La mediocridad de la universidad española es una verdad comúnmente aceptada. Quisiera profundizar en algo que no se suele señalar con asiduidad: evidenciar esa relación perniciosa e interesada de cierta endogamia académica y los partidos políticos en España. Especifico: cierta, hay que evitar generalizar impunemente. Este análisis se desarrollará en el ámbito educativo, pero es aplicable a otros ámbitos. Hay muchas formas de corrupción moral, y nuestra crisis actual tiene en esta muestra un espejo claro de lo que hemos sido y seguimos siendo: un país mediocre, ajeno a la profesionalidad y la meritocracia, monopolizado por un bipartidismo político y endogámico que atraviesa todas las dinámicas sociales, económicas y culturales. Nuestra crisis puede tener falsas salidas, ese es el gran peligro de nuestro presente.

Asistimos a un debate educativo donde los mismos expertos académicos, relacionados de diversas formas con cada partido político, siguen solucionando el laberinto educativo español.  Casi los mismos nombres de supuestos expertos en educación por cada partido político dominante, siguen ofreciéndonos sus análisis que, ya lo sabíamos, concuerdan con la opinión política que le sirve de cobertura. Esa misma previsibilidad es lo contrario de la verdadera independencia, que podrá o no estar de acuerdo en la dinámica educativa con el argumentario de los dos grandes partidos. Hay un efecto más pernicioso de esta endogamia sustitutiva: el bipartidismo mental que se ha instalado en gran parte del debate educativo. Sí, también en otros debates.

Asistimos a un debate educativo donde ese bipartidismo político y académico, obvia o anula cualquier otra posición que desborde esa endogamia sustitutiva. Cualquier otra opinión fundamentada que quiera remover ese bipartidismo, será silenciado o invitado a sumarse a una de las dos partes. En el debate educativo se sigue justificando lo injustificable desde ambas partes. Un detalle: la falta de una política de consenso es consecuencia de esa endogamia sustitutiva. En verdad: ¿para qué dialogar si puedo absolutizar y legislar mi política educativa? Para esa función tienen preparados a sus expertos correspondientes que justificarán ese argumentario que, lo saben, no pueden contradecir. A cambio, tendrán su recompensa profesional y perpetuarán su inmovilismo.

Asistimos a un debate educativo donde han sido minusvalorados y ninguneados los únicos profesionales del sistema: los maestros y profesores que mantienen y hacen funcionar este sistema que, visto lo visto, poco importa verdaderamente. En una sociedad del conocimiento, en una política tan compleja como la política educativa, se sigue haciendo esa política de arriba/abajo. ¿Quién? Esos partidos políticos que monopolizan esta democracia inmadura, unos partidos con una organización interna cerrada y falta de meritocracia, una organización antidemocrática en esencia. Hay profesionales de la política educativa que nunca o hace mucho tiempo que no han dado clase en un colegio o instituto. El problema es más grave: se rodean de amiguismo o afines, pura endogamia de su partido, llamados expertos o asesores. Estos últimos cronifican el problema, pero tienen asegurado ese espacio de visibilidad e intereses de todo tipo. Una política profesional que ignora u obvia a su sociedad civil, es una política que no merecemos y que debe ser transformada en sus fundamentos.

Escribimos desde el cansancio y el hartazgo: ¿a quién llaman expertos? ¿cómo siguen creyendo que tiene legitimidad lo que dicen? Han creado esta expresión: el laberinto educativo español. Hablamos desde la experiencia: hay unos asesores y expertos que no saben lo que es una competencia básica, o los problemas del aprendizaje por competencias en el trabajo de aula, hay unos asesores y expertos que no saben cómo se hace un proyecto de centro o una programación de departamento, hay unos asesores y expertos que no tienen ni un conocimiento básico de pedagogía, psicología o neurociencias. Lo repetimos: hablamos por experiencia. Esos mismos y otros similares son los que seguimos leyendo hace muchos años, incluso décadas: no tienen  conocimiento directo de lo que hablan, pero tienen asegurada su endogamia académica y política. Nada que añadir más. Un detalle final, cuando asesoramos en el proyecto INED21 siempre apostillamos algo que les sorprende: seguimos dando clase. No es común, todos los asesores endogámicos hace mucho tiempo que habían huido de tal actividad, y algunos nunca la han ejercido. O la ