¿Qué imagen quiero ofrecer a los demás?

¿Cómo quiero que los demás me vean?

¿Qué quiero que los demás digan de mí?

¿Qué quiero decir de los demás?

Son preguntas que responden a la construcción de una identidad, y a la  gestión de la intimidad, dos factores esenciales que forman la  personalidad off- on.

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El control de nuestra imagen, nuestra imagen de marca, nuestra personalidad en la red, casi termina cuando hacemos clic. El envío es en sí una pérdida de control. ¿Me lo pienso dos veces antes de enviar una imagen o escribir una frase? Lo que yo quiero ser en lo que por ahora denominamos cuarto entorno  depende en gran medida de mis decisiones, de lo que sea capaz de crear y generar, de cómo gestione mis redes, de mis interacciones.

¿Por qué me conecto?

¿Cuándo me desconecto?

¿Qué puedo hacer en vez de conectarme?

Son preguntas que responden al tipo de consumo que yo quiero hacer, y por tanto, a la dieta digital que quiero aplicarme.

Jeremy Meeks, detenido en California por posesión ilegal de armas, pertenecer a una banda armada y participar en varios tiroteos y robos, fue nombrado como el “delincuente más guapo”. Consiguió más de  4.500 dólares de sus fans  para pagar la fianza que le exigían, un millón de dólares. Todo empezó cuando el 19 de junio del 2014,  el Departamento de Policía de Stokton (California) publicó su ficha policial en Facebook, 100.000  “me gusta” lo entronizan en las redes. “Merece ser libre por ser guapo” dice una de sus fans. Hasta aquí la noticia.

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El narcisismo es muy antiguo, como lo es la humanidad. El narcisista necesita satisfacer su vanidad, ser admirado en sus propios atributos físicos e intelectuales. La inquietante novedad es  que se vincule este hecho con  las redes sociales, algunos estudios revelan  que  «es la primera prueba de la relación directa entre las amistades en Facebook y los elementos más tóxicos de los desórdenes narcisistas de personalidad». Cada vez más propensos a aceptar solicitudes de amistad de desconocidos y a buscar la aprobación social, pero no a proporcionarla. Según ha asegurado la investigadora Carol Craig, los jóvenes se están volviendo cada vez más narcisistas y Facebook se está convirtiendo en la plataforma más común para estos desórdenes.

Como describimos en redes, narcisos y espejo virtual parece que esta red es la punta del iceberg de la tiranía estética. Se realizó otro estudio  por la Western Illinois University en el que se observaron y testaron  los hábitos de 294 usuarios en Facebook, con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años. El estudio revela que aquellas personas que más puntuación consiguieron en el denominado “Test de Personalidad Narcisista” cuentan con más amigos en la red social, se etiquetan en más fotos de lo habitual y actualizan sus estados con más asiduidad. Incluso se habla de un “narcisismo agresivo”, que contiene una total admiración por sí mismo. Estas personas necesitan ser siempre el centro de todos, y manifiestan un incontrolado exhibicionismo. Y así llegamos a los selfies.

SELFIES

Hubiera sido muy fácil introducir en este post varias imágenes y referencias a recientes ejemplos de escándalo, pero no hemos querido. El acto de autofotografiarse mediante un smartphone o una cámara web mientras estamos comiendo un helado en la calle junto a nuestros amigos, para subirlas de inmediato a la red, requiere miradas y lecturas diversas. Este término fue elegido en 2012 por la revista Time, como uno de los que marcaron tendencia ese año. La palabra “selfie” fue nombrado palabra del año para 2013 por el Diccionario Inglés de Oxford, por su ubicuidad y la representación de la cultura popular

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¿QUIERES UN SELFIE?

Los hay como entrañables recuerdos, altruistas, naturales, narcisistas, artísticos. Tras un divertido y mantenido debate en twitter con @NoelleInMadrid@Ladyhalcon2012 y @ Daidatinixaranos  gustaría incorporar el reportaje que preparó Noelle “Me, myself anda selfie” . Con una visión desprendida, positiva y constructiva exprime las potencialidades del fenómeno selfie en su contextos de cultura popular y lúdica.

El ágora virtual y sus habitaciones de cristal son muy sensibles a esta necesidad de escaparatismo. Según un estudio de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos sobre Facebook , los usuarios expuestos a contenidos positivos generan a su vez más contenidos de esta índole, y viceversa. Los autores de la investigación sugieren que esta observación pone en entredicho “las teorías que sugieren que ver post positivos de los amigos en Facebook puede, de alguna forma, provocar una influencia negativa, por ejemplo, en relación a la comparación social”.

El estudio no es concluyente, pero sugiere que el ágora premia las emociones positivas con “Me gusta” y retuits y castiga las negativas con silencio y unfollows.” Por cierto, dicho “experimento emocional” sobre una muestra de 700.000 usuarios de Facebook ha provocado una investigación en Reino Unido  por una posible vulneración de la privacidad por parte de la red de  Zuckerberg.

 Es decir, el conjunto de prácticas culturales digitales, y los selfies lo son, no se pueden valorar desde el prejuicio, ni el desconocimiento. En la investigación que realizamos  El uso de las TIC y la brecha digital entre adolescentes y adultosya expusimos que la valoración de  estas prácticas digitales están contaminadas por la ignorancia, la obviedad o el desprecio. Estas prácticas precisan un contexto de comprensión, interpretación e intervención, tal y como indicamos en la tecnología como artefacto cultural:

Que las prácticas culturales digitales, ni agravan, ni reducen la distancia cultural intergeneracional, forman parte de la misma. Es decir, estas prácticas culturales digitales adolescentes (pues es el período en que centramos nuestro estudio), se correlacionan con otras prácticas y formas culturales que conforman la distancia generacional.

Que las diferentes percepciones de riesgos y oportunidades que tienen estas prácticas, construyen un imaginario colectivo. Este imaginario y el propio ejercicio de estas prácticas producen un discurso en los padres y madres, y profesores, muy diferente al que tienen los propios adolescentes.

Que en gran medida, lo que para los jóvenes es oportunidad, “estar ahí”, “por si acaso”, es normalidad ; para los padres, tutores y educadores es riesgo y amenaza.

Que los usos y gratificaciones que satisface el menor, su grado de recepción crítica (según sea el nivel de alfabetización digital que disponga), están acompañados de un conjunto de mediaciones (diálogos y relaciones).Tanto los padres y madres, como los profesores, sus propios compañeros, forman parte de una serie de influencias que relativizan el “efecto” y el impacto de los usos, o posibles abusos y adicciones de estas prácticas digitales.