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“Y TU HIJO… ¿YA SABE QUÉ HARÁ EL PRÓXIMO CURSO?”

Según nos acercamos al final del curso, muchos alumnos se plantean qué hacer a continuación: ¿Trabajar? ¿Seguir estudiando? ¿Qué estudiar? Y sus padres, siempre dispuestos a echarles una mano, dudamos de cuál es nuestro papel en esta decisión: ¿Estamos demasiado encima? ¿Demasiado poco? ¿Debo insinuarle lo que creo mejor para él?…

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Algunos jóvenes querrán evitar la decisión y esperarán a ver qué deciden sus amigos.

A partir del trabajo de coaching con centenares de adolescentes hemos recopilado una serie de pautas que pueden ser útiles en estos momentos y que queremos compartir a continuación.

Para empezar, debemos tener claro que la decisión sobre el futuro académico de nuestros hijos les pertenece a ellos. Aunque los padres creamos tener la opción ideal, son ellos los que se deben comprometer con su itinerario de estudios. Es muy doloroso oír a un hijo decir, ante los posibles problemas futuros, que “yo estoy estudiando esto porque vosotros me obligasteis ”.

¿Quiere esto decir que debemos apartarnos completamente y no participar en absoluto en su decisión? No. Porque los padres somos un referente básico para los hijos a la hora de hablar del futuro y nos necesitan ante la que quizás sea la primera decisión importante que toman en su vida; seguramente la primera cuyas consecuencias van más allá de las próximas semanas o meses.

¿Empezar a trabajar?

Una opción para nuestros hijos es abandonar los estudios y entrar en el mercado laboral. La libertad financiera es importante para muchos adolescentes, y el sistema educativo – tan lejano del día a día de los jóvenes – no siempre es todo lo motivador que quisiéramos. Pero la realidad es implacable: el paro juvenil es muy elevado (1)  se requieren estudios post-obligatorios para poder optar a puestos de trabajo con ciertas garantías económicas (2)  con un contenido más atractivo.

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Tasas de paro en España según el INE, Instituto Nacional de Estadística.

Este razonamiento es fácilmente entendible para los jóvenes, siempre que vaya acompañado de estadísticas claras, y no esté basado solo en el miedo (“te morirás de hambre”).

Escoger sin información es muy difícil

Escoger es muy difícil y aquí tenemos que empatizar con nuestros hijos puesto que con los años se ha multiplicado la oferta de estudios post-obligatorios. La buena noticia es que quien sepa qué quiere hacer, encontrará exactamente lo que busca. Pero ¡ay de aquél que no lo tenga claro! Se puede perder entre centenares de alternativas.

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Cuando toca pasar a la acción, nacen los miedos inherentes a cualquier toma de decisiones.

Algunos jóvenes querrán evitar la decisión y esperarán a ver qué deciden sus amigos, como cuando escuchamos atentos en el restaurante a ver qué piden el resto de los comensales esperando descubrir una opción inesperada y mejor que la que teníamos en mente. Cuando se trata de estudios, elegir según la decisión de los amigos sería el equivalente a jugar una lotería con pocas posibilidades de éxito.

Cuando trabajamos con jóvenes que se han equivocado al escoger sus estudios, siempre les lanzamos una misma pregunta: “Si tuvieses la máquina del tiempo y pudieras volver atrás, al momento en que decidiste que querías estudiar, ¿qué harías diferente?”. Y la respuesta siempre es la misma “Me habría informado mejor”. Y es que hoy por hoy, la mejor garantía para acertar es informarse a fondo y así evitar descubrir demasiado tarde, por ejemplo, que se necesita habilidad estadística para ser psicólogo.

Los padres debemos animar a los hijos a buscar tanta información como sea posible, y para ello existen orientadores escolares, decenas de páginas web, ferias y puntos de información públicos.

Cualquier decisión despierta temores

Hasta ahora, durante la educación obligatoria, el camino estaba marcado y no era necesario pensar: con no apartarse del camino ya bastaba. Ahora que toca pasar a la acción, nacen los miedos inherentes a cualquier toma de decisiones y es bueno repasar ahora los principales, para poder acompañarles a superarlos.

