El inicio de este curso escolar está marcado por

la implantación de la nueva

ley educativa

Toda reforma constituye una iniciativa de los poderes públicos para transformar algún aspecto del sistema educativo. Este proceso debería ser positivo. Normalmente, avanzar implica mejorar con respecto al estado inicial. Sin embargo, en el sector educativo no siempre es así. Buena muestra de ello es un sentir muy extendido entre el profesorado, que se revitaliza con cada intento reformista, y que viene a decir que

“El sistema educativo no funciona gracias a la política,

sino a pesar de ella”

Esta idea surge de la dificultad para comprender la falta de consenso parlamentario en torno a la educación. Tampoco ayuda la actitud indolente de los legisladores frente a las recomendaciones de quienes están día a día en las aulas.

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Lo que la LOMCE esconde

Quizá lo que más ha trascendido de esta reforma haya sido el cambio de algunos libros de texto o la desaparición del Conocimiento del Medio. Cuestiones como estas han focalizado un debate público que José Luis Coronado define acertadamente como “debate zombi”, ya que la transformación que pretende la LOMCE va mucho más allá de los elementos accesorios sobre los que se discute.

Nuestra nueva ley se enmarca dentro de un movimiento internacional. Pasi Sahlberg lo denomina Global Educational Reform Movement o GERM. El acrónimo es muy acertado porque se está extendiendo como si fuera un germen por sistemas educativos de medio mundo. Sus defensores lo argumentan así:

“El objetivo de la educación debe ser contribuir a la solidez económica del país. Para ello es vital incrementar la competitividad y el nivel del alumnado. También hay que priorizar las asignaturas directamente vinculadas con el modelo productivo imperante”.

Las estrategias que propone el GERM son:

(a) la normalización, o igualación de planes de estudio, métodos de enseñanza y procedimientos de evaluación;

(b) la competitividad, a través de pruebas que comparan a alumnos entre sí y a unas escuelas con otras; y

(c) la privatización creciente de centros y servicios educativos, convirtiendo la educación en un negocio.

Estas medidas se aplican desde hace años en otros países con el fin de ajustar el sistema educativo a las demandas del mercado laboral. Sin embargo, las tasas de desempleo juvenil NO han parado de crecer en todo el mundo. Es más, Diane Ravitch, ex-vicesecretaria de Educación con George Bush, después de desarrollar esta política en EE.UU, afirmó que había ocasionado más problemas de los que había resuelto y que NO fue garantía de un incremento de la calidad educativa. Lo que sí logra este germen es reducir la igualdad de oportunidades, especialmente entre los alumnos que menos recursos tienen.

Por suerte, muchos docentes conocen el antídoto adecuado y lo administran habitualmente en sus clases. No es ninguna fórmula secreta, se trata de aplicar estrategias pedagógicas científicamente contrastadas. Frente a la normalización, la individualización (o adaptación de la enseñanza a la persona). Frente a la competitividad, el aprendizaje cooperativo. Y frente al ánimo de lucro, la solidaridad y la búsqueda del bien común.

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El camino que marca PISA

Seguro que recuerdas la imagen del pobre burro siguiendo una zanahoria que pende de una cuerda unida al palo que sujeta alguien montado en su lomo. Cada vez más docentes estamos convencidos de que los sistemas educativos surgidos del movimiento internacional que presta sustento ideológico a la LOMCE, el GERM, representan a ese burro.

La zanahoria es el Programa para la Evaluación Internacional, más conocido por sus siglas inglesas: PISA. Sus pruebas normalizadas miden la competencia del alumnado de quince años en matemáticas, lectura y ciencias. Los resultados se concretan en un índice nacional y se ordenan en un ranking, que es lo que se transmite a la opinión pública. Así el debate se centra en lo que mide PISA y obvia lo que no mide (aspectos tan importantes como los valores, la capacidad de trabajar en equipo, de pensar de forma crítica, de innovar…)

Los partidarios de PISA defienden que se centra en las competencias que demanda el mercado laboral. Algo que desmiente un estudio realizado en sesenta países sobre lo que las empresas valoran más en sus empleados. Las dos competencias más elegidas fueron:

La capacidad de adaptación a los cambios y

la creatividad para generar nuevas ideas.

