Hoy prosigo esta serie Una tarde con, sumergiéndome en uno de los pensadores más interesantes de la filosofía contemporánea: Javier Gomá1. Siendo coherente con sus ideas2, creemos pertinente saber su formación y su trabajo: licenciado en Filología Clásica, Derecho3 y doctorado en Filosofía, es miembro por oposición (número uno en su promoción) del Consejo del Estado, y dirige brillantemente la Fundación March desde el año 2003, una referencia por su oferta cultural en el panorama español.

Su obra comienza con: Imitación y experiencia. Pre-textos, 2003, que fue la presentación en público de su propuesta filosófica, y con la que obtiene el Premio Nacional de Ensayo en el 2004. Le seguirán tres obras que cierran su tetralogía de la ejemplaridad: Aquiles en el gineceo. Pre-textos, 2007, Ejemplaridad pública. Taurus, 2009, y Necesario pero imposible. Taurus, 2013, recientemente publicadas en conjunto por Taurus. Además ha reunido sus microensayos periodísticos, que pueden encontrar en estas dos colecciones: Todo a mil: 33 microensayos de filosofía mundana. Galaxia Gutenberg, 2012, Razón: portería. Galaxia Gutenberg, 2014, una introducción sugerente a su obra donde puede empezar un lector curioso. Otras obras suyas son: Ingenuidad aprendida. Galaxia Gutenberg, 2011, Materiales para una estética. Cátedra Jorge Oteiza, 2013, y ha coordinado el volumen colectivo colectivo VV.AA., Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música, Galaxia Gutenberg, dir., 2012. Y es coautor, con Carlos García Gual y Fernando Savater del libro: Muchas felicidades. Ariel, 2014. Por último, ha reunido sus escritos sobre fundaciones en: Carta a las fundaciones españolas y otros ensayos del mismo estilo, Pre-Textos, 2014.

Leyendo su obra nos damos cuenta de esa formación interdisciplinar (Filología Clásica, Derecho y Filosofía), con una característica que ha hecho que tantos lectores le sigan: una prosa que nos hace entrar en su hogar inmediatamente, sin perder rigor y profundidad. Su novedad conceptual, más ese carácter de filosofía mundana que hoy (más que nunca) devuelve el pensamiento al lector común -alguien que somos todos-, junto a otros factores de nuestra situación sociopolítica que él ha enunciado con lucidez4, han hecho que sea una de las propuestas más seductoras de la filosofía contemporánea, y no sólo en español.

Empiezo esta miniatura hermeneútica5, que dividiré en cuatro apartados, más una conclusión. En el primero (el más difícil técnicamente de leer, por la naturaleza misma del tema: he intentado que todo lector pueda seguir la explicación) abordo su filosofía como un proyecto ontológico original, algo que ha pasado desapercibido comúnmente frente a la recepción sociopolítica de su obra; en el segundo, explicaré algunas de las líneas principales de su filosofía práctica; en el tercero, resumo algunas claves que, en la interpretación que propongo, pueden alumbrar a comprender su aventura filosófica; en el cuarto, expongo tres problemas que se desprenden de su propuesta desde la interpretación que desarrollo; termina este trabajo con una conclusión de mis impresiones como lector de este pensador crucial de nuestro presente filosófico. Todo con un objetivo: no hay mejor homenaje a un autor que su lectura directa. Queda dicho.

1. EJEMPLARIDAD DEL SER COMO PROYECTO ONTOLÓGICO

2. UNA NUEVA PAIDEÍA, Y LA POSIBILIDAD DE UNA EJEMPLARIDAD IGUALITARIA

3. TRES CLAVES INTERPRETATIVAS

4. TRES PROBLEMAS

CONCLUSIÓN

1. EJEMPLARIDAD DEL SER COMO PROYECTO ONTOLÓGICO.– Debemos comenzar enunciando la idea central de su ontología: ejemplaridad como ser del ente. Javier Gomá es un pensador que propone una nueva ontología, y esto debe ser asumido para ver la sistematicidad de toda su aventura conceptual6. Y es en esa reflexión de lo que significa ser, donde podremos comprobar las consecuencias de todo su pensamiento, a partir de esa intuición originaria fundamental: “Todo ente es un ejemplo. El ente tiene ser en la medida en que un ejemplo es siempre ejemplo de algo y remite a una trascendencia, llámese concepto, Idea, regla universal, ley o, aquí, en la mayoría de los casos, ejemplaridad”, “La regla universal residente en el ejemplo es su ejemplaridad, la cual confiere realidad al ente y lo hace inteligible: en este sentido, puede decirse que la ejemplaridad es el ser del ente” pág 39, 40, Necesario pero imposible, Taurus, 2014. 

El lector puede preguntarse: ¿qué significa esto verdaderamente? Aquello que nos está iluminando es la naturaleza y estructura ejemplar del ser, de la realidad, una naturaleza que se da, en su modo más alto, antropológicamente, a través del ejemplo personal7, ese universal concreto. Dicho de otro modo: el ejemplo personal tiene una evidencia inmediata e indudable que, no necesita una mediación abstracta para poder ser comprendida, porque a través de él conocemos el ser, “ejemplaridad como ser del ente”, que le confiere universalidad e inteligibilidad finalmente. El acceso a la verdad es práctico, no teórico La pregunta ya no es qué es el ser, sino quién es el ser. Me adelanto a esta posible pregunta: ¿qué implica ese universal concreto? Es universal porque cada ejemplo personal en nuestra realidad, lleva una ley/norma/ejemplaridad universal que lo hace inteligible inmediatamente, ejemplaridad como ser de ese ejemplo personal: si quisiéramos saber qué es la justicia, nunca iríamos a un libro de texto. Sería a través de un hombre justo, ese ejemplo personal, donde podríamos identificar inmediatamente qué es la justicia, porque hay una ejemplaridad a la que se dirige su acción, y accedemos a esa verdad de forma práctica, no necesitando de ninguna teoría o universal abstracto para que se produzca; es concreto porque es un sujeto en su acción, un ser humano en su realidad inmediata ante nosotros, y no un conjunto de conceptos y/o teorías que, en su despliegue abstracto, nos sirvan de referencia. De ahí que la mejor forma de mostrar qué es la justicia, sería que dirigiéramos nuestra mirada hacia ese hombre justo en su realidad. La pregunta se ha transformado de un qué a un quién. O sea, no es el conocimiento el camino privilegiado a la verdad, este se da prácticamente, a través de la presencia del ejemplo personal, que como universal concreto, nos abre en su darse, en su llevar implícito esa universalidad ontológica que lo hace inteligible: ejemplaridad como ser del ente, ese ejemplo personal que es el modo más alto de un universal concreto.

Aquí radica una de las principales críticas de J. Gomá a la tradición filosófica occidental: el definir el ser de la metafísica desde un universal abstracto8.  Para comprender cómo se inicia esta historia, J. Gomá en su primera obra, desarrollará una historia de la idea de imitación, que tiene como estructura común el modelo-copia, en las tres modalidades que nacen en el mundo griego: como imitación de la Naturaleza, en el plano estético-preceptivo; como imitación de las Ideas/Formas en la filosofía platónica en el plano metafísico; como imitación de los clásicos Antiguos en el plano retórico-literario. Aquí se puede visualizar la complejidad y fecundidad de la idea de imitación, como podemos leer a continuación:

La imitación metafísica de las Formas eleva la realidad hasta el orden ideal, de acuerdo con la razón y con los principios superiores; la imitación estética de la Naturaleza exalta la conformidad de la Naturaleza exalta la conformidad de la representación con las leyes de la Naturaleza, la verdad objetiva y autónoma (o al menos verosimilitud) de la representación artística por su correspondencia con el mundo observable humano o, en términos filosóficos, la adecuación de las representaciones mentales con la realidad; por último, la imitación retórica reconoce la autoridad del pasado, supone que los Antiguos dieron con una expresión de lo humano dotada en sus más variadas manifestaciones de una perfección ejemplar y acabada, demostrada por su vigencia indiscutida a lo largo de los siglos (sólo perdura lo que es permanente).” pág, 226, Imitación y experiencia, Taurus, 2014 

Pero esta primacía de la imitación, desaparece inmediatamente con la modernidad, con un nuevo fundamento de formulación cartesiana clásica, esa subjetividad que se autolegisla y que sustituye la anterior primacía ontológica:

Esa nueva estructura sustitutiva es la idea de sujeto moderno, fondo intelectual que ilumina las otras categorías y conceptos que la Modernidad acuña: experiencia, autoconciencia, progreso, autonomía, emancipación, etcétera. En efecto, ese sujeto se yergue en el centro de la realidad, a la que impone su ley, y no tolera la heteronomía de ningún modelo imitable.” (ibídem, 231)

Esa historia desemboca en el s. XX con el surgimiento de una cuarta modalidad de imitación: la teoría de la imitación moral de prototipos. Este nuevo modo de imitación nace con unas nuevas características:

El esquema modelo-copia experimenta profundas modulaciones como consecuencia de la variación de sus elementos: el modelo es ahora una persona libre y creadora, no un canon intemporal y prefijado; la copia es igualmente un sujeto libre y creador, no una réplica inerte. No basta ya con copiar o reproducir lo más exactamente posible el modelo porque ahora cada uno de los elementos conserva su autonomía y su individualidad, y lo que se ofrece a la imitación es la conducta y el ser del prototipo.” (ibídem, 282)                                                  

Las ciencias del s. XX investigarán este fenómeno desde diferentes perspectivas, pero existen dos limitaciones que producen el que ese interés, no se traduzca en una verdadera reflexión sobre su naturaleza: el primero es el monopolio de ese paradigma lógico-lingüístico que sigue vigente; el segundo es la tendencia a aislar a los dos sujetos de la imitación, y fijarse principalmente en el sujeto que imita. Esta sintetizada historia de la imitación, le sirve como contexto a J. Gomá para desarrollar novedosamente su propuesta ontológica a través de la filosofía de la ejemplaridad. Es hora de sintetizar cuatro líneas reflexivas a explorar de su concepción, y que son posibilidades abiertas a través de su pensamiento filosófico:

1- Su ontología como ejemplaridad del ser9, es una crítica a toda la tradición metafísica occidental que se ha basado siempre en el universal abstracto, reivindicando el universal concreto, desvelándonos la realidad como estructura ejemplar. Vayamos a las palabras del autor:

Ejemplos impersonales y personales componen el entero mundo de la experiencia, el cual ostenta una estructura ejemplar. La inteligibilidad del ente -lo que normalmente se dice ser- ha sido pensada como concepto y como palabra; se trataría ahora de pensarla como ejemplo”. pág 49-50, Necesario pero imposible, Taurus, 2014.