-Temor a equivocarse “para toda la vida”. Nuestros jóvenes imaginan que esta elección marcará su futuro laboral por siempre más, que nunca más podrán cambiar. El sistema educativo está diseñado de manera que los jóvenes cuenten con múltiples posibilidades de reorientación, incluso que puedan variar su itinerario sobre la marcha. Además, todos conocemos personas que con los años se han reinventado profesionalmente, cambiando de ámbito laboral una o varias veces.

– Temor a que no les guste lo que decidan estudiar. Y es que nuestros hijos han podido elegir prácticamente todo en todos los ámbitos de su vida: actividades extraescolares, avatares en las redes sociales, estilo de sus pantalones… y no entienden que habrá aspectos de sus estudios futuros que no serán 100% de su agrado. La solución pasa por estar conectados a un sueño; por tener claro que sus estudios les ayudarán a llegar a un lugar en el que serán felices y con esa perspectiva en mente, les será más fácil sobrellevar los aspectos que no les agraden tanto. Es básico que los estudiantes encuentren un propósito en sus estudios que les llene.

– Temor a tomar decisiones. Y es que hacerse mayor no es algo que a un joven le suela apetecer. Al decidir estudios están entrando en un mundo de responsabilidades, de posibles equivocaciones, de una adultez que no se les antoja especialmente atractiva. Pero no hay alternativa, ya que no podrán quedarse en la infancia o la adolescencia toda su vida.

– Temor a que los padres no acepten su decisión. El ejemplo habitual es el del joven que quiere ser youtuber o actor, y los padres le responden que “eso no es un trabajo serio”. Nuestro marco mental adulto debe abrirse a los nuevos tiempos y aceptar que hoy tenemos decenas de profesiones que no existían hace diez años (agricultor hidropónico, piloto de drones, experto en blockchain…) o profesiones que han recobrado brío (filosofía o filología, muy en boga con la evolución de la Inteligencia Artificial). Solo si aceptamos el sueño de nuestros hijos evitaremos oír que “si no puedo hacer lo que me gusta, ¡para qué voy a estudiar!”. Eso sí, animémosles a ser los mejores profesionales que puedan ser: si (por ejemplo) sueñan con ser youtubers, empujémosles a que se formen en Comunicación Audiovisual, en publicidad online, en oratoria, en escritura creativa, etc., todas ellas herramientas muy necesarias en la sociedad digital en que vivimos. Ahora, lo importante es que no abandonen los estudios; el día de mañana ya veremos cuál acaba siendo su profesión, ya que quizás hoy no podemos ni imaginarla.

Entender los posibles temores de nuestros hijos, sin subestimarlos, nos permitirá estar a su lado en estos momentos y ayudarlos a afrontar su elección de estudios en las mejores condiciones posibles.

Y ante nuestro posible temor de ser demasiado intrusivos (o demasiado poco), siempre podemos recurrir a la pregunta comodín: “Hijo/a, ¿qué necesitas de mí en este tema?”. Quizás veamos una cara de sorpresa la primera vez, pero rápidamente nuestros hijos irán descubriendo su responsabilidad en la forma de abordar el tema.

La elección de estudios post-obligatorios es un momento complicado para nuestros hijos, ya que combina una oferta de posibilidades casi infinita con una serie de temores propios de cualquier toma de decisiones importantes.

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Se requieren estudios post-obligatorios para poder optar a puestos de trabajo con ciertas garantías económicas y con un contenido más atractivo.

Animemos a nuestros hijos a informarse a fondo, abramos la mente a todo un nuevo mundo de posibilidades profesionales, y empaticemos con sus miedos para facilitarles el camino hacia la mejor decisión posible.

(1)   La tasa de paro en España en el último trimestre de 2019 llega al 43,9% entre los jóvenes de 16 a 19 años y el 27,7% en el grupo de 20 a 24 años. (Fuente: INE, Instituto Nacional de Estadística www.ine.es).

(2)   Hay una clara correlación entre el nivel de formación alcanzado y el salario medio; por ejemplo, una persona con Educación Superior gana +62,4% respecto a otra que solo dispone de la Educación Secundaria Obligatoria (Fuente: INE, 2018 www.ine.es).

Referencias:

Bouton, L., Ventura, C. (2019). Coaching a jóvenes y familias. Barcelona, España. Amat Editorial.



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