De la divulgación británica tenemos mucho que aprender. Hace veinte años compré uno de los primeros CD-ROM lúdico-educativos que empezaban a prodigarse y se llamaba precisamente así: Conexiones.

Lo firmaba el antiguo director de programas divulgativos de la BBC James Burke. Era un juego en el que se trataba de explorar ambientes y llegar a soluciones a partir de pistas que permitían interconectar conocimientos de ciencias, historia, tecnología, artes y demás.

Mucho más impacto me había causado diez años antes (hace más de treinta) una serie documental titulada El día en que el universo cambió (The Day the Universe Changed, BBC1, 1985), escrita y narrada por el mismo Burke y donde repasaba de manera brillante e inusual todo el progreso de la mente occidental, incluídos el arte y la tecnología, dándole un tratamiento holístico (la palabra está de moda), o sea, ‘totalizador’, o sea ‘interdisciplinar’. Y justo aquí llegamos a la innovación pedagógica. Con aquellas muestras de curiosidad intelectual empecé a entrever lo que ahora llamamos interdisciplinariedad, renovación del currículo, etcétera.

De la divulgación británica tenemos

mucho que aprender

Conecto esas experiencias con un antiguo artículo que publiqué aquí llamado Lecciones de cosas. E intentaré mostrar cómo creo yo que podría ejercerse la flexibilidad curricular, llámese interdisciplinariedad o como se quiera. Tomemos un motivo cualquiera. Una lectura reciente me sugiere un animalejo muy conocido y, a la vez, muy curioso: el murciélago. Veamos hasta dónde nos conduce.

El murciélago plantea problemas de taxonomía que es un tema mucho más que universitario o erudito, nos afecta a los maestros. Los he conocido que caían en la cuenta de pronto de que una langosta no era un pez. Afortunadamente, daban clase a niños pequeños. Después, he comprobado en alumnos de cinco años, no de aquellos maestros, que apenas diferenciaban un pulpo de un atún o una ballena en cuanto a tipología animal. A todos los apellidaban «pescado». Hay niños mayores que, pudiendo citar y reconocer perfectamente treinta o cuarenta huesos del cuerpo humano, clasificarían el delfín como «pez». ¿Qué es la vida y cómo és?

El murciélago es uno de los símbolos de la evolución convergente. No es la primera vez que los dedos echan membranas y que éstas sirven para volar como sirven también para nadar. Las extremidades de los vertebrados son un campo de comparaciones magnífico, aparecen, desaparecen y se metamorfosean. El murciélago nos permite superar las visiones estáticas de los libros de texto. Las extremidades son un campo fabuloso de comparaciones, de nuestra mano a la «pata» del caballo o los «dedos» de las ballenas.

El murciélago tiene un cuerpo pequeño en proporción a sus manos-alas. Proporción-peso-sustentación, una fórmula que debe mantenerse. El gran cóndor, de cuatro metros de envergadura apenas pesa ocho quilos.

El murciélago abre una puerta a la concepción de mentes alternativas. Nuestra imagen del espacio se basa en lo que vemos. La de él, en una topografía de sonidos. Los ecos pueden formar un espacio tan real e inmediato como la vista. Así que el murciélago nos introduce en lo relativa que es la experiencia del mundo, nos ayuda a comprender que el cerebro es un órgano adaptativo y concreto que no «ve» el mundo sino que lo interpreta de manera conveniente y práctica. Y que los ojos son sólo una opción en el mundo animal. Y que la nariz puede estar en las patas o en los bigotes atendiendo a soluciones artrópodas o ictíneas.

El murciélago es un símbolo de la noche, un mensajero del miedo. Nos abre puertas a la comprensión de nuestos terrores. Su pariente el vampiro se asocia al mal, al diablo, pero también a la vida eterna. La sangre puede ser mágica o banal. Nadie mitifica a la garrapata o a la sanguijuela, auténtico instrumento de la medicina antigua, pero el vampiro ejemplifica el valor de la vida y el horror a la muerte. Entronca con los cadáveres de la prehistoria que se pintaban cuidadosamente de rojo. Pero el terror se remonta también evolutivamente porque en realidad es un pobre y pequeño bicho que encontró en la oscuridad un nicho que lo salvaba de los grandes depredadores aéreos y rapaces.

El murciélago nos ha dado uno de los iconos de la mitología actual, Batman. El hombre-murciélago, el hombre-lobo, el hombre-pez. La antigüedad histórica y cultural es prolífica en híbridos que multiplican nuestras potencias y explican lo inexplicable.

EXTRAÑEZAS INICIALES

La pedagogía ha sido amante del orden, de la separación, de la unidad didáctica. Ha servido a los niños píldoras diferenciadas. ¿No será eso subvalorar a los niños? Cierto que un exceso de conexiones pueden confundir, dosifiquémoslas. ¿Pero no es tambien cierto que la amplitud de la mente nace de extrañezas iniciales? No sólo de sembrar conocimiento vive la educación,

Sembrar dudas también puede ser muy fértil

y abre la puerta al conocimiento y la creatividad

Y hay una carencia, me parece, en nuestra tradición curricular. Para mí, la evolución no es una unidad didáctica en un temario de ciencias, es un saber que lo vertebra todo, incluso la tecnología (lean, si no, La evolución de la tecnología de George Basalla).