La presencia de Platón es continua en la filosofía de la ejemplaridad: en su primera obra, Imitación y experiencia, se profundiza en la metafísica platónica de las Ideas en un capítulo magistral. Es Platón quien  instaura este esquema copia-modelo, que estructura la idea de imitación en el ámbito metafísico, una relación que condicionará la filosofía occidental: el mundo sensible como copia, y como imitación del mundo de las Ideas. Una clave filosófica que hay que comprender históricamente: ahí empieza esa esa geografía abstracta que caracterizará la metafísica occidental -esa deriva equivocada desde los presupuestos de la filosofía de la ejemplaridad-10, la Idea como universal abstracto, del cual aquello que existe como ente en este mundo sensible, es una copia e imitación. Se produce la separación entre ejemplos concretos, y ejemplos abstractos, y serán estos últimos como ideas/conceptos los que se tipologizarán como norma de esa metafísica abstracta. Los ejemplos concretos se desplazarán a la ética y a la filosofía práctica, pero no tendrán un estatus ontológico equiparable al universal abstracto. Su filosofía de la ejemplaridad realiza esa superación del giro lingüístico en el s. XXI, éste seguía aún dentro de esa tradición abstracta. Y lo hace al ir más allá de ese lenguaje natural, histórico y contextual que nos precede, que ha dominado la reflexión filosófica en el s. XX desde diferentes corrientes, todas deudoras directa o indirectamente de Heidegger y Wittgenstein. Ese ir más allá es comprender que el universal concreto, entendido en su modo más importante como ejemplo personal, como nuevo ámbito reflexivo del ser. Y lo es, porque cada ejemplo personal es la evidencia práctica de una trascendencia que muestra en su propia realidad: ejemplaridad del ser del ente. Aquí nos encontramos con tres consecuencias que merecen profundizarse (cada una de ellas necesita una atención que supera este formato, por lo que sólo las mencionaré): si el ejemplo personal es el universal concreto que tiene primacía ontológica, la pregunta clásica de la ontología occidental, ¿qué es el ser?, se transforma en, ¿quién es el ser? Dicho directamente: hay una antropologización de la ontología; la siguiente es que la vida humana se transforma en ese conjunto de ejemplos que sólo se desvela con la muerte, el conocimiento verdadero es un conocimiento póstumo; finalmente, esa nostalgia que atraviesa esta ontología de la ejemplaridad, que J. Gomá quiere completarla con la hipótesis de la esperanza en su última obra, Necesario pero imposible, una reivindicación de la posibilidad de una prorrogación de nuestra individualidad después de la muerte -justificando filosóficamente su fe cristiana-, a través del análisis de esa superejemplaridad excepcional que es el Galileo (Jesús de Nazaret).

2- Ejemplaridad del ser como ontología política. Nos lleva necesariamente a través de esa finitud metafísica y esa igualdad que se ha imbricado en nuestra época, a una transición que tiene muchas consecuencias: toda ontología es una ontología política. No hay ejemplos personales privados, al igual que para Wittgenstein era imposible la existencia de los lenguajes privados. Todo ejemplo personal es público: esto significa que siempre lo es para alguien. Aquí hay una imbricación necesaria entre ontología y sociabilidad, que desemboca en la polis. ¿Cómo? Todos estamos en una red de influencias mutuas donde nos relacionamos y vinculamos constantemente. Es imposible poder escapar de esta estructura ejemplar del mundo: con la socialización efectiva del ser humano (el oficio/la casa; trabajo/amor), es en la polis donde nuestra finitud, a través de esa dignidad que nos iguala en nuestra época democrática, encuentra su desarrollo. Finitud e igualdad que singularizan nuestro proyecto civilizatorio. Toda ontología es, necesariamente, una ontología política.

3- Ejemplaridad del ser implica una ontología existencial11. Cada ejemplo personal en su vida y sus acciones, lleva esa flecha de universalización que llamamos ejemplaridad como ser de ese ente. Y algo más que justifica esa expresión: cada ejemplo personal es una tensión existencial porque otorga a cada sujeto esa responsabilidad intransferible en esa red de influencias mutuas en la que todos, siempre, estamos inmersos. Hay una intensificación existencial en cada hombre como ejemplo personal: él es la pregunta y la respuesta ontológica, porque en él se trasciende esa ejemplaridad que, a su vez, lo hace inteligible como ente en esta realidad. Aquí hay líneas de reflexión en su pensamiento que merecen explorarse: ¿cómo y en qué modalidades esa tensión existencial del ejemplo personal nos vincula? ¿No es cada ejemplo personal en su evidencia ejemplar un desafío ambivalente que debemos resolver hombre ante él? Dicho de otro modo: la filosofía de la ejemplaridad se nos muestra, asimismo, como una ejemplaridad existencial, en toda su complejidad ambivalente

4- Ejemplaridad del ser supone una ontología relacional, una red de influencias mutuas que es constitutiva de nuestra realidad. Esa estructura relacional y sociopolítica que conecta con nuestra época informacional y comunicativa (aspecto que mencionaré después y que creo que es una posible línea a desarrollar en su pensamiento). Una nota final de su originalidad metafísica12: en su filosofía se da la comprensión profunda de la imposibilidad de desarrollar una metafísica de la sustancia, o algún derivado suyo, algo que atraviesa la mejor filosofía contemporánea. Esa inmanencia ontológica de la estructura ejemplar del mundo, es una intuición que conecta con esa corriente postmetafísica de la filosofía del s. XXI. La superación de la modernidad aprovecha su propia crítica interna como filosofía de la sospecha, pero nuestra historicidad ya está agotada para esa mirada desveladora, una prueba es la postmodernidad como conciencia de este final. Es consciente, sin embargo, de la necesidad de partir de ese sujeto, herencia intransferible que nos iguala en esa dignidad ontológica y moral: somos los habitantes de un mundo finito e igualitario en este experimento civilizatorio que es la democracia actual, y nos hacemos hombres en esa polis a través de esa experiencia de la vida.

2. NUEVA PAIDEIA: LA POSIBILIDAD DE UNA EJEMPLARIDAD IGUALITARIA.- Una de las características más interesantes de su proyecto filosófico, es la fuerza de irradiación que tiene el ideal de la ejemplaridad en el plano práctico (ética, política, sociología, esté..). Su propuesta filosófica se destaca en el panorama actual por ser una propuesta prescriptiva. Veamos ese recorrido que atraviesa su pensamiento. Ese individuo que somos todos, tiene esa experiencia de la vida común a todo mortal: toda mortalidad es política porque se da y se reconoce en la polis. Su segunda obra, Aquiles en el gineceo13, desarrolla esa transición necesaria, y lo hace a través del héroe Aquiles, pero narrando una elección previa que condicionará su vida y destino, que Homero inmortalizará en La Ilíada: la guerra de Troya, el acontecimiento fundacional de la conciencia griega. Aquiles debe elegir entre seguir en el gineceo de Esciros, donde lo ha escondido su madre, la diosa Tetis, o partir a Troya donde morirá si participa en esa guerra cumpliendo su destino. Es el dilema entre el gineceo de un estadio estético, fase adolescente; o la mortalidad del estadio ético, fase madura, ingresando en la polis. Y sí, todos debemos atravesar esa elección dura y universal de la socialización. J. Gomá utiliza en sus obras dos expresiones intencionadamente neutras, metafóricas, para acoger todas las modalidades de nuestra complejidad social: la del trabajo (elegir un oficio), y la del corazón (fundar una casa). Como lo escribe Rocío Orsi14 en un acertado comentario de este segundo ensayo: “Muestra Gomá que la entrada en la vida moral se realiza a través del amor, que es apertura al otro concreto y próximo en toda su individualidad (y precisamente por ella), y a través del trabajo, que es una apertura a lo general, a los otros que componen la polis. El sujeto moral se encuentra entonces en tenso vaivén entre lo general y lo particular. Asumir deberes morales o civiles significa dejar atrás el momento estético: significa asumir la repetición y la normalidad, renunciar al fervor y la excepcionalidad, a la novedad, aceptar el punto de vista general y la especialización laboral y sentimental que posibilitan la particularización de la vida privada en el marco general de la polis. pág, 269. La mortalidad, morada del ser humano. Isegoría, número 37, 2007.

Hay un aprendizaje de los límites -no puedo escribir este concepto sin recordar al maestro Eugenio Trías-, pero esa aventura existencial de comprender nuestra finitud, nos devuelve esa universalidad compartida en y a través de la igualdad política de nuestra polis. En palabras de Rocío Orsi:

“Por eso, instalarse en la propia mortalidad y reconciliarse con ella significa reconciliarse con una negatividad que es nuestra condición de ser en el mundo y, también y sobre todo, nuestra condición de ser en la polis. Y así, elegir la propia mortalidad es decidirse a aprender a tomar lugar en nuestro mundo sin refugiarse en paraísos artificiales ni en gineceos remotos.” (íbidem, 270)

Resumiendo: la ontología da un paso necesario a la polis, y se convierte en ontología política. En su tercera obra, Ejemplaridad pública, nos encontramos con el problema de la polis actual del s. XXI. Nuestra época es consecuencia de esa autocrítica radical, el nihilismo, de los fundamentos culturales de la civilización occidental:

Contra la pulsión de trascender, el nihilismo ha demostrado ser un agente civilizador de primer orden. Pero, se insiste, hay que llevarlo más lejos: permitir que la nada libere todo su poder de ilustración y que las enteras posibilidades del nihilismo se agoten hasta su total cumplimiento; abrazar gozosamente la nada no sólo como repelente contra esa ansiedad de nuevos fundamentos sino también como prenda de un orden cívico de nueva planta, creado por el hombre sobre presupuestos meramente convencionales.” P. 66, Ejemplaridad pública, Taurus, 2014.

Esa finitud ontológica tiene consecuencias políticas como vemos. Pero, ¿qué se juega en nuestra actualidad? Así lo describe el autor: “El gran experimento que está llevando nuestra época, nunca intentado hasta ahora, recibe aquí el nombre de democracia, entendida como la empresa de erigir una civilización sobre fundamentos finitos.” (ídem) Uno de los grandes aciertos de su pensamiento filosófico es aunar una conciencia de nuestra época que valora su singularidad histórica, y a la vez proponer una crítica de la misma a través y mediante el ideal de la ejemplaridad igualitaria. Veamos un ejemplo: el fenómeno de la vulgaridad. Es el fenómeno de la vulgarización generalizada del gusto y las costumbres, en palabras del autor. Pero lo hace con una estación de partida que debemos aceptar, porque esa vulgaridad es hija de la libertad y la igualdad de la democracia actual. Y aquí se diferencia frente a otras actitudes frente a esta realidad social de nuestro tiempo: “La alta cultura, el puritanismo y la beatería desprecian la vulgaridad, mientras que este ensayo pide seriamente para ella un respeto.” (íbidem, 92)

Ya seríamos una época de libertad consumada, pero la liberación de nuestra espontaneidad no asegura el buen uso de esa libertad. Y recuerdo aquella lúcida afirmación de J. L. Aranguren: España recuperó la democracia pero sin formar ciudadanos demócratas. Sí, somos libres, pero no estaríamos emancipados moralmente. Vemos que no cae en ese prestigio intelectual, tan fácil, del pesimismo, ni proyecta un optimismo simplificador que limite su visión. En su obra Ejemplaridad pública, hay un diálogo crítico frente a las limitaciones del liberalismo, y del republicanismo. Es un realista con ideal, o si me permiten: alguien que abraza su tiempo, sabiendo que su tiempo necesita un horizonte, el ideal de la ejemplaridad igualitaria. ¿En qué consiste esta expresión? Toda la historia humana ha estado dominada por la ejemplaridad aristocrática, aquella en la cual una minoría, valiéndose de un principio jerárquico-autoritario, era la que tenía, representaba y poseía esa ejemplaridad, que la legitimaba para gobernar a esa masa/mayoría que debía obedecer. Frente a ello, J. Gomá asumiendo nuestra democracia actual, propone la posibilidad de moldear y formar una mayoría selecta -hay un diálogo explícito y secreto a la vez en su obra con Ortega y Gasset, aquí una crítica directa de su minoría selecta-, que se basa en esa ejemplaridad igualitaria. Un texto clarificador que puede dar luz a lo expuesto:

La vulgaridad reformada es la ejemplaridad, en su modalidad igualitaria, abierta a toda subjetividad existente, y finita, brotada del consenso sentimental de una comunidad libre y con buen gusto. Así entendida, la ejemplaridad está en condiciones de cumplir una función en la democracia moderna, entendida, una vez más, como el proyecto de una civilización igualitaria sobre bases finitas”. (ibídem, 313). Aunque hay dos problemas fundamentales:

el primero se refiere a la ausencia de una paideia democrática, a consecuencia de la estricta división de la vida entre una esfera pública y otra privada.” (ibídem, 314). “Segundo obstáculo: tras la crítica nihilista, las creencias y las costumbres colectivas han quedado devastadas en las sociedades avanzadas y con ellas los instrumentos más eficaces de socialización del yo, cuya misión civilizadora ha sido ocupada en la polis por el legalismo estatalista y burocrático.” (ídem).

