BURNOUT

El artículo que hoy recuperamos es uno de esos que, cuando menos, mueve a la reflexión. En él, Diane Ravitch reproduce las reflexiones sobre el ejercicio de la docencia que un profesor (hastiado) ha colgado en su blog educativo. Línea a línea, este docente va desgranando qué hechos –consustanciales al impartir clases– han provocado su marcha del sistema educativo. Descorazonador para unos, preocupante para otros, esperanzador para quienes viven la educación, este fragmento no dejará indiferente a ningún miembro de la Comunidad INED21. Sin más, reproducimos, a continuación, el excelente artículo Teacher: Why I am Leaving Teaching (i.e.: Profesor: “Por qué dejo la enseñanza”) de la profesora Diane Ravitch.


PROFESIÓN INDESEABLE

Recuerdo muchas discusiones en los grupos de expertos de derecha a los que, hace tiempo, yo también pertenecía, sobre cómo mejoraría el nivel de las escuelas y de la profesión docente si pudiéramos evaluar a los docentes por los resultados académicos de sus alumnos y despedir a los profesores de más bajo rendimiento cada año. Recuerdo que preguntaba: «¿De dónde vendrían los nuevos profesores?» Mis compañeros en estos grupos dijeron que nunca habría escasez, debido a que hay un elevado número de personas que se ha preparado para ser docente, pero que nunca ha pisado un aula. Estas personas se apresurarían, supuestamente, a llenar los nuevos puestos de trabajo disponibles. Lo que nunca fue considerado por mis compañeros era la posibilidad de que su «brillante teoría» estuviera equivocada. Evaluar a los profesores  por los resultados en los exámenes de sus alumnos no era una estrategia fiable y válida; el hacerlo significaría expulsar a muchos profesores y haría de la docencia una profesión indeseable; sería, de hecho, acabar con la profesionalidad en sí misma.

De un comentario en el blog:

«El porcentaje del 50% de la evaluación –basado en la prueba final de curso– es tan desmotivador y humillante que, definitivamente, dejo la enseñanza lo antes posible. Dos años con malos resultados en las pruebas significa el despido y la posible pérdida de la licencia. Una semana laboral de setenta horas, la tecnología que falla, el cambio de media clase por estudiantes que presentan condiciones médicas que impiden un correcto desarrollo de la función cognitiva. Adaptabilidad, trabajo duro, implementación del aprendizaje diferenciado y práctico; enfoques multimodales no valen nada hoy en día. Los profesores no son capaces de controlar las pruebas, no pueden desarrollar múltiples medios para que los estudiantes demuestren su dominio. Así que la mitad de mis estudiantes con buenas intenciones fallarán en su prueba de final de curso y mi propia familia va a sufrir las consecuencias cuando pierda mi trabajo. Todo apunta hacia un futuro más sombrío que los cinco años anteriores, repletos de importantes recortes salariales y de beneficio. Con todo, los despidos constituyen una tendencia al alza que aumenta cada año. Estoy muy bien formado, soy licenciado y poseo varios grados, por lo que el estereotipo del profesor con poca formación y sin opciones o sin capacidad de agencia no encaja. No encaja para la mayoría de los profesores que conozco.

Y, si me quedo en la enseñanza ahora, sería un idiota.

Este sistema de evaluación es la gota que colma el vaso. Convencí a padres de la Asociación Padres-Profesores para hacer presión en nuestro distrito con el objeto de que se detenga la implementación de este sistema de evaluación. Ante este panorama, algunos profesores de renombre, muy respetados, ahora están haciendo méritos para cambiar de carrera. ¡Qué desperdicio! La nueva administración está encantada con el método de repetición mecánica, tipo “papagayo”; los padres están cegados por los trucos y el espejismo de las pruebas de calificación como “la cinta de medir” cualquier cosa. Gracias por “darme rienda suelta”. Estoy pensando en lo maravilloso que será tener domingos libres, en no llevar más 25 libras de papeleo a casa, en tener dinero en el banco y una carrera diferente. No hay otra profesión que sea tratada –en conjunto–  tan mal en los tiempos que corren.

Voy a extrañar a los estudiantes, pero no voy a extrañar que me traten como a un tonto ignorante con este sistema de “evaluación-pesadilla”.

Diane Ravitch


REFERENCIAS

«Profesor del año en Minnesota: ¡Somos la defensa de la democracia contra la tirania del 1%!»

«Los líderes de NC abandonan cualquier pretensión de sentido común»

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SOBRE LA AUTORA

Diane Ravitch es profesora e investigadora de Historia de la Educación en la Universidad de Nueva York.

Publica en su blog dianeravitch.net, que ha tenido cerca de 8,3 millones de visitas en menos de un año.

De 1991 a 1993, fue Subsecretaria de Educación y Consejera del Secretario de Educación, Lamar Alexander, en la administración del presidente George HW Bush. Fue responsable de la Oficina de Investigación para la mejora de la calidad educativa del Departamento de Educación de EE.UU. Como subsecretaria, lideró el movimiento federal para la creación del estado de contribuciones voluntarias y de normas académicas nacionales.

De 1997 a 2004, fue miembro del Consejo de Administración Nacional de Evaluación, que supervisa la Evaluación Nacional del Rendimiento Educativo –el programa de pruebas federal–. Fue elegida por el Secretario de Educación, Richard Riley, de la administración Clinton, en 1997; y reelegida –por él nuevamente– en 2001. Desde 1995 hasta 2005, ocupó la Cátedra Brown en Ciencias de la Educación de la Brookings Institution y fue editora de Brookings Papers on Education Policy. Antes de entrar en servicio para el Gobierno, fue profesora adjunta de Historia y Educación en el Teachers College de la Universidad de Columbia.