¿CUÁL ES EL FUTURO DE LA ESCUELA?

Desde hace años llevamos arrastrando una constante crisis educativa. La vieja aspiración, y el poco avance conseguido,  de que la escuela elimine  las desigualdades sociales mantiene un residuo de inconformismo que, en épocas como las actuales de convulsiones y crisis humanas, sociales, políticas y económicas, se agudiza sobremanera. Tanto que pareciera que ahora o nunca es el momento de tomar decisiones.

El drama de los refugiados, los fenómenos mundiales y locales de corrupción política y económica –cuyos efectos recaen siempre sobre el débil–, la crisis de valores, las dificultades laborales en un mundo cuyo modelo personal de sostenibilidad es el salarial, el cuestionamiento de la eficacia de las titulaciones universitarias, el desconocimiento de los trabajos que deberá desarrollar nuestro alumnado en el futuro, los criterios que tienen en cuenta para la selección de trabajadores en las oficinas de recursos humanos de empresas como Google… obligan a repensar:

¿Cuál es el papel, y el futuro, de una escuela que deba seguir haciendo posible el acceso universal a la educación para todos? ¿Cómo diseñar una escuela pública que encaje en un nuevo ecosistema social, que sea sostenible y adecuada para esta sociedad que está emergiendo?

MODELOS

En este replanteo irrumpe la disrupción como modelo educativo y con él la transformación de la escuela en otros modelos superadores de esquemas obsoletos e ineficaces que ya nos parecen inservibles.

Modelos que contribuyan realmente a educar ciudadanos del hoy y del mañana.

Modelos diseñados para proveer en los ciudadanos competencias (tan poco visibles y evaluables en el hoy y ahora) como la de aprender a aprender.

Modelos “empoderadores” de personas, que sean capaces de crear una sociedad más humana y equitativa, a base de crearse y recrearse a sí mismas

Todo ello nos provoca la sensación, un tanto pavorosa a los maestros con más de 30 años de docencia, que lo que la escuela necesita ya no es una reforma, sino una sustitución.

Y en este planteamiento, de nuevo, como en otros tiempos, la tecnología se postula como el modelo alternativo a la escuela.

La sociedad se  transforma

constantemente

Que la sociedad se transforma constantemente no es nuevo, pero quizás sí es cada vez más evidente. Las tecnologías de la comunicación abren nuevos espacios y formas de diálogo y, con ellos, aparecen nuevos escenarios de aprendizaje: Dialogar y aprender como continuum constructivo de conocimiento.

Aumentar la realidad mediante la unión de los mundos virtuales y físicos, más que “complejizar” este mundo, lo simplifica. Las tecnologías generalizan (democratizan, podríamos decir)  aprendizajes antes reservados a unos pocos. Es más, no sólo los democratizan, tambien los enriquecen y colaboran para hacer de ellos el más profundo, intenso y útil de los conocimientos.

Ya podemos cerrar con la conclusión de esta primera parte del post: una escuela que se mantenga enrocada en estructuras, recursos y modelos  del pasado está abocada a desaparecer.

DESESCOLARIZACIÓN

Aunque no son nuevas la teorías que llevan por bandera lo ineficaz, obsoleto, lento e inútil de los sistemas educativos, es cierto que la tecnología y el conocido como e-learning ha puesto en primera plana las ideas de McLuhan de las aulas sin muros. La desescolarización física parece lógica si damos por sentado lo que siempre ha sido fácilmente comprobable, sin necesidad de convertirse en una postverdad: que la mayor parte de las enseñanzas tienen lugar fuera de las escuelas. Hoy esta afirmación se magnifica si consideramos que la red forma parte de eso que está fuera de la escuela.

Viendo el canal Unicoos, de David Calle, y lo bien valorado que ha sido por los miembros del jurado del Global Teacher Prize 2017, reverdece la idea de que las tecnologías pueden convertir a toda la sociedad y a todos los espacios en un aula inmensa sin muros que hace innecesaria la institución escolar y, puede parecer por el devenir de los acontecimientos, que ésta tienen los días contados.

La convivialidad de I. Illich (como pedagogía de la libertad y la palabra, que permite hablar, reunirse y aprender sin condicionamiento de lugar, hora y contenido, es decir, lo que llamó la escuela libre y autogestionda) se asemeja a las características de las plataformas Moodle, soportes MOOC, cursos on line, con sus chat-tertulias, los hashtag de Twitter, que nos invitan a aprender juntos, o las charlas informales de Hangout y Youtube, que no sólo realizan los que las desarrollan en directo, sino que pueden estar coreadas, en directo y en diferido, por el gran foro virtual que suponen las redes sociales…  Un verdadero –y casi infinito– banco de conocimiento donde todo el mundo parece poder tener acceso a todas las fuentes  educativas. ¿Serían posibles algunos de estos modelos como sustitutos de la enseñanza obligatoria, primaria o secundaria? 

VOLVAMOS A LAS AULAS

Pero hoy, con este post, quiero poner en valor la acción de los buenos docentes. Su labor en las aulas es insustituible desde el primer momento en que dejan el rol de transmisor de conocimientos y se quedan en el papel –secundario, sí– de facilitador de los mismos.

Igualmente quiero poner en valor el papel de los espacios físicos para aprender. Y no por romanticismo. Simplemente, porque no conozco aprendizajes virtuales que puedan sustituir el cara a cara. Y porque hay acciones educativas en la red que carecen de muchos de los fundamentos pedagógicos que en la escuela ponemos en primer lugar de las prioridades del desarrollo para un aprendizaje de calidad. 