J. Gomá comprende esa ejemplaridad igualitaria como una paideia con capacidad para crear un cuerpo de costumbres (mores) cívicas apropiadas para nuestro tiempo. Está aquí actuando una de las potencias de su aventura filosófica, una vez finalizado el pensamiento postmoderno, que implica esa propuesta prescriptiva para nuestro presente. Y sabiendo las diferencias, un hermenéuta escéptico como Odo Marquard, afirmaba: “Necesitamos costumbres -incluida la tradición filosófica- porque morimos demasiado pronto para emprender transformaciones totales o fundamentaciones absolutas.” En la prosa clara y sugerente de J. Gomá:

Pues bien, la misma virtus generalis de la ejemplaridad que interpela al yo para que, según se ha dicho, reforme la vulgaridad de su vida, contiene también una fuerza centrífuga y expansiva de movilización social: en la idea de ejemplaridad está alojada tanto la expresada apertura vertical del ejemplo a la regla universal como su transitividad horizontal (universalismo moral y social). Si sería impropio llamar ejemplar a quien no ha reformado el conjunto de los ámbitos de su vida, sin parcelarla en esferas, también lo sería pensar en una ejemplaridad que no encierre la pretensión de su aceptación general por la comunidad. La ejemplaridad es un ejemplo que acredita la realidad de una de las muchas posibilidades humanas, y que, al mismo tiempo, enuncia una necesidad moral -una ley, un imperativo- que en él se hace evidente, intuible, personal, pues asume una forma antropomórfica. El contacto entre lo necesario y lo posible en la ejemplaridad dota a ésta de una inmensa potencia de atracción, y su presencia despierta el movimiento de un tendencia espontánea, instintiva, hacia la reiteración del ejemplo. Salvo los que, por su acto de voluntad, se resistan a su influencia, la mayoría, cediendo a su espontaneidad tendencias, seguirá libremente el ejemplo, dando lugar, en un proceso de creciente generalización, al nacimiento de las buenas costumbres. Las costumbres son imitaciones colectivas de una ejemplaridad primaria, persuasiva, contagiosa, innovadora; en suma, carismática. Carisma es, en efecto, la palabra que designa la fuente de la influencia que la persona ejemplar ejerce en el círculo de su experiencia social.” (íbidem,, 320)

Hay una apelación a la responsabilidad intransferible de cada sujeto, una llamada a que cada “yo se halla arrojado a una red de influencias mutuas; todo yo es interpelado por el imperativo moral que nace de la responsabilidad de su ejemplo personal sobre los otros y que le ordena ser ejemplar. ” (íbidem, 327)

Ya vemos cómo será necesario un nuevo reencantamiento del mundo (en relación al famoso diagnóstico de Max Weber), y para J. Gomá sólo hay tres posibles fuentes que lo alimenten, y así respondía en la entrevista que le hice para el Magazine INED21:

El carisma es un halo que rodea a aquellas personas que exhiben una particular ejemplaridad, vidas atractivas y admiradas, capaces de innovar en el estado de las cosas, que se imponen sin necesidad de coacción por la persuasión de su ejemplo. Cuando ese modelo de conducta se generaliza socialmente se producen costumbres, las cuales, cuando se trata de buenas costumbres, constituyen el elemento más cohesionador que existe dentro de una sociedad, por encima incluso de las leyes. Por último, el arte, que tiene la virtud de dulcificar y aliviar, mediante la belleza y el placer estético, los gravámenes que son inherentes a una civilizada vida en común. Con el concurso de carisma, costumbre y arte, repensados en el contexto de una cultura democrática, igualitaria y secularizada, se puede inducir al corazón del ciudadano a elegir la civilización en lugar de la barbarie y así a poner las bases de una mayoría selecta.” Entrevista a Javier Gomá, Magazine INED21.

Y ahora ya podemos ese cambio que demanda nuestro contexto histórico: “la tarea moral pendiente no es la de ser-libres sino la de ser-libres-juntos, no tanto la vivencia (subjetiva) como la con-vivencia (intersubjetiva).” (ídem)

Su última obra, Necesario pero imposible, es un ensayo filosófico que nos sitúa ya no en el ámbito de la experiencia común, sino en el de la esperanza, o sea, el de una hipótesis que intenta actualizar a través de la reflexión sobre la superejemplaridad del Galileo, una posible vida después de la muerte, entendida como la continuación de nuestra individualidad corpórea. O sea, no a través de una inmortalidad del alma, se trataría de una mortalidad prorrogada de nuestra individualidad corpórea más allá de la experiencia del mundo. Lo hace depurando los aspectos mitológicos que no se corresponden con nuestra visión del mundo actual, a través de una interpretación de la figura del Galileo (Jesús de Nazaret), con la ayuda de una actualizada investigación histórica y teológica como guía. Esa esperanza se concreta en un plus de ser tras la muerte, pero que mantenga nuestra individualidad: la lección de la Ilustración que todos tenemos una dignidad irrenunciable, nos obliga a desestimar cualquier pretensión de eternidad de un alma. El hombre moderno no la desea, si el precio es perder su individualidad, que es la prueba de esa dignidad universal que todo ser humano comparte. Toda su argumentación presupone una creencia en un Dios cristiano (¿no es un Dios escondido un pleonasmo?), que se manifiesta a través de la figura del Galileo. Hay una llamada que debemos reconocer, un Dios transcendente e inmanente que debemos comprender a través de esa superejemplaridad que significa el Galileo. Hace tiempo en un artículo, Humanismo en una época-red, escribía sobre esta figura fascinante de la historia humana:

El humanismo es un viaje histórico de Atenas a Jerusalén, como nos diría George Steiner. Allí nos espera un sujeto fascinante: Jesús de Nazaret. El imprescindible Karl Jaspers, nos da una clave que enmarca la originalidad humana y ética de Jesús de Nazaret: El amor absolutamente desinteresado, el amor depurado de todo lo mundano es realidad del Reino de Dios. Tal amor es ilimitado e incondicional. Ahí está una superación del judaísmo formativo de Jesús de Nazaret, sin negar el fundamento legal de su tiempo, lo supera desde dentro: ese amor que inunda nuestra interioridad, nos transforma. La paradoja de la conducta de Jesús de Nazaret: resulta chocante y, en el límite, escandalosa para su época. Siempre lo he sentido de esa forma: el amor cristiano es uno de las grandes impulsos del alma occidental. Quien ama, está más allá de las leyes. No hay ser humano que nos sea ajeno, quien no piense y sienta esta afirmación, no puede comprender la revolución moral que introduce Jesús de Nazaret. El amor no se negocia en una moral de recompensa: el amor se da, se ofrece. Ese amor destruye la ley del talión: amar es decir no a la venganza. Ese es el Jesús de Nazaret que me apasiona. Ojalá las estructuras posteriores hubieran comprendido este mensaje, no fue así.”

Este intento de J. Gomá contiene dos características: es una perspectiva filosófica, que intenta hacer plausible esa hipótesis que descansa, implícitamente, en una creencia en la religión cristiana; lo hace a través de una interpretación -para mí, apasionante, más allá de mi ateísmo-, que nos ofrece un Galileo como una superejemplaridad de lo humano, y como prueba de esa hipótesis. Leamos al autor aclarando qué significa esa superejemplaridad15, y esta última obra en el contexto de su desarrollo filosófico:

“La superejemplaridad se puede designar dos cosas: lo extraordinario y lo excepcional. Una ejemplaridad extraordinaria es la propia de quien es considerado por los suyos el mejor de todos, el más perfecto ejemplar de la especie, la personalización del ideal humano: Aquiles para los griegos, Jesús para los judíos. Pero los judíos percibieron en el profeta de Galilea algo mayor: una anómala desproporción de ejemplaridad, un insensato y antinatural derroche de ella, un extremo de virtud hasta las últimas consecuencias que iba allende de una ejemplaridad extraordinaria. Vieron en ese individuo una posibilidad existencial tan radical que presentían en él un novum sobre lo humano, un plus que introducía una ruptura en la historia y que enseguida identificaron con lo divino (Hijo de Dios). En suma, no sólo el mejor de su género sino también un género de caso único. Porque ellos conectaron esa ejemplaridad excepcional con un hecho igualmente excepcional: la vivencia colectiva de que ese hombre, tras morir en un escenario público, seguía viviendo de forma personal, individual, incluso corporal (la llamada resurrección). Ninguna otra religión ha pretendido algo tan inverosímil en época histórica. Eso hace de la superejemplaridad del galileo algo rigurosamente singular y único en perspectiva comparada. Aquiles en el gineceo estudió cómo ser individual en este mundo; Necesario pero imposible, por su parte, se pregunta cómo pensar la prolongación de la historia de ese mismo ser individual a continuación del mundo; en otras palabras, se propone recuperar, sobre bases nuevas, el antiguo tratado de la inmortalidad del alma, olvidado por la filosofía después de Kant. Y entonces no podía ignorar ese precedente sino que debía estudiarlo con la mayor objetividad posible volviendo a él con la misma naturalidad con la que la filosofía vuelve una vez y otra a la figura de Sócrates.” Entrevista a J. Gomá, Magazine INED21. 

Un apunte final: ateísmo no implica ni la falta de interés, ni la falta de un diálogo crítico con las religiones, y con el fenómeno religioso. Se puede diferenciar, en mi opinión, dos modalidades de ateísmo: un ateísmo dogmático que niega cualquier posibilidad de interés o diálogo con las diferentes religiones y con el fenómeno religioso; un ateísmo abierto, que se abre a esta dimensión humana desde su elección existencial, pero con esa pretensión de poder dialogar críticamente con las religiones, y analizar específicamente el fenómeno religioso, apasionante siempre.

3. CLAVES INTERPRETATIVAS.- Leer es mostrar lo que encontramos: hallazgos, encuentros, ausencias, o cuestiones abiertas que, al ser una obra en marcha, puedan ir determinándose en el futuro. Hay en la interpretación una impureza que, muchas veces en la filosofía académica, queda escondida por las estrategias expositivas que la definen. Verdaderamente, toda lectura es un carta silenciosa que nos enviamos a través de un texto que debemos interiorizar: ¿qué es leer si no un ejercicio espiritual donde moldeamos nuestra vida, lo sepamos o no? Lo sintetizaré en tres claves, e iré entrelazándolas para que el lector pueda seguir ese hilo conductor:

