Papá y mamá,

Hoy nos han dado las notas del primer trimestre, y os adelanto que han ido mal. Muy mal.

Os escribo este mensaje porque tengo mucho que contaros sobre cómo me siento, y por escrito me es más fácil.

Cuando llegue a casa esta tarde entenderé que estéis de mal humor, ya que estudiar es mi única obligación y os he fallado. Lo siento de veras, porque para mí también es muy doloroso decepcionaros.

En estos momentos, con mis amigos, estamos bromeando a ver quién ha suspendido más asignaturas, como si no nos importara. Pero todo es imagen. Por dentro, me duelen el corazón y la autoestima; una mezcla de sensación de fracaso y de preocupación… pero no creo que os lo diga tal cual.

Buscaré mil excusas («el profesor… los nervios… no me concentro… la dificultad de los estudios…») solo para defender el poco orgullo que me queda frente a vosotros. Por favor, no insistáis en hacerme ver la gravedad de la situación: ya lo tengo claro.

Sé que tendréis la necesidad de sermonearme («se veía venir», «es que no te esfuerzas», «siempre con el móvil»…) para empujarme a mejorar, pero ahora lo que necesito es que me ayudéis a levantarme como cuando me caía al aprender a ir en bici: animándome y confiando en mí.

Mañana, ya más tranquilos, podéis recordarme que mis estudios son mi responsabilidad y no la vuestra. Y es que a veces, al oír frases como «hemos suspendido 5» o «tendremos que estudiar más», he llegado a creer que estudiaba para haceros felices, cuando tiene que ser mi propio beneficio.

Y renovad vuestra confianza en mí, puesto que si vosotros dudáis de mi futuro éxito, yo también dudaré y no daré lo mejor de mí mismo.

Preguntadme, por favor, qué necesito de vosotros: si más control o más autonomía, para poder ver cuál es la mejor manera de ayudarme. Y esto incluye el uso del móvil: castigarlo ahora sólo servirá para sentirme peor, lo cual no me ayudará a mejorar. Os propongo que pactemos juntos unas nuevas condiciones de uso. Yo os puedo ayudar a establecer estas normas. En serio, confiad en mí.

Por último, quiero pediros que no nos pase como en otras familias, en las cuales las malas notas llevan a que sólo se hable de estudios en casa. Durante las comidas, cenas, paseos, etc. Podemos ir comentando el tema, pero recordad que en mi vida adolescente también hay decenas de otros temas, realmente apasionantes porque los estoy viviendo por primera vez.

Gracias por recordar que sigo siendo la misma persona, a pesar de estos resultados.

Os quiero,

Vuestra hija

* * *

La alta importancia que los padres damos a los resultados académicos puede llevar a que nuestros hijos se sientan valorados sólo en esta área, dañándose la relación con ellos por el camino. Queremos que tengan el mejor futuro posible, por lo que a menudo insistimos hasta la saciedad con mensajes de responsabilidad y exigencia, sermones incluso, cuando ellos ya tienen claro qué se espera de ellos. La receta mágica suele contener confianza en ellos para delegarles la responsabilidad de sus estudios, así como estar siempre que lo necesiten a su lado acompañando y animando en  los momentos más complicados.