El arte de dar clase (según un lingüista). Por Daniel Cassany

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El arte de dar clase nos hace pensar en que, en contadas ocasiones, nos podemos encontrar con un libro tan didáctico y práctico como este de Daniel Cassany.

Está escrito desde su punto de vista de lingüista; pero yo me atrevería a decir que puede ser útil para el profesorado en general porque en él se dan pautas para llevar una clase y para hacer los trabajos más exitosos con el alumnado.

Gracias, Fernando Trujillo, por la recomendación. He disfrutado mucho con la lectura y me ha abierto un poco más mi “mente de docente”. 

Sinopsis de El arte de dar clase 

El manual indispensable para impartir clases. Una herramienta para docentes repleta de consejos prácticos. Todos los secretos para ser un buen profesor. 

  • ¿Cuál es el secreto de una buena clase?
  • ¿Cómo se consigue captar y retener la atención del alumnado?
  • ¿Cómo puede el profesor lidiar con el estrés?
  • ¿Cómo debe gestionar la relación con los estudiantes?
  • ¿De qué mecanismos dispone para detectar y controlar posibles situaciones conflictivas?

El libro explica, siempre de un modo claro, ágil y didáctico:

  • Cómo crear dinámicas de grupo.
  • Cómo generar un buen ambiente.
  • Cómo animar a trabajar en equipo.
  • Cómo hacerse entender.
  • Cómo gestionar el tiempo.
  • Cómo manejarse con las nuevas tecnologías digitales y saber valorar sus pros y contras…

 (Anagrama, 2021).


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Daniel Cassany, autor de El arte de dar clase

(Vich, Barcelona, 3 de diciembre de 1961) es un escritor, profesor e investigador universitario español. Licenciado en filología catalana y doctor en filosofía y letras (especialidad didáctica de la lengua), es profesor titular en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), con un perfil de Análisis del discurso.

Antes había trabajado como docente en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de EGB, de la Universidad de Barcelona, y como colaborador técnico en la Dirección General de Política Lingüística, del gobierno autónomo de Cataluña, donde se formó como formador de profesores de lengua, redactor de currículums lingüísticos y asesor de exámenes de certificación.

Reseña

Nos confiesa el autor que este libro pretende llenar el vacío que todo docente principiante encuentra al entrar en contacto con una clase.

Aunque el libro está escrito desde el punto de vista de su especialidad, la lingüística, creo sinceramente que puede ayudar al profesorado en general, porque trata temas muy generales que nos pueden venir bien en el desarrollo de nuestra tarea en las aulas.

Hoy partimos de que el aprendiz es el centro del aprendizaje; por eso, no podemos hablar de impartir una lección, debemos hablar de crear situaciones que favorezcan el aprendizaje.

En palabras de Cassany, el libro se dirige a los docentes de lengua y a los que, aunque enseñen otras materias, saben que la lengua es una herramienta básica del aprendizaje.

Porque “todo maestro es maestro de lengua” y, por ello, saber gestionar la lengua en clase ayudará a cumplir mejor su tarea.

Desde el principio del libro me he sentido identificada, después de mis tantos años de clase ante el alumnado, el primer día siempre me producía una inquietud por ver cómo era el alumnado, de dónde venían, cómo era su comportamiento en clase, cómo se sentían de atraídos por la materia de la que les iba a hablar…

Este libro aborda desde el primer día de clase del profesor o profesora que comienza a trabajar.

Es eminentemente práctico y recomendable. Con él podremos plantearnos esas cuestiones que nos dan vuelta una y otra vez en la cabeza, pero que no les encontramos salida. Cassany nos va a ayudar a buscar soluciones.

No son recetas, son recomendaciones para la forma de trabajar en clase, para dirigirnos al alumnado, para hacer nuestras clases más participativas, para que los trabajos del alumnado sean mejores…

En definitiva, un libro muy recomendable para el profesorado que empieza y para el profesorado que quiere sacar más beneficios de esos actos de aprendizaje que van a ayudar al alumnado en su desarrollo personal y le va a ayudar en el desenvolvimiento social según el contexto en el que le ha tocado vivir.

Nos dice el autor que el mejor docente no es el que habla más o mejor, sino el que sabe organizar la clase para que hablen los alumnos con interés del contenido del programa.

Hablando poco conseguiremos que los alumnos aprendan más.

 “Dar clase hoy no significa dar lecciones magistrales, sino planificar actividades para que los alumnos usen la lengua. Esto significa situar al aprendiz en el centro de la clase y asumir que nuestro rol consiste más en gestionar la dinámica, curar los contenidos o mediar los significados… Nuestra función es seleccionar el material para crear situaciones de aprendizaje para grupos y alumnos concretos”.