Una novedad de su proyecto filosófico, es la síntesis de ejemplaridad como ser del ente (idealismo), y la posición central del ejemplo personal como universal concreto, una característica que nos sitúa irremediablemente en un contexto existencial. Conociéndose su obra como filosofía de la ejemplaridad, necesita completarse en la lectura que hago, de ahí que me arriesgue a esta expresión: una ejemplaridad existencial. Sólo comprendiendo esta dimensión, podemos evaluar sus consecuencias: metafísica, teoría del conocimiento, ética, política, religión, o estética. Lo que hace original su proyecto filosófico, es la intuición ontológica que le hace reinterpretar toda la filosofía occidental críticamente, pero absorbiéndola desde sus propias coordenadas. Pero sólo puede ser intuido a nivel práctico, existencial, en esa red de influencias mutuas y mediaciones que constituye la realidad como estructura ejemplar. Hay una tensión y síntesis ontológica entre una naturaleza idealista y existencial que fecunda todo su pensamiento. Sólo entendiendo esa unión tensa, puede comprenderse esa denominación de ejemplaridad existencial. Y esa tensión, nos remite a una ansiedad creativa que el propio J. Gomá ha sincerado. Su intuición filosófica necesita de un desarrollo vital/existencial para su propia explicitación, y lo es por su propia naturaleza. J. Gomá confiesa cómo de adolescente tuvo una visión, esa intuición profunda filosófica, que luego tardó dos décadas en madurar hasta publicar con treinta y ocho años su primer libro, Imitación y experiencia, en el 2003. Esa visión, y su dimensión ontológica tienen relación y es una consecuencia de su interpretación. Directamente: la razón es que su filosofía de la ejemplaridad es asimismo una ontología existencial. Veamos el porqué: una ontología existencial implica un desarrollo vital como parte de su enunciación, nos enlaza con la idea de transformación que, sin duda, es necesaria en esa experiencia de la vida que todos compartimos. Mi explicación no es romántica, sino plenamente gradual como el proceso de maduración que tuvo el propio J. Gomá16, en ese ingreso en el estadio ético que es la socialización de todo ser humano, a través del trabajo y del amor (el oficio, y la casa; producción y reproducción en términos sociológicos), todo lo anterior es consecuente con el desarrollo de la experiencia de la vida, concepto que desarrolla y que en Ortega y Gasset es un esbozo. Pongo un ejemplo: J. Gomá explica nuestra socialización, valiéndose de la transición entre los estadios estético y ético: en el primero vivimos en un periodo de adolescencia, que es previo a nuestra incorporación plena en la madurez en la sociedad. ¿Cómo podría ser conceptualizado ese doble estadio de la vida, si no ha sido experimentado biográficamente?, ¿cómo podría ser verdad filosófica si esa verdad necesita ser recorrida existencialmente para poder ser enunciada? No quiero caer en un reduccionismo psicologista, porque esa génesis es necesaria en una ontología existencial, y no invalida su naturaleza universal. Esa doble puerta a la madurez del oficio y del corazón, que es la socialización efectiva de la individualidad, sólo pueden ser parte de una filosofía desde su propio recorrido. Contra posibles simplificaciones: esta ejemplaridad existencial no es un idealismo abstracto que le haga recaer en un neoplatonismo actualizado, ni es un existencialismo singularizado donde sólo se quiera comprender esa experiencia de la vida desde una perspectiva subjetivista y romántica, sin ofrecer un horizonte ideal. Algo que singulariza esa dimensión existencial de su filosofía, es que esa dimensión finita e igualitaria nos hace ser comunes mortales en esta experiencia de la vida: una crítica explícita al sujeto existencial, romántico, creativo, que se define por su diferencia y singularidad ante los demás. Dicho de otro modo: un existencialismo igualitario, que subraya esa mortalidad común y que nos universaliza como seres humanos, que sólo en la polis podemos reconocer. J. Gomá apunta a una ejemplaridad existencial intersubjetiva, arraigada en esa experiencia de la vida, que nos universaliza por aquellas condiciones existenciales, que todo ser humano ha de atravesar en el ámbito de la socialización efectiva que sólo puede darse en al polis. Es un canto a lo general de nuestra existencia, a su grandeza escondida ante tanta inflación romántica. Esa ansiedad que ha reconocido el autor hasta concretar su intuición filosófica, es una ansiedad necesaria: ¿cómo escribir y pensar aquello que siendo un universal concreto, no lo transformamos en vida propia? Hay filosofías que nos ofrecen un equipaje, y hay filosofías que nos proponen un viaje. Y en estas últimas, el filósofo ha de hacer de Odiseo para narrar su aventura vital, ese eros que buscará definirse conceptual.

Segunda clave: esa intuición es innegablemente actual porque se establece la verdad del ser en una mediación humana, ejemplaridad del ser del ente que se da en una ontología relacional, que envuelve siempre la condición humana, o sea, antropológica y sociopolítica. Y aquí hago una precisión frente a una posible interpretación buenista de su obra. El ejemplo personal (o en expresión de Eugenio Trías, su sombra: el contraejemplo) nos remite a un ámbito de decisión existencial ambivalente: puede ser imitado, y esto implica la transformación del sujeto que se vincula a ese universal concreto; o puede ser rechazado y, en el límite, negado, porque la fuerza de ese ser personal nos hace imposible admitir aquello que, ante él, nos desvela de nosotros. Dicho de otro modo: todo ejemplo personal es un desafío antropológico, ético, y político para cada sujeto. J. Gomá ha sabido comprender que, en una época finita e igualitaria, sólo una ontología relacional, de mediación humana, puede servir de iluminación para nuestra situación histórica. La consecuencia es que su ontología es una ontología política, el hombre sólo en la polis alcanza su madurez en el estadio ético, de ahí que haya conectado inmediatamente con el espíritu de nuestro tiempo. Es una originalidad que merece destacarse: la filosofía de la ejemplaridad ha traducido la ontología en una antropología que es, inevitablemente, sociopolítica, porque nos hallamos en una red de ejemplos interrelacionados siempre, una red de relaciones y vínculos, red de influencias mutuas, que todo hombre establece con su ejemplo y con aquello que razona como ejemplar en esa polis que es nuestro espacio social. Y en esa intuición de una ontología relacional, conecta con algo que desarrolla nuestro mundo red: una pluralidad de nuevos tipos de sociabilidad. Una conexión que creo merece abordarse en profundidad, como argumentaré después. No existe el hombre autónomo kantiano, pero sí somos racionales para elegir esa red de influencias mutuas, esa heteronomía donde pensamos, actuamos, y vivimos en este s. XXI. Hay un arte virtuoso de la socialización que nuestra época demanda.

Una tercera clave es la relación entre expresión y pensamiento en la filosofía de la ejemplaridad. Hay dos características que me gustaría analizar brevemente en esta clave, y que están interrelacionadas.

1. La filosofía es literatura conceptual. Esta elección de Javier Gomá la ha explicado en un artículo con el mismo nombre con varios argumentos que resumiré y que tienen importancia para la comprensión adecuada de su obra:

Las ciencias de la naturaleza tienden a la especialización y describen los procesos repetitivos de una región específica del mundo, mientras que la filosofía está llamada a hacerse cargo del todo del mundo y se pregunta por el ser de éste (aquello que lo hace inteligible), no por las particularidades de los entes que lo componen. Y aún más importante, la verdad de las ciencias reside en su verificación empírica en el laboratorio o en el experimento, una validación replicable tantas veces como se quiera si se repiten las condiciones dadas, mientras que la filosofía nunca, nunca, ha sido ni puede ser sometida a verificación empírica, como tampoco lo han sido ni lo pueden ser la poesía, la novela o el teatro.” La filosofía como literatura conceptual, El País, 3 Enero, 2015.

Esas diferencias tienen dos consecuencias:

La primera se refiere al estilo. Cuando la filosofía aspira a ser una ciencia, imita su lenguaje codificado, jerga reservada a iniciados, tan alejada de ese lenguaje natural usado, por ejemplo, por Platón en sus diálogos o por Descartes en esa deliciosa pieza autobiográfica que es el Discurso del método. Lenguaje natural, sí, pero de estilo elevado, elegante y bello, literariamente eficaz.” (ídem).

La segunda de las consecuencias tiene que ver con el contenido. Los novelistas ¿escriben sus novelas para que las lean sólo otros novelistas? No. Pues de igual forma no hay razón para pensar que un filósofo ha de escribir su literatura para entretenimiento o solaz exclusivamente de otros filósofos como él, enredados en debates librescos. El verdadero filósofo, como el novelista, se dirige a la persona común, no especializada, y aborda en su filosofía las cuestiones generales que conciernen a ésta, que son las de todos.”  (ídem).

Como afirma J. Gomá, esto no debe confundir la filosofía con la poesía: aquella define, ésta muestra. Pero ambas son hijas de eros, esa emoción que es la génesis de toda aventura conceptual o literaria.

2. Su elección de la filosofía como literatura conceptual, se complementa en la literatura como ejemplo en y a través de la ficción. Dicho de otro modo: la filosofía de la ejemplaridad es un ejemplo de concepto persuasivo, tanto en el contenido como en la forma. Es algo que ha pasado desapercibido: se ha expuesto que a lo largo de su obra, gravitando sobre la ejemplaridad, es bastante limitada la exposición de ejemplos concretos, el propio J. Gomá lo ha reconocido aunque apostillando que su segunda obra, Aquiles en el gineceo, se puede considerar una obra-ejemplo, un estudio de caso. No estoy de acuerdo con esta apreciación, y el argumento es la función ejemplificadora literaria-artística que recorre su obra como literatura conceptual. Esa función amplifica y profundiza el concepto. Veamos el porqué: hay filosofías que guardan con su expresión una relación de resistencia y, en el límite de enfrentamiento, en ellas el concepto deja al lector/intérprete fuera de su hogar, ese invierno tiene variantes perniciosas como la oscuridad, el academicismo, o esa solemnidad vacía, pero también guarda grandes logros; en cambio, existen otras aventuras filosóficas donde la expresión y el concepto se entrelazan fecundándose mutuamente, acercan al lector abriéndole posibilidades interpretativas, aquí la expresión otorga una cercanía al concepto que lo ilumina de diversas formas. La prosa filosófica de J. Gomá es de estas últimas, en una apertura explicativa de su obra filosófica: su concepto y tejido argumentativo nos lleva a ejemplos de obras y personajes de la literatura universal que muestran, aquello que el concepto ha definido. Utiliza dos estrategias: puede ir del concepto al ejemplo literario, o viceversa. Ese efecto amplifica y profundiza el significado conceptual. Y lo hacen en su condición ficticia, de seres producidos por la imaginación literaria que otorgan persuasión a lo que el concepto ha explicado. Su elección de la filosofía como literatura conceptual, se complementa en la literatura como ejemplo en y a través de la ficción. Y el efecto es que la filosofía de la ejemplaridad nos otorga conceptos persuasivos: tanto por lo que definen, y por cómo lo definen. Nos hallamos en su obra en un bucle conceptual y literario que produce una obra de vasos comunicantes entre lo filosófico y lo literario: donde el concepto define, el ejemplo literario-artístico ilumina esa definición otorgándole una plasticidad que lo abre a una comprensión más amplia y profunda, produciendo un efecto persuasivo y existencial que singulariza su obra. En una obra en marcha, desarrollaré esta intuición que está llena de consecuencias filosóficas. La filosofía de la ejemplaridad sintetiza el comprenderse como literatura conceptual, y el hecho de complementarse en la literatura como ejemplo en y a través de la ficción. La aventura filosófica de J. Gomá es un ejemplo de concepto persuasivo, tanto en el contenido como en la forma.

4. TRES PROBLEMAS.- En verdad, este apartado debería llamarse una ausencia, un problema y una confesión. No hay interpretación que solidifique una obra en el acuerdo total; si lo hace, no es interpretación, sólo una apología que nada añade.

La ausencia es que no está tematizada en su obra, hasta ahora, una de las mayores transformaciones sociotecnológicas de la historia, el impacto del mundo digital, ese mundo hiperconectado que reconfigura todo el campo de experiencia de la condición humana. ¿Esa ontología antropológica, ética y existencial de su filosofía de la ejemplaridad, no pide ser analizada en esa nueva historicidad que singulariza nuestra época? Hay una pregunta que le hice en la entrevista que iba en esa dirección. Explicaré esta primera consideración: todo proyecto filosófico se asienta en este suelo histórico del s. XXI, y lo condiciona inevitablemente, de ahí que enfrentarse a ese nuevo contexto sea necesario. La revolución digital está desarrollándose en variadas direcciones, y con una aceleración desconocida produciendo espejismos explicativos en su verdadera comprensión. Seamos precisos: no hay revoluciones tecnológicas, todas son sociotecnológicas. Nuestro presente finito e igualitario, en términos de J. Gomá, es hijo de esa empresa autocrítica que, sólo la cultura occidental ha protagonizado en el ámbito de las culturas históricas, el nihilismo, socavando los fundamentos de sí misma como no lo ha intentado ninguna otra forma cultural. Totalmente de acuerdo, pero su presente y su futuro se hace en una nueva historicidad que hay que abordar directamente. Y dejo una idea a desarrollar: nuestra época necesita una nueva confianza, que sólo podrá lograrse ética y políticamente comprendiendo esa nueva experiencia informacional. De ahí esta pregunta: ¿una de las mayores revoluciones sociocomunicativas de la historia humana, no merece un análisis específico desde su filosofía de la ejemplaridad? Sé que ha sido mencionada en varios artículos, pero nunca se ha profundizado en ella. Hay conceptos en su obra, que tienen una potencialidad en esa dirección: un ejemplo es el de red de influencias mutuas. Esa ejemplaridad existencial pide un tratamiento específico del mundo donde se piensa, actúa y se vive: el mundo red en la expresión ya clásica de Manuel Castells17.

