El s.XXI implica el reconocimiento educativo de los resultados de lo que se ha denominado el paradigma emocional. INED21 hace más de un año, en nuestro informe: “Desde la igualdad a la excelencia”, ya señalamos, entre otras, una novedad necesaria: la introducción de la competencia emocional y la competencia creativa. Existen excepciones autonómicas que no invalidan nuestra propuesta. Ese reconocimiento formal de nada servirá, si no va acompañado de una renovación metodológica: las competencias deben tener un trabajo realista y plural en nuestras aulas. Una escuela actual debe ser una escuela emocional.

La modernidad era dualista, dividiendo la razón y las emociones de una forma que, se ha demostrado falsa. Descartes construyó una racionalidad fría, de ahí que A.Damasio acertó totalmente en su título: “El error de Descartes”. El romanticismo del s.XIX dió la primacía a los sentimientos, pero con un precio que educativamente las expulsó del currículum que se estaba gestando hasta concretarse a finales del s.XIX. El romanticismo fue una segunda fase que, inevitablemente, era ya una crítica al paradigma moderno cartesiano. El individuo quería diferenciarse y reconocer su centralidad: el arte como forma de conocimiento del mundo. Un detalle: se puede seguir esta historia, como una historia donde la música como lenguaje universal se convierte en el arte fundamental. Nietzsche bailaba con conceptos: el pensamiento como música de la vida. Música y emociones van de la mano…

Inspiración, creación o unidad con la naturaleza: el romanticismo entrelazó los sentimientos en este entramado conceptual. Seamos justos: fueron ellos los primeros que reconocieron su importancia. Nuestra época red es una época de síntesis: razón y emociones van juntas, pueden y deben ser educadas. ¿Por qué? Porque son moldeables, la plasticidad que la neuropsicología nos ha explicado tiene su traducción educativa. Recuerdo los ensayos maravillosos de O.Sacks o la lectura detenida de A.Damasio, como lecturas donde uno se comprende totalmente como unidad. Una sugerencia para la educación de las emociones: una biografía es un relato de identificación. Todo alumno es una biografía que quiere escribirse.

Paul Ekman en la década de los setenta, desde la psicología evolutiva, demostrará la existencia de emociones universales, a través de la identificación de patrones comunes de expresión en los seres humanos. H. Gardner ya identificará la inteligencia interpersonal e intrapersonal en su teoría de las inteligencias múltiples. Lean el H.Gardner de “Mentes creativas”: disfrutarán con su itinerario de creatividad múltiple. Todo estaba preparado para que en 1990, la expresión “inteligencia emocional” fuera acuñada por P. Salovey y J.Mayer. Posteriormente el bestseller mundial de D.Goleman: “Emotional intelligence” en 1995, popularizó y extendió el paradigma emocional por todo el mundo.

Seguiré el programa de Salovey y Mayer para hacer unas preguntas a nuestra escuela actual, unas preguntas que podrían modularse de diferentes formas. Su modelo identifica cuatro tipos de habilidades que desarrollan la inteligencia emocional. Percepción emocional, ¿aprenden en nuestras escuelas los alumnos a percibir, identificar y valorar sus emociones? Facilitación emocional del pensamiento, ¿sabe algún alumno nuestro que las emociones les sirven para reconocer lo más importante de su pensamiento? Comprensión emocional, ¿dónde les enseñamos el necesario y fascinante vínculo entre las emociones y las palabras? Regulación emocional, ¿nuestra escuela enseña a manejar ese mundo emocional positivo y negativo que todos tenemos? ¿cómo podemos comprender al otro si no hemos iniciado nuestro viaje emocional? Estas preguntas también nos conciernen: la inteligencia emocional empieza por cada uno de nosotros.

Fracaso escolar y fracaso emocional: nuestra escuela debe iniciar un cambio radical. Nuestra escuela anacrónica sigue enseñando un currículum desfasado y sin conexión con nuestra síntesis emocional y cognitiva. Ha llegado la hora de introducir la competencia emocional. Ha llegado la hora de un equilibrio metodológico, donde las emociones sean parte principal de nuestra tarea de enseñanza-aprendizaje. Las excepciones educativas existen, pero siguen siendo excepciones. Ha llegado la hora de que profesorado y alumnos empiecen a construir un lenguaje común a través del reconocimiento y regulación de lo que somos antes que nada: un animal emocional que quiere aprender continuamente. Emociones y razón se retroalimentan. Cuando un alumno nos hace una pregunta, hay una emoción que está actuando. La escuela emocional espera, podemos construirla entre todos.

  • Tania

    Totalmente de acuerdo… estoy terminando mi Magíster y mi tesis la realice sobre la afectividad, como la llevan a cabo las educadores dentro del aula y de que manera la perciben los párvulos…. al buscar material para elaborarla me llamo mucho la atención como en nuestro país esta temática es muy poco abordada, sólo por algunos como Amanda Céspedes, Juan Cassasus, Nolfa Ibañez o el mismo Maturana, pero al revisar bibliografía de otros países me encontré con la sorpresa de cuan trabajada es esta temática, sobretodo con Bisquerra en España…. Aún nos falta. Hablan del desarrollo integral de los alumnos y ni siquiera son capaces de escucharlos.
    Me encanto….. que hay más interesados en la emocionalidad, más aún cuando la sociedad parece cada vez más lejana de unos y otros, a pesar de estar tan cerca tecnológicamente.

  • CE

    “No hay nada mas poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo” Victor Hugo
    ¡Ánimo! ya hemos retwitteado este post @comp_emocional…

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