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Razones para volver a las aulas

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Los centros educativos son comunidad, barrio y cercanía. Son intereses comunes. Aulas y contexto que pueden retroalimentar en interacción física y/o virtual. Aprovechemos el contacto para crear interdependencia en los aprendizajes y en la construcción colectiva de la sociedad en la que pueden influir nuestro alumnado.

2

Las aulas son espacios de encuentro. Demos oportunidades al diálogo, a la comunicación, al desarrollo del respeto directo (para poder pasar al indirecto), a la interacción física que educa y modera (para pasar después a la virtual,  a un modelo de desarrollo social democrático y sostenible en convivencia directa (para poder hacerlo también en la red).

3

El sistema educativo es, por su carácter universal, y la educación, por definición, un derecho común y de acceso generalizado para todos los ciudadanos. Utilicemos el aula para dar la oportunidad de reescribir vidas auténticas y en positivo de las personas que asisten a ellas, que quizás en otros espacios no la tengan. Es preciso ser conscientes que los servicios de la red cada vez son de acceso menos universal.

4

Los centros educativos permiten el trabajo en equipo tanto de alumnos como profesorado que la realidad virtual enriquece. Las aulas son el espacio de crecimiento docente y personal si las consideramos como espacio de reunión, organización y reparto de roles vitales. En el aula se pueden practicar ensayos “controlados” de “recursos personales” de alto valor para la vida de las personas que los desarrollen, que difícilmente se desarrollarían en las plataformas virtuales.

5

El profesorado tenemos la experiencia y la formación necesaria para afrontar mejoras personales e introducir cambios significativos en nuestra labor. Las aulas son nuestro campo natural de acción y la investigación. Es la hora de permitirnos a nosotros  mismos hacer lo que sabemos y queremos hacer…y auto-regalarnos confianza, ilusión, innovación …

6

La inmensa mayoría de los docentes somos profesionales comprometidos con la mejora de los aprendizajes de nuestro alumnado. Los centros, como comunidades de desarrollo profesional y como organizaciones que aprenden, son una oportunidad magnífica de  caminar hacia la inteligencia docente colectiva.

7

Los colegios e institutos, como centros de aprendizaje, superan el reduccionismo que supone sólo ser un centro de estudio. Las aulas así, se convierten en el escenario de un fabuloso viaje que nadie quiere perderse.

8

Las aulas como “mesas de mezclas” de la educación formal, no formal y de la educación informal, contiene un alto valor de encuentro y mestizaje de aprendizajes que difícilmente se generan de otro modo.

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El centro educativo como laboratorio de la realidad cotidiana y como impulsor de soluciones colectivas a problemas comunitarios reales y que interfieren e importan en nuestra vida.

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Las aulas como lugares abiertos a la comunidad para que aprenda y para aprender de ella, donde el diálogo se constituye como elemento base del aprendizaje conceptual, procesual, actitudinal, democrático, igualitario, transcultural… de deseos, aspiraciones, anhelos y valores.

EPÍLOGO

Compartiré para termianar dos aprendizajes: Con Jose María Toro, he aprendido que los niños necesitan las miradas que mantengan el diálogo 1.0;  realidades que sean presencia, significado y vivencia; y contacto visual que implique encuentro con la esencia del ser. 

«Co-razón es reivindicar para la educación un corazón que no está reñido con la razón sino que la contiene y trasciende»

Con Enrique Ludeña aprendo casi todos los días, no en vano es uno de mis autores de referencia educativa. Recomiendo Otras Políticas.

«En este momento histórico, en esta sociedad, no es posible prescindir de la escuela. Mejor dicho, no hay muchos que puedan prescindir de ella. Pero es evidente que la escuela tiene que cambiar. La propuesta es que los cambios vayan orientados hacia un sistema en el que cada persona pueda encontrar el tutor que necesita; es decir, que vayan orientados a conseguir que la educación sea mucho más personalizada».

  • Imaginemos que en una escuela, además de aulas, hubiera otro tipo de espacios: talleres, patios, porches cubiertos, rincones y otros lugares donde encontrarse. Imaginemos también que, en algún momento del día, la circulación por estos espacios fuera libre; es decir, que cada cual pudiera decidir dónde quería ir según lo que se estuviera haciendo en cada uno de estos lugares: construir, leer, hablar en inglés, ensayar una obra de teatro, escribir cuentos, resolver acertijos matemáticos o cualquier otra actividad que se hubiera considerado necesaria dentro de un diseño educativo.

    Para prevenir el posible desbarajuste no harían falta muchas reglas: todo el mundo tiene que elegir una actividad y permanecer en ella hasta que termine, no se puede abandonar un proyecto sin una buena justificación, y otras por el estilo.

    Cada uno de estos lugares y actividades estaría atendido por uno o más tutores, que no solo serían profesores, sino también alumnos (los más mayores, los que ya podían enseñar lo que ellos habían aprendido) y otras personas (padres, abuelos, vecinos, amigos, tíos) que estuvieran dispuestas a colaborar y asumieran este compromiso.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/sobre-tiempos-y-espacios/

    • Jose Blas

      No sólo lo podemos imaginar…lo podemos ver.. Ya es la posibilidad que muchos docentes están (estamos) eligiendo y haciendo realidad. Que los alumnos aprendan en otros espacios donde, que las aulas tengan las puertas abiertas, que los alumnos salgan y entren a demanada de la actividad, de la tarea del proyecto..que conduzcan el aprendizaje…Gracias Enrique por colaborar en hacer teoría de la práctica y gracias, por ver aplicar a la práctica lo que investigamos, consolidamos y sistematizamos en la teoría.

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