Y ahora ese problema que sigo viendo latente: ¿cómo desarrollar ese ideal de ejemplaridad igualitaria en nuestras sociedades actuales del s. XXI? Hay dos argumentos que creo merecen recorrerse. Uno como posible limitación, y el otro como otra fuente que no ha sido pensada en su propuesta filosófica.

Esa posible limitación sería el argumento de la complejidad, según el cual las sociedades del s. XXI se desarrollan en y producen una incertidumbre estructural, que invalida cualquier hipótesis social donde una característica previa pueda preveerse o dominar en su dinámica y naturaleza. Complejidad e incertidumbre18 son inevitables en este mundo red que sigue profundizándose, y entender esa interrelación imposibilitaría la aparición de lo que estamos analizando. Comprender que la naturaleza social tiene estas características, significaría que la dinámica de aceleración de las condiciones sociales en nuestro s. XXI, irá por delante de cualquier posible interiorización efectiva, a nivel individual y social. En un diagnóstico inquietante: si la modernidad ilustrada fue un proyecto histórico basado en la idea de progreso, esta nueva historicidad desarrolla una inseguridad ontológica, con consecuencias políticas, económicas, sociales y morales que estamos empezando a descubrir. En este contexto, se hace problemática que esa ejemplaridad pública pueda arraigar en una mayoría social. Problemática, no quiere decir imposible, pero deberá asumir este rostro ansioso y fragmentado que tienen las sociedades del s. XXI: ¿puede extenderse efectivamente en esa nueva geografía social, psicológica y emocional?…

El segundo es el argumento educativo, que no está desarrollado en su propuesta. Mi idea es que será muy difícil que se pueda formar esa nueva paideia, sin un proyecto educativo donde sea un objetivo explícito. No hay mayor persuasión que una educación en y para la buena socialización. En palabras del autor, esa ejemplaridad igualitaria19 debe irradiarse a través de inconexos focos de ejemplaridad, que irían extendiéndose en su imitación. Frente a esta línea espontánea, propongo una línea educativa que asuma esa ejemplaridad igualitaria como parte de sí misma. Sigo creyendo que la trama educativa es capaz de moldear y de formar esas nuevas costumbres. Dicho de otro modo: a las fuentes que J. Gomá propone como fuerzas para esa ejemplaridad igualitaria, añadiría la educación en sus diferentes modalidades. Creo que es un debate apasionante y abierto, y como tal lo expongo sin cerrar ninguna conclusión.

Termino con esa diferencia, que implica una confesión final: no puedo compartir su hipótesis de que ante el sórdido hecho biológico de la muerte cabe la esperanza de la inmortalidad, y es una personal elección existencial, el ateísmo, la que me aleja de su sensibilidad y opción como creyente cristiano. Esa prorrogación de nuestra individualidad después de la muerte, que como hipótesis intenta hacer racionalmente posible y atrayente en Necesario pero imposible, es encomiable porque está desarrollada desde una conciencia del s. XXI como hipótesis y como propuesta de esperanza, lejos de cualquier anacronismo o apología simplista. Y por el tacto y rigor con el que está expuesta, esa honestidad me emociona en su acercamiento complejo al Galileo. Como ven, hay ateos cerca de Dios. Pero mi mortalidad es el precio de la intensidad de este instante en que escribo. Es, radicalmente, la oportunidad de pensar, actuar y vivir en y a través del tiempo. Ateísmo es otra palabra para decir mundo.

CONCLUSIÓN.- Quiero compartir ese lector entrelazado. El genio de Goethe lo decía más bellamente: “Cuando se lee no se aprende algo, se convierte uno en algo”. Releer es extraño, esas obras anotadas llenas de otra vida ya no la sentimos nuestra. Hay autores que debemos seguir para comprenderlos, y hay autores que nos llevan en su comprensión: J. Gomá20 es de estos últimos, siempre se acerca y nunca va delante del lector hasta hacerse irreconocible, uno de los errores de cierta prosa filosófica que justifica su invisibilidad. Existe un clasicismo21 actualizado en su propuesta que es tremendamente original: su novedosa propuesta ontológica tiene una potencialidad crítica como filosofía práctica precriptiva. Lo es para este sujeto del s. XXI, cansado de un nihilismo paralizante, donde todo se vuelve sospechoso inmediatamente. Hay una llamada que me sigue justificando en su relectura: una empatía por lo común y cotidiano que hace intensificar, pero universalizando nuestra vida, ejemplarizándola. Frente a ese existencialismo aristocrático y elitista en el primer Heidegger22; o el existencialismo de la angustia de Sartre23, en J. Gomá su ejemplaridad existencial (ese común de los mortales en expresión que le es cercana) es una crítica de cualquier subjetivismo donde no se reconozca aquello que compartimos. No debemos confundir existencial y existencialismo: lo segundo implica una característica existencial, pero no al revés. Hay un intento de compartir aquella estructura existencial universal que, siendo finitos, nos iguala a su vez, compartiendo esa dignidad irrenunciable como seres humanos de nuestro s. XXI, a través de nuestra polis democrática. Su obra es una filosofía vibrante, que nunca es un existencialismo singularizado, ni un idealismo cadavérico, sino que se universaliza a través del ideal de la ejemplaridad como ser del ente, y que siempre se evidencia en ese universal concreto, el ejemplo personal. Su ontología política es, implícitamente, una ontología existencial.  J. Gomá es alguien donde la pasión filosófica24 se aleja de esa tradición lógico-lingüística que se justifica discursivamente. Hay una intensidad que recorre toda su obra que lo hace adictivo. Las noches que he atravesado con su obra, son noches derrotadas. Hay prosas filosóficas que atraviesan toda oscuridad: su secreto es que nunca nos dejan solos25. Y su lectura me transmite ese entusiasmo que no pide pasaporte: es la vida haciéndose pensamiento. La razón es que es una filosofía que nos transforma, nos invita a universalizarnos concretamente. J. Gomá siempre nos recuerda que toda filosofía parte de una emoción -¿no se podría analizar cada gran filosofía desde esa emoción que la inicia?-. No hay ejemplaridad sin la admiración26, o ese posible rechazo que todo ejemplo personal produce, ese universal concreto que es la naturaleza y estructura ejemplar de la realidad. Descubrimos que hay un instante donde la realidad del ejemplo personal puede elevarnos, iniciando un proceso de transformación, o puede llevarnos a su crítica y negacion. En cierto modo, su pensamiento filosófico es una encrucijada en la vivencia práctica del ejemplo personal, que tiene una doble condición siempre: esa ambivalencia irrenunciable de todo encuentro con el ejemplo personal, o su sombra. Toda filosofía es una estación emocionada que se llama concepto. J. Gomá celebra el mundo, hay un entusiasmo en esa travesía común de la experiencia de la vida, sin caer en el reduccionismo de un fácil optimismo, o en esa melancolía romántica tan prestigiosa aún en ciertos medios. El nihilismo tiene su propia jeraquía emocional, pero nuestro presente implica otros criterios. Algo que el olfato histórico de este fino pensador siempre diagnostica certeramente:

El verdadero tema de nuestro tiempo es, por consiguiente, el de liberar a la finitud de su histórico secuestro y hallarle un fundamento autóctono, autorreferencial, para sobre esas bases finitas pero firmes y sólidas hacer viable la civilización en marcha.” Ingenuidad aprendida: un programa filosófico. 

Nunca me cansaré de leer lo que pide universalizarme. Y sé que Chesterton tenía razón: “El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida.” Háganlo, su escritura es una invitación para que no caigamos en la hipercrítica, en la mediocridad, en ese gris lleno de sospecha que todo lo desenmascaró. Siempre hay demasiados nombres para lo que no queremos ser. Porque su filosofía de la ejemplaridad, esa ejemplaridad existencial que nos interpela siempre, es una crítica de ese universal abstracto metafísico, siempre reduccionista y que no puede atrapar el verdadero ser: lo universal existe, pero su modo más alto lleva nuestro rostro como universal concreto, el ejemplo personal, imitación y aspiración de una ejemplaridad que, en el ámbito práctico, es ese deber ser, esa perfección ideal inalcanzable en nuestra realidad humana. Una atracción ambivalente: podemos imitar ese ejemplo personal y esto implica, siempre, una transformación del sujeto, o puede ser criticado y, en el límite, negado por ese sujeto que se ve acusado, retratado en su vida vulgar y mediocre. Desde su pensamiento ya no podremos percibir igual cada ejemplo personal donde nos reconozcamos, es la prueba de su universalidad. Y sumergiéndome en estas más de mil quinientas páginas de su aventura filosófica en español27, tengo la certeza de estar ante un clásico contemporáneo. En esta incertidumbre de una cultura híbrida donde escribo, el rostro de Nietzsche se me aparece como un fantasma convocado: “La relevancia que tiene un filósofo para mí está en función directa de su capacidad para ofrecerme un ejemplo.28 Sonrío, entra una luz como una promesa por la ventana. Con los ojos enrojecidos en este otro amanecer que se llama escribir, siempre será esa ejemplaridad existencial que me acompaña: Javier Gomá.


