POR UNA MENTORIZACIÓN REAL, RECONOCIDA Y EFICAZ

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MENTORIZACIÓN

La palabra mentorización es uno de esos vocablos que ha irrumpido en el nuevo lenguaje de este arranque del XXI. No está recogida en el diccionario de la RAE, aunque sí el término del que nace, mentor. Admitamos la derivada, acojamos su uso y, de paso, reflexionemos sobre la forma en la que la mentorización es fructífera; esto es, de qué manera podemos obtener el máximo beneficio cuando realizamos un proceso por el que cual nos convertimos en mentores de alguien.

El mentor, como padrino o guía es una figura tan antigua como el propio concepto de aprendizaje. Si bien antes eran otros los términos con los que nos referíamos a esa persona que guiaba a otra (generalmente llamada pupilo), hoy en día lo de mentor ha quedado como lo más directo, completo e integrador. Así, tutor, que en su día fue un referente de alta consideración, hoy es una responsabilidad relacionada casi en exclusiva al organigrama administrativo de un colegio, de manera que uno es tutor de una clase, pero rara vez tutor en exclusiva de un alumno concreto. También han cambiado su significado, o lo han perdido, palabras como instructor, formador, guía (generalmente unido al concepto de espiritual), etc.

Hoy hablamos del mentor como una figura indispensable para la gestión del cambio, el aprendizaje y los procesos de orientación. Es igualmente válido en escenografías de empresa, en donde el mentor acompaña al líder hacia la consecución de objetivos, el bienestar personal y la dinamización responsable de equipos, como en escenografías de enseñanza-aprendizaje; esto es, la mentorización se convierte en una herramienta perfecta para hacer que cada persona sea lo mejor que puede ser, avance hacia su estabilidad emocional y se relacione desde la honestidad y la lealtad, teniendo presentes los objetivos y, sobre todo, poniendo el foco en la persona.

Así, aquello de «un profesor me marcó» o «tuve la suerte de contar con tal o cual profesor que supo guiarme» es más actual ahora que nunca, porque nunca como ahora los alumnos han necesitado de guías, de acompañamiento personalizado, vista la vorágine de estímulos que les asaltan, las situaciones emocionales a las que se enfrentan y, con frecuencia, la carencia de referentes morales en los que crecen.

Mentorizar es acompañar, de forma consciente, programada y discreta, a una persona hacia la consecución de un objetivo, que puede ser medible o no, a medio o a largo plazo, pero siempre manteniendo los roles y estableciendo pautas de revisión. El mentor no está reconocido como figura en el Sistema Educativo y, por lo tanto, difícilmente, entra en los planes organizativos de una escuela, nunca se le reconoce retributivamente y en pocas ocasiones es tenido en cuenta, lo cual, se mire por donde se mire, es una asignatura pendiente en un Sistema Educativo que presume de fijarse en las personas antes que en los contenidos.

Ahora bien, la mentorización ha de cumplir una serie de requisitos para que se desarrolle con eficacia. No todo vale. Estos podrían ser algunos consejos para desarrollar una fructífera labor como mentor:

1

Parte de la empatía

No eres el poseedor de la verdad absoluta sino un facilitador. Escucha, sé prudente. Solo poniéndote en el lugar (emocional) del otro, lograrás guiarle sin atosigarle.

2

Acompaña a la persona

Acompaña a la persona, no a su expediente académico. Si en la empresa hay que mentorizar al líder para que el líder gestione el cambio y dinamice los equipos, en Educación hablamos de mentorizar a la persona (al alumno) para que, desde su autoconcepto y su autoestima alcance el desarrollo de las competencias (de sus múltiples inteligencias).

3

Evita dar soluciones

Ayuda a que el alumno las tome. No es dar respuestas sino saber qué preguntas plantear.

4

Apoya

Apoya sin presionar; secunda sin censurar; corrige sin humillar. Escucha, escucha y escucha.

5

Sé leal

La lealtad crea vínculos. Recuerda que los contratos generan relaciones profesionales, pero solo la lealtad consigue tender puentes de ida y vuelta.

Y recuerda que no todos los profesores podemos llegar a todos los alumnos; el drama es que a algún alumno no le llegue nadie.

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