de interés weberiano reside en la relación entre escuela y burocracia tal y como se plantea en su famoso escrito El político y el científico. Una de sus preocupaciones explícitas es la de la neutralidad de los profesores en el ejercicio de su actividad docente. Defiende que la cátedra no es un púlpito, no es un foro y que el profesor no es un profeta o salvador, sino un burócrata y un experto cuya función es transmitir conocimientos sin moralizar haciendo que el alumno construya sus propios criterios y preferencias.

La influencia weberiana en sociología de la educación, es bastante amplia y múltiple. Bourdieu (1988), por ejemplo, se inspira en la teoría weberiana de la estratificación en su obra La distinción para abordar los determinantes de la clase y el estatus en el campo de la cultura y los gustos culturales. Archer (1981) se ocupa de analizar el origen social de los sistemas educativos y Collins (1979) precisa la teoría weberiana del cierre social, construyendo la corriente teórica del credencialismo.


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