NOTAS

  1. En la serie, Una tarde con, he intentado adoptar una perspectiva de divulgación rigurosa, y aunque contenían ciertos apuntes personales, nunca eran parte de una estructura o proyecto de más alcance. Aquí la intención es diferente porque es parte de la investigación sobre una obra en marcha.
  2. Dejo el enlace de un artículo de J. Gomá (Ganarse la vida) donde desarrolla la importancia filosófica de este hecho, que ha sido históricamente minusvalorizado.
  3. Javier Gomá procede de una familia de tradición jurídica: de padre notario, al igual que sus hermanos Ignacio y Fernando, que son coeditores junto a otros compañeros del blog: http://hayderecho.com, un blog muy interesante sobre la actualidad política y jurídica: no se lo pierdan. El detalle me parece relevante por dos motivos: es una de las tres fuentes de formación que él expuso en la entrevista que le pude hacer en el Magazine INED21; el segundo, es patente para el que haya leído su obra: la utilización de ejemplos y referencias de Derecho en su obra. Una anécdota: recuerdo las clases de mi maestro Vidal Peña (uno de los grandes expertos mundiales en la modernidad filosófica, especialmente el s. XVII; el propio Vidal es licenciado en Derecho) sobre Descartes (abogado a su pesar…) y cómo en la lectura del mismo, nos iba explicando la presencia e importancia del lenguaje jurídico en su obra. Se podría hacer una clasificación de la filosofía moderna, utilizando este criterio: ¿qué tipos de lenguajes existen en las obras filosóficas de sus grandes autores? Avanzo una hipótesis sobre Javier Gomá, existirían cuatro lenguajes: filosófico/teológico, filológico, literario (literatura universal: preferentemente novela), y jurí No todos evidentemente con la misma importancia y función, ni en la misma proporción según la naturaleza temática de sus obras. Prefiero dejar esta idea abierta, haré referencia a ella más pormenorizadamente en una de las claves interpretativas.
  4. En el artículo, Las razones de la ejemplaridad, queda bien aclarada esa conexión con nuestra situación sociopolítica actual.
  5. He intentado desarrollar una lectura que se basa en tres claves interpretativas: la importancia central de su perspectiva ontológica, una síntesis original que abre muchos caminos; la potencialidad de su perspectiva sociopolítica, en relación con nuestro mundo red; finalmente, la naturaleza expresiva de su filosofía de la ejemplaridad. Soy consciente de que la lectura más usual de su pensamiento ha sido práctica: ética y política sobre todo, dada la situación histórica-cultural (crisis de la democracia española y, globalmente, del capitalismo especulativo a partir de 2008) donde se ha desarrollado. Sin negar la potencialidad de esta interpretación, creo que su aventura conceptual -él mismo lo ha confesado biográficamente-, se desarrolla a partir de una intuición ongológica original que, si somos capaces de asumir, abre posibilidades a la filosofía contemporá En otro aspecto, he optado por una hermenéutica precisa, con ello quiero decir que, en la medida que la explicación avance, intentaré ejemplificarla con los textos directos que aclaren esa comprensión.
  6. En la entrevista que le hice en el Magazine INED21, la primera pregunta iba en esa dirección para que nuestros lectores pudieran comprender esa idea fundamental de su pensamiento: “La visión original es ontológica: la del ejemplo personal (universal concreto) como ser, como aquella estructura subyacente a la realidad que hace ésta inteligible. Cuando esa visión se traslada de lo ontológico a lo práctico (ético, político, poiético), se presenta en cambio como un ideal: el ideal de la ejemplaridad. Y, en efecto, conviene distinguir entre los ejemplos reales de la experiencia, que pueden ser positivos o negativos, y la ejemplaridad, que es un ideal, es decir, un deber-ser y en consecuencia, como tal, no existe, no es, no se da en la experiencia, no tenemos contacto sensible con é Nadie encarna la ejemplaridad porque nadie, en este mundo imperfecto, personaliza la perfección del ideal. Ahora bien, los ejemplos concretos son la vía de acceso a la verdad, y cuando se trata de la verdad moral esto es especialmente cierto. Qué es lo honesto, lo decente, lo recto, lo justo, lo valiente, lo generoso se hace intuible y aprehensible a través del ejemplo personal, aunque no seamos capaces de verbalizar esos conceptos. El ejemplo muestra esa capacidad de hacerse evidente sin necesidad de definirlo”.
  7. Un ejemplo de dos párrafos de sus obras donde se muestra esta ambición y novedad metafísica: (1) En la teoría de la imitación, el ser, en suma, se representa como ejemplo universal y concreto cuya verdad no se manifiesta al entendimiento conceptual ni a ninguna disposición teórica o especulativa, sino a una específica clase de acció En otros términos, la teoría de la imitación descubre una forma de concebir el ser (metafísica) que demanda una acción (prágmatica), porque sólo la acción imitativa tiene abierto el acceso a la verdad del ejemplo.” Imitación y experiencia, p. 501, Taurus 2003, edición 2014; (2) De modo que la estructura ejemplar del mundo aparece al final como estructura personal, debido a que en el ente personal se manifiesta, con especial intensidad, la realidad última del ejemplo como universal concreto. Esta conclusión sobre el mundo de la experiencia ha de extenderse al ser que lo hace inteligible y que, consecuentemente, ha de pensarse también como figura personal”. Necesario pero imposible, p.50, Taurus 2013, edición 2104.
  8. Sería interesante profundizar, desde la filosofía de la ejemplaridad, en ciertas resonancias con un autor que no tematiza directamente en su obra: Emanuele Lévinas. Partiendo desde presupuestos diferentes, hay una posible afinidad que sería interesante probar. Ese Otro en E. Lévinas -tan influido por la filosofía judía de M. Buber-, y ese ejemplo personal como universal concreto en J. Gomá, aparecen como desarrollos que guardan una familiaridad ontológica y ética que podría explorarse. Tres ejemplos: “Pero, incluso en el interior mismo de la relación con otro que caracteriza nuestra relación social, aparece la relación con otro como relación no recíproca, es decir, como relación que quebranta la contemporaneidad” P. 127, El Tiempo y el Otro, Paidós, 1993; “La relación con el Otro [Autrui] me pone en cuestión, me vacía de mí mismo y no deja de vaciarme, descubriéndome en tal forma con recursos siempre nuevos” P. 58, La huella del Otro, Taurus, 1998; “El Otro [Autrui] no nos viene solamente a partir del contexto sino, sin mediación, él significa por sí mismo” ibid P. 59. Ambos también, desde diferentes argumentos, critican a Heidegger.
  9. Isaiah Berlin en su ensayo, El erizo y el zorra. (Muchnik Editores, 1998, Barcelona), hace una famosa distinción filosófica entre dos tipos de pensamiento. En el claro prólogo de Mario Vargas Llosa se resume: “Entre los fragmentos conservados de poeta griego Arquíloco, uno dice: «muchas cosas sabe el zorra, pero el erizo sabe una sola y grande». La fórmula, según Isaiah Berlin, que puede servir para diferenciar a dos clases de pensadores, de artistas, de seres humanos en general: aquellos que poseen visión central, sistematizada, de la vida; un principio ordenador en función del cual tienen sentido, y se ensamblan acontecimientos históricos y menudos sucesos individuales, persona y sociedad, y aquellos que tienen visión dispersa y múltiple de realidad y de hombres, que no integran lo que existe, en una explicación u orden coherente, pues perciben mundo como compleja diversidad, en la que, aunque hechos o fenómenos particulares gocen de sentido y coherencia, el todo es tumultuoso, contradictorio, inapresable. Primera, es visión «centrípeta». Segunda «centrí p. 24, 25″. Un comentario que habría que justificar pausadamente: hay tras grandes erizos de la filosofía española en la etapa democrática -aunque dos de ellos inicien su obra previamente, la consolidarán después-, y que se distinguen por esa característica unitaria: Gustavo Bueno, Eugenio Trías y Javier Gomá, tres filosofías diferentes pero que poseen un principio explicativo y ordenador que hace posible todo su desarrollo, y desde el cual se puede explicar su novedad. El materialismo filosófico, la filosofía del límite, y la filosofía de la ejemplaridad, son tres grandes aportaciones -más allá de opciones personales- de la filosofía española al debate actual.
  10. Gomá utiliza específicamente, a veces, el término olvido, que nos recuerda inmediatamente al olvido del ser en Heidegger. Hay una diferencia que quiero subrayar: mientras que en J. Gomá ese olvido, aún siendo estructural, atraviesa toda la historia de la metafísica occidental, no es protagonizado por ninguna instancia que no sea esa misma tradición filosófica en su deriva abstracta; en Heidegger no es así, el olvido del Ser es un envío de sí mismo, ese sustraerse no puede leerse en clave humanista (o sea, como protagonizada y en poder del hombre), sino como historia del destino que el propio Ser se ha mostrado en nuestra historia ontoteológica en Occidente. Dos precisiones: en J. Gomá hay una antropologización ontológica que Heidegger no hubiera admitido; ahora bien, desde los presupuestos de la filosofía de la ejemplaridad, hay una crítica explícita a Heidegger: “(…) toda experiencia efectiva de la finitud es política. Y la existencia auténtica del Dasein sólo se desvela propiamente, por lo mismo, como ser-para-la-polis.” P. 64, Ejemplaridad pública, Taurus, 2014. Una idea de las más fecundas de J. Gomá: la ontología como ontología política.
  11. Al denominar la filosofía de Javier Gomá de ejemplaridad existencial (que no existencialista), quiero precisar esa síntesis productiva de su intuición ontológica: ejemplaridad como ser del ente, y su antropologización que direcciona ese carácter existencial por intransferible . Podemos encontrar en su primera y fundamental obra, un texto claro: “(…) la filosofía de la imitación aquí propuesta, que apela a la experiencia finita del hombre común, se resuelve al final en el dramatismo de la noción de experiencia de la vida, enlazando así a su manera con filosofías vitalistas y existenciales que tanta influencia desplegaron en el siglo XX y que hoy se hallan injustamente postergadas.” p. 31, Imitación y experiencia, Taurus, 2104.
  12. Leyendo la interesante reseña de Carlos Thiebaut a su primera obra: “Imitación y experiencia.Taurus, 2003″, subrayé dos ideas de interés que aquí les dejo: “Señala Javier Muguerza en su presentación del libro que reseñamos que la filosofía, sobre todo la filosofía moral, de comienzos del presente siglo está pidiendo una crítica a fondo del giro lingüístico que en tan ancha y honda medida caracterizó las mejores reflexiones del anterior. Lo que Muguerza llama una nueva transmodernidad, que supera y conserva las conquistas de la modernidad en lugar de proceder a su mera liquidación posmodernista”. Una segunda idea es la duda, en opinión de Carlos Thiebaut, de que la idea de imitación haya desaparecido totalmente en la modernidad: “La tesis es arriesgada y sólo se sostiene porque se matiza adecuadamente: por ejemplo, si es cierto que la forma platónica de mimesis no se defiende, como tal, en la modernidad, también lo es que aparece y reaparece en los momentos cumbres de la Ilustración la idea de que existe un orden racional las verdades de razón sobre cuyo estatuto tanto debatieron empiristas y racionalistas que opera en el conocimiento humano. No copiamos esa verdades de algún lugar en el que estén, pero están en nosotros desempeñando papeles funcionalmente muy similares a los que cumplían las ideas en las propuestas plató O, por ejemplo también, si es cierto que las teorías modernas no siguen los caminos de la representación aristotélica, también lo es que en el centro de la modernidad de eso, precisamente, se ha querido acusar al cartesianismo está la idea de que la mente humana es espejo (representador) de la naturaleza. La lección que de ello puede extraerse es la que guía la indagación del ensayo de Gomá: que le damos vueltas a la idea de la relación modelo-copia en formas cambiadas en la tradición a la que pertenecemos, o, en palabras más sencillas, que no dejamos de copiar ni de representarnos, como ejemplos dignos de ser copiados, aquello que tomamos como relevante.” Revista de Libros, número 87, 01-03-2004. Creo que, sin embargo, lo principal de esta obra y que sostiene toda su metafísica es la crítica del universal abstracto como único contexto reflexivo desde el que se ha pensado el ser de la metafísica occidental. Sea en la filosofía antigua, en el subjetivismo moderno, o en el giro lingüístico que ha dominado el s. XX, con Heidegger y Wittgenstein como grandes influencias, sigue presente ese universal abstracto como único contexto de reflexión del ser. O sea, hay otra metafísica posible y debe ser reflexionada a partir del universal concreto: en su caso, el ejemplo personal en el modo más alto, que conlleva a una tensión entre su universalidad como ejemplaridad del ser, y su mostrarse existencial a través del ejemplo personal. Esa novedad es crucial para comprender las consecuencias de su intuición ontológica, y para ser consciente de la sistematicidad de su filosofía.
  13. La prosa filosófica de Javier Gomá –Aquiles en el gineceo es un ejemplo maravilloso, releyéndolo me gustó aún más-, está a la altura de una tradición filosófica española que, en gran parte de sus mejores logros, mantiene una altura expresiva que merece una atención: Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, María Zambrano, Emilio Lledó, Eugenio Trías, Fernando Savater, o Rafael Argullol. Y sin embargo, al leer propuestas, filosóficamente relevantes, como la de Zubiri, o G. Bueno, nos preguntamos el porqué se debe alejar tanto la prosa filosófica del lector culto y sensible para decir aquello que uno quiere aportar. Hay razones, pero las dejamos para otro lugar.
  14. En la fase de elaboración de este trabajo, ha fallecido la filósofa Rocío Orsi el 29 de Noviembre de 2014, que aquí se cita. Que sea un pequeño homenaje a esta joven pensadora, tan prontamente desaparecida.
  15. Cerrando esta tetralogía hay una sospecha: ¿no será esa figura superejemplar por lo excepcional, el Galileo, la que pueda haber sido génesis religiosa de esa ontología del universal concreto, del ejemplo personal como modo más importante? Se podría decir (siguiendo esta intuición), que existiría una inmanencia de lo divino en la figura del Galileo, como inversión ontológica del universal abstracto al universal concreto, en su realización más importante como ejemplo personal. Sea o no, en mi opinión, se puede hacer una interpretación que está más allá de esta lectura religiosa.
  16. Suelo decir que esos veinte años que transcurren desde la primera emoción hasta la aparición de mi primer libro se resumen con una sola palabra: ansiedad. No es tanto que me tomara el tiempo como que la visión no maduraba suficientemente. La visión requería un tiempo objetivo.”. Mi lectura es la siguiente: “un tiempo objetivo” es la imposibilidad de desarrollar esa ontología de la ejemplaridad sin atravesar esa experiencia de la vida que la hace posible y que se concreta en el autor. Resumiendo: el carácter existencial de su obra, necesita de su misma ejemplificación vital en la biografía de Javier Gomá. Es un bucle productivo entre discurso y existencia, entre filosofía y vida. A posteriori, esa ansiedad se comprende necesaria para que se pudiese abrir la amplitud y profundidad de su obra. Nada más escribir lo anterior, Fichte me viene a la mente: “Cada uno sigue su propio carácter en la elección que hace de su filosofía”.
  17. La trilogía de Manuel Castells sobre la era informacional, ya es un clásico de la sociología contemporá En mi opinión, su posterior Comunicación y poder, abre líneas de reflexión que están por hacer aún. En todo caso, les dejo un fragmento de un breve post, que escribí sobre él, haciendo referencia a ciertas singularidades de nuestro presente (Una metáfora sociológica sobre la educación actual: Manuel Castells: https://ined21.com/una-metafora-sociologica-para-la-educacion-actual-manuel-castells/): “Empecemos con una idea sugerente de Castells: la reformulación del concepto de tiempo y espacio en la sociedad-red. ¿Qué quiere decir y significar el espacio de flujos? Se refiere literalmente a la posibilidad tecnológica y organizativa de practicar la simultaneidad sin contigüidad. Maticemos inmediatamente: una simultaneidad que no es la misma, como señala Castells, para las diferentes prácticas sociales. Una conclusión evidente: no es el mismo espacio de flujos el de la economía financiera que el de la educación en la actualidad. Cada ámbito social genera su propio espacio de flujos. Otra posible consecuencia: avanzamos hacia la educación de dos espacios que conforman ya la sociedad del s. XXI. En terminología de Castells: la educación de los espacios de flujos y la educación del espacio de lugares. Avanzo varias preguntas: ¿comprenden los sistemas educativos lo que significa esta nueva modalidad?, ¿se puede transformar ese espacio de los flujos en un espacio educativo? , ¿el espacio del aula tradicional no debe redimensionarse con la introducción de la Red?, ¿es una sustitución o un complemento el aula-red al aula tradicional? Nuestra propuesta de Aula Síntesis responde a estas interrelaciones: la transferencia bidirrecional de ambos planos determinará cada vez más todos los procesos sociales y económicos. Otra idea fecunda de Castells: el tiempo atemporal que introduce las nuevas tecnologías. Hay dos formas principales de negar la secuenciación del mismo, ese tiempo tan cultural, aunque no nos demos cuenta: comprimiendo el tiempo; segunda opción, difuminar la serie pasado/presente/futuro en combinaciones aleatorias. Ejemplos de lo anterior: todos hemos contemplado a un alumno multitarea que, no renuncia a ninguna de aquellos focos de atención e interés que le apasionan; un ejemplo directo de la segunda que cita Castells, el hipertexto electrónico de la Web 2.0.