Viendo esto, algunas administraciones están cortando la cuerda de la zanahoria.

Yi Houqin tiene el honor de ser el responsable de educación del campeón de PISA, Shanghai. Lejos de sacar pecho, declaró que están pensando retirarse de la competición:

“Shanghai no necesita supuestas escuelas número uno, sino centros que se atengan a principios educativos razonables, que respeten y potencien el desarrollo de los alumnos”.

Expertos de todo el mundo coinciden en señalar la necesidad de centrar la finalidad de la educación en el desarrollo personal, y no en el económico.

“La finalidad de la educación es capacitar a los alumnos para que comprendan el mundo que les rodea y conozcan sus talentos naturales con objeto de que puedan realizarse como individuos y convertirse en ciudadanos activos y solidarios”.

Ken Robinson

Solo queda identificar al jinete. La mano que diseña las pruebas PISA no es de una institución educativa sino de la OCDE, que tiene en la economía a su principal preocupación.

La bifurcación pedagógica

La postura de Houqin no es fácil. Nunca lo es tomar un camino diferente al de la mayoría, pero es bueno hacerlo cuando conduce a un destino mejor.

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
yo tomé el menos transitado.
Y eso hizo toda la diferencia”.

Robert Frost

Tomar el camino menos transitado requiere seguridad y arrojo. La seguridad la proporciona el conocimiento pedagógico, que suele quedar en un segundo plano cuando se diseña una reforma educativa. La valentía tiene que ver con ir más allá de los intereses electorales o partidistas para alcanzar acuerdos… hacer política educativa “con altura de miras”, podríamos decir.

“Me imagino al ministro ideal de Educación con unas orejas gigantes para escuchar a todo el mundo”.

César Bona

¿Qué es lo que el Ministerio de Educación NO ha querido escuchar? Aquí se recogen diez propuestas (y, con seguridad, se olvidan muchas más) que no se han considerado. Son propuestas ambiciosas, como el cambio que precisa la educación. No estaría mal que la próxima reforma (porque vendrá otra, no hay duda de eso) considerara, al menos, alguna de ellas.

10

1

Estar por encima de los vaivenes políticos, siendo objeto de un gran pacto que suscite un amplio apoyo social.

2

Considerar el conocimiento pedagógico generado por la comunidad científica internacional e implicar a los docentes, alumnos y familias en el diseño del nuevo sistema educativo.

3

Partir de la realidad educativa y establecer objetivos a largo plazo.

4

Dirigir la finalidad de la educación hacia el desarrollo de cada persona, y no hacia la mejora de la economía del país (eso vendrá con lo primero).

5

Volver a lo básico, a lo que nos caracteriza como especie: la curiosidad, la creatividad, las emociones, la diversidad… y promover desde ahí la construcción de todo el conocimiento.

6

Articular mecanismos efectivos de compensación que garanticen la igualdad de oportunidades.

7

Concebir la evaluación como un instrumento para conocer mejor la realidad y adaptar la educación a las personas.

8

Considerar al profesorado como el primer elemento para la mejora de la calidad del sistema, apostando por una buena selección, formación, desarrollo profesional y consideración social.

9

Crear condiciones que favorezcan la innovación y el cambio metodológico.

10

Contar con la financiación adecuada.

“En tiempos de colapso financiero, dependencia del petroleo y cambio climático acelerado; necesitamos nuevas soluciones, no las de siempre. Una reforma que se adapte a los nuevos retos, capaz de aprovechar lo mejor que hay en las escuelas, y de reinventar lo que no funciona”.

Andy Hargreaves