  18. Además de las reflexiones de Ulrich Beck, o Edgar Morin, la incertidumbre nos aguarda como una compañera de este viaje informacional que es el mundo hiperconectado donde vivimos. A partir de ahí, hay varios escenarios abiertos, aunque sí podemos afirmar algo: nuestra historicidad lleva implícita una inseguridad ontológica que hay que afrontar, y no sólo desde el miedo. Esa conciencia me llevó a un artículo que tuvo mucho recorrido, donde esbozaba como hipótesis qué significa educar para la incertidumbre. Hoy sólo puedo decir que ese proceso histórico se agudiza con la profundización informacional de nuestra realidad.
  19. En esta entrevista que le hizo Jot Down a J. Gomá: “En el libro no llegas a proponer un contenido material para esas buenas costumbres o virtudes cívicas ¿Me equivoco si pienso que la ejemplaridad que propones es un concepto formal? El concepto de ejemplaridad es en una buena parte estructural-formal cuyo contenido varía históricamente. La ejemplaridad romana no es la misma que la japonesa o la rusa, ni la del siglo XII igual que el siglo XXI, pero en mi propuesta esta historicidad cambiante tiene dos límites. En primer lugar, solamente llamaré ejemplar a aquel ejemplo positivo que, si se generaliza a la sociedad, produce en ésta un efecto fecundo. No todos los ejemplos son así, por lo tanto no a todo tipo de comportamiento llamaré ejemplar. Los espartanos se deshacían de los niños tirándolos por el monte Taigeto. A eso jamás lo llamaría ejemplar, porque contradice uno de los principios básicos, que es la subsistencia o la dignidad humana. El requisito de la universalización del ejemplo es ya un requisito que condiciona en alta proporción el contenido de la ejemplaridad. Y segundo, la doble especialización que describo en el Aquiles como ejemplo cívico y como elemento constitutivo de tu individualidad. El secreto de la vida reside en hallar la llave de la individualidad en el proceso de socialización. Una sociedad bien ordenada estará constituida por individuos que han resuelto de una manera satisfactoria este proceso, lo cual condiciona también el contenido de la ejemplaridad.”
  20. Gomá es un frecuente usuario personal de redes sociales, algo que no es tan usual en el panorama filosófico español. Esa nota biográfica me lleva a sugerir una idea: es difícil y, en el límite, imposible, comprender nuestro mundo informacional si no se es un actor (no sólo observador) del mismo. La tecnofobia de cierta clase intelectual muestra un acomplejamiento y rechazo hacia aquello que, ni conocen, ni desean experimentar vitalmente. Una anécdota que recuerdo y que anoté hace tiempo: Umberto Eco, junto a Jean-Claude Carrière, escribe un libro con un nombre ilustrativo: “Nadie acabará con los libros. Lumen, Barcelona, 2010”, uno más de ese género que podríamos llamar “la melancolía de Gutenberg”. En una entrevista posterior, Umberto Eco se sincera de esta forma: “Soy coleccionista de libros. Defendí la supervivencia del libro junto con Jean-Claude Carrière en el volumen Nadie acabará con los libros. Lo escribimos por motivos estéticos y gnoseológicos [relativos al conocimiento]. El libro sigue siendo el medio ideal para aprender. No necesita electricidad y puedes subrayar todo lo que te parezca. Considerábamos imposible leer textos en el monitor de un ordenador. Pero de eso hace ya unos dos años… “; a continuación se confiesa: “En mi último viaje por Estados Unidos tenía que llevar conmigo 20 libros y mi brazo no estaba para muchos trotes. Por eso acabé por comprarme un iPad. Fue útil para transportar tantos volúmenes. Empecé a leer con el aparato ese y no me pareció tan malo. De hecho, me encantó. Así que ahora leo mucho con el iPad, ¿se lo puede creer? Pues sí. Incluso así, creo que las tabletas y los e-books sirven más como auxiliares de lectura. Son más prácticos para el entretenimiento que para el estudio. Me gusta subrayar y escribir notas, interferir en las páginas de un libro. Eso todavía no es posible con una tableta”. Del rechazo a la matización: ¿qué pensará ahora el gran Umberto Eco? Allí precisa también la necesidad de una teoría sobre el filtraje de la información, junto a otros titulares como este: “Internet todavía es un mundo salvaje y peligroso”. En verdad, no deja de ser irónico que el maestro italiano sea el autor de Apocalípticos e integrados. Un comentario final: nuestro mundo informacional, esa red de redes implica una transformación de los conceptos fundamentales de la filosofía, las líneas que se abren son apasionantes y nos posicionan en un nuevo contexto. Si la conciencia filosófica no comprende este reto, proseguirá una escolástica, desde diversas corrientes, de espaldas a esta realidad que es nuestro mundo. El haber creado y mantener este Magazine INED21, junto a mi amigo renacentista Víctor González, me ha permitido profundizar sobre un problema fundamental: qué significa e implica la información en nuestro presente. Esa experiencia es, filosóficamente fascinante, pero esa es otra historia. Y sí, sigue pendiente un sueño: el poder realizar un gran magazine digital de filosofía en español (estructurado; plural; con una visión sintética de la forma y el contenido) que pueda ser un observatorio en tiempo real de todo aquello que se está reflexionando globalmente en la actualidad. Una observación rápida: se demandan iniciativas editoriales con nuevas estrategias de contenido, que lo fluidifiquen y lo interrelacionen, creando nuevas conexiones, tanto en su producción y edición, como en su viralización en las redes sociales, ofreciendo lecturas panorámicas y transversales desde diferentes perspectivas. Hay una transformación del contenido y de la forma que se concreta como experiencia, que está demandando ese lector especializado en nuestro mundo red. Algo que no sólo atañe a iniciativas íntegramente digitales, también a instituciones públicas y privadas culturales con una actividad presencial, que tienen una presencia en la Red: hay posibilidades que no han sido exploradas, y que podrían redimensionar su trabajo, ofreciéndoles una capacidad de influencia sorprendente.
  21. En su artículo: “Primores democráticos de una vulgaridad reformada” R. Internacional de Filosofía, número 48, 2009, Manuel Barrios Casares comenta lo siguiente: “Renuncia al narcisismo romántico, aprendizaje ético de la finitud, aceptación de la insoportable infirmidad de nuestro ser y, con todo, búsqueda de la excelencia. Con estos mimbres, la propuesta de Gomá conserva un inequívoco acento clasicista, eficazmente orientado al presente. Pero conviene aclarar en qué sentido se emplea aquí el término «clasicismo» al caracterizar la posición filosófica de Gomá. Pues se hace con la intención de establecer una analogía, que no una identificación, con formas clasicistas preté Y es que, como ya ha quedado señalado, su postura no es nada nostálgica. De serlo, sería éste un clasicismo paradójico, romántico en el fondo, crepuscular y resignado a la pérdida; y no es así. El suyo quiere ser un clasicismo de nuevo cuño.” Ese clasicismo asumido conlleva una crítica del universal abstracto como único contexto reflexivo de la metafísica (una nueva propuesta en el clásico problema de los universales), que desencadena una obra filosófica llena de fuerza y originalidad.
  22. Heidegger aclarará la naturaleza de su filosofía en: Carta sobre el humanismo. Es la pregunta del ser la que guía su reflexión, frente a un existencialismo como humanismo (Sartre). No obstante, metodológicamente en Ser y tiempo sí existe ese existencialismo aristocrático y elitista, como observa bien J. Gomá, a través del análisis del Dasein que protagoniza su obra: Ser y tiempo.
  23. Sartre representa muchos personajes simultáneamente en la escena de la filosofía francesa del s. XX. Creo que esa densidad simbólica le está pasando factura en el silencio actual sobre su obra. Sus errores políticos continuos, su dogmatismo en muchas posiciones estratégicas, y esa sospecha de falta de originalidad en su pensamiento filosófico, han sido algunos factores en ese juicio histórico que ya se está Un recuerdo biográfico: leyendo a Baudelaire en mi juventud, comencé a curiosear el Baudelaire de Sartre. Pocas veces he asistido a un despliegue de inteligencia literaria como el de Sartre, y sin embargo, su obra literaria siempre me ha parecido artificiosa. Es ese defecto filosófico de hacer una literatura de ideas, anulando el efecto literario. Tengo la impresión de que despliega mucho mejor su capacidad analizando la obra de terceros: Genet, Baudelaire, o Flaubert. Inconscientemente, la sombra de Albert Camus guiaba mi juicio: lean consecutivamente El extranjero y La naúsea, y creo que me comprenderán. Hace tiempo, devoraba el sugestivo El siglo de Sartre de Bernard Henri-Lévy, que significa una rehabilitación de su figura y su obra, y una panorámica de toda la cultura francesa del s. XX que les recomiendo.
  24. Mi pasión filosófica nace en aquel adolescente que encuentra, en una tarde sofocante de verano, un tomo viejo en el garaje familiar. Esa lectura será una fiebre de la que no querré curarme, y que me hará estudiar en la Facultad de Filosofía de Oviedo (Asturias): Gustavo Bueno, Vidal Peña, y otros profesores de diferentes corrientes, Alfonso García Suárez, Modesto Berciano Villalibre, o Amelia Valcárcel, alimentaron un pluralismo filosófico en mi formación que, invisible, hoy comprendo mucho mejor en su perspectiva: la posibilidad de escuchar la creación del materialismo filosófico en directo con Gustavo Bueno; asistir a un Barroco filosófico excepcional recorriendo Descartes, Leibniz, y finalmente Spinoza, bajo la explicación hechizante de un filósofo de matices como es Vidal Peña (traductor de Decartes y Spinoza, y uno de los grandes expertos mundiales en ese siglo filosófico; además, una de las inteligencias que más me han impresionado en mi vida); introducirme en la filosofía analítica y descubrir a Wittgenstein, de la mano de Alfonso García Suárez (uno de sus grandes especialistas en español, y traductor del genio vienés); la llegada a Heidegger, y conversar directamente sobre él con Modesto Berciano que lo había asimilado directamente en la escuela heideggeriana en Alemania; o asistir furtivo, no era alumno directo, a las clases de filosofía política de Amelia Valcárcel que me abrieron a unas problemáticas que desconocí Todo ello me producía una impresión de vértigo que aún mantengo. Hoy sólo puedo darles las gracias a todos ellos. Ese tomo viejo era el primer volumen de la Historia de la Filosofía de N. Abbagnano, dedicado a la filosofía antigua. Desde ese momento, Grecia nunca me abandonó: no como una idealización de una cultura pasada, sino como ese origen de la cultura occidental que se entrelaza con nuestro presente. Hace tiempo lo escribía en este rincón: Sillicon Valley nació en un lugar llamado Grecia. Hay lecturas que encienden una hoguera, y hay lecturas que la alimentan, y cada uno lleva esa biblioteca íntima como un extraño azar…
  25. En Razón: portería, hay varios microensayos de una belleza expresiva que quiero recordar: Viejo amor (pág 49), o Reconciliados con la imperfección (pág 57); también en su Todo a mil: La imagen de tu vida (pág 80, ebook), o Primores de lo mortal (pág 99, ebook).
  26. Esa emoción de la admiración es lo contrario de la envidia, esa perniciosa lacra de la mentalidad social que, históricamente, ha definido -¿sigue o es un tópico superado?- este paí Cuando J. Gomá dice que no le interesa opinar en esa dinámica de amigo/enemigo que rige el tiempo de la actualidad mediática y política, y que busca comprender e influenciar en ese tiempo de la realidad, lento y filosófico, se puede interpretar desde esa subterránea ambición de reforma educativa e histórica de la polis. En la fase de documentación, visualicé la presentación en la Fundación March de la excelente biografía: Ortega y Gasset, Jordi Gracia, Taurus, 2013. Un ejemplo de cómo escribir una biografía: se lee como una novela llena de ritmo. Allí, en un momento dado, afirma que Ortega y Gasset es un educador. Algo que ha repetido varias veces, por ejemplo en la entrevista que le hice aquí en el Magazine INED21, añadiendo el carácter de profeta de Miguel de Unamuno. Una hipótesis: mientras que Ortega y Gasset habría sido un educador vertical, consciente de ser el líder de esa minoría selecta de la España de la primera mitad del s. XX, con el fracaso histórico y vital que le llevó a su famoso silencio desde el comienzo de la Guerra Civil; J. Gomá es un educador horizontal, persuasivo, de una democracia vulgarizada (valorando esa vulgaridad como estación de partida: hija de la libertad y la igualdad, nunca de llegada), pero plenamente consciente de que esa condición histórica es necesaria e insustituible (quien vea en su obra un neoconservadurismo, o un elitismo disfrazado, no ha entendido el núcleo de sus afirmaciones y el porqué de ellas). Esto puede explicar su gran influencia actual en esta democracia en crisis de fundamentos: crisis que nos concierne a todos, y no sólo a una élite política o económica. Así la solución de Ortega y Gasset de una minoría selecta, se torna en Javier Gomá en una mayoría selecta, a través de su filosofía de la ejemplaridad. Otra diferencia: en Ortega y Gasset por la situación histórica que vive, España es un temática continúa en su obra, en J. Gomá esa intención no se da, asumiendo que su filosofía es, o tiene alcance cosmopolita, universal, de ahí que las referencias a España directamente casi no se dan (el capítulo final de Ejemplaridad pública, se leyó desde nuestro contexto). No me resisto a citar la opinión de J. Gomá sobre Ortega y Gasset, en la gran entrevista que le hizo Jot Down: “Admiro a Ortega, su obra y su influencia. Creo que es el hombre más lúcido de toda la historia de España y uno de los europeos más eminentes que ha habido. Me separo de él en un aspecto: él es un vitalista y no propiamente un existencialista. Detesta a Kierkegaard. Su concepción del mundo es la de una corriente de vida que no cesa, infinita. Desconoce la tragedia y el problema ontológico de la finitud. No tenía en realidad un temperamento metafísico sino deportivo. Las cosas que dice Ortega sobre la muerte, la finitud, la mortalidad, las postrimerías del hombre, no son dignas de él, son casi pueriles. Pero, pese a ello, me gusta situar el plan sistemático de mi tetralogía en un horizonte orteguiano. En ese mismo horizonte creo que debería situarse otras grandes figuras contemporáneas, como Muguerza, Trías, Savater, Cerezo o Marina. Esta nómina, que podría aumentarse, demuestra que hay pensamiento en España después de Ortega. Y conozco y admiro a otros filósofos españoles de la generación siguiente.”. En todo caso, Ortega y Gasset y J. Gomá, dos educadores filosóficos en diferentes contextos históricos, y con soluciones que se oponen, pero que guardan una ambición educativa desde sus aventuras filosóficas. Pocas veces una filosofía se entreteje con su contexto sociopolítico de una forma tan estrecha: ¿cómo no comprender la filosofía de la ejemplaridad como educadora, en esta crisis de fundamentos, de su polis inmediata e histórica?, ¿hay mayor ejemplo educativo que buscar esa realidad profunda donde se da la verdadera realidad, y no caer en la opinión partidista que ideologice rápidamente su verdad filosófica? Así interpreto su posición: no confundamos la inmediatez política con la creación subterránea de una ejemplaridad igualitaria que, de verdad, transforme nuestra democracia vulgarizada. Y ésta empieza en cada uno de nosotros como parte de esa red de influencias mutuas donde todos estamos interrelacionados. El propio Javier Gomá ya deja claro en un artículo famoso: “Escurrir el bulto”, su intención de ir más allá de la superficialidad mediática y partidista y no plegarse a la opinión rápida y apresurada, o en su franca afirmación de que el ideal de la ejemplaridad no se ha instrumentalizado como izquierda o derecha en una visión partidista y limitada, se puede entender como la confianza en lo fecundo de su intuición filosófica. La aventura del pensamiento de J. Gomá es, entre otras cosas, un proyecto educativo de esta democracia vulgarizada, y lo hace desde la fuerza de una nueva propuesta ontológica, original y construida desde nuestra lengua española, que sostiene toda esa dimensión práctica de su filosofía. Más que sostener, se entrelaza inevitablemente. Es hora de superar los complejos, justificados históricamente por la ausencia de una tradición filosófica española fuerte y asentada hasta el s. XX. Hay una coherencia entre su vida y su obra que es consustancial y atraviesa todo el despliegue de su propuesta. Es, también, parte del atractivo en su lectura, frente al carácter ensayístico (necesario, pero que cumple otros objetivos), o sólo parcial (sin ambición de mirada sistemática al todo de la realidad) de una parte importante del pensamiento filosófico contemporáneo. Otra observación: como espíritu artístico que es, en esos momentos estéticos en su etapa ética biográfica, hay una querencia en J. Gomá por la conferencia, el diálogo, y por cualquier manifestación en directo (teatro…), que desemboca en su estética: habría llegado la hora de un arte que nos muestre ese aprendizaje de la convivencia, más allá de cualquier romanticismo anacrónico, o vanguardismo estéril por la encrucijada histórica que habitamos. Después de la inflación del yo romántico, el surgimiento de un nosotros civilizado y maduro. El arte como una de esas fuerzas y posibilidades que necesitamos para el neoencantamiento del mundo.
  27. He ido leyendo su obra según su orden de aparició No obstante, para esta miniatura hermeneútica he sistematizado una relectura de toda su obra hasta este momento -la tretalogía, y sus obras recopilatorias de artículos periodísticos; más de cuarenta entrevistas desde hace una década, y aquellas recensiones y comentarios que he logrado identificar y que me parecieron relevantes de su obra. No se pierdan la entrevista en esa magnífica revista que es Jot Down. Finalmente, la que pude realizar personalmente en el Magazine INED21, con una naturaleza filosófica intencionada, me sirvió para especificar detalles de este análisis.
  28. Schopenhauer como educador, p. 39, Biblioteca Nueva, F. Nietzsche. Aprovechando la cita, les recomiendo la biografía -se lee con un placer continuo- de Luis Fernando Moreno Claros: Una biografía.Trotta, 2014. Se une a la clásica de R. Safranski: Schopenhauer. Los años salvajes de la filosofía. Tusquets Editores, Barcelona, 2008; si quieren tener un acercamiento monográfico a su filosofía, un buen comienzo es el estudio: Shopenhauer. Una filosofía de la tragedia. A. Philonenko, Anthropos, Barcelona, 1989.

BIBLIOGRAFÍA

  1. El erizo y el zorra. Isaiah Berlin, Muchnik Editores, Barcelona, 1998
  2. Primores democráticos de una vulgaridad reformada. Manuel Barrios Casares, R. Internacional de Filosofía, número 48, 2009
  3. La era de la información. La sociedad red. Manuel Castells, Vol. I. Alianza Editorial, 2005
  4. Humanismo en una época-red. José Luis Coronado, Magazine INED21 
  5. Educar para la incertidumbre. José Luis Coronado, Magazine INED21
  6. Recopilación: “Una tarde con”. José Luis Coronado, Magazine INED21
  7. Aquiles en el gineceo. Javier Gomá, Taurus, 2014
  8. Ejemplaridad pública. Javier Gomá, Taurus, 2014
  9. Necesario pero imposible. Javier Gomá, Taurus, 2014
  10. Ingenuidad aprendida. Javier Gomá, 2011
  11. Todo a mil. Javier Gomá, Galaxia Gutenberg, 2012
  12. Materiales para una estética. Javier Gomá, Cátedra Jorge Oteiza, 2012
  13. Razón: portería Javier Gomá, Galaxia Gutenberg, 2014
  14. Entrevista a Javier Gomá, Jot Down
  15. Entrevista a Javier Gomá, Magazine INED21
  16. El Tiempo y el Otro. E. Lévinas, Paidós, 1993
  17. La huella del Otro. E. Levinas, Taurus, 1998
  18. Mortalidad, morada del ser humano. Rocío Orsi, Isegoría, número 37, 2007
  19. Schopenhauer como educador. F. Nietzsche, Biblioteca Nueva
  20. Copias, ejemplos y experiencias. Carlos Thiebaut, Revista de Libros, número 87, 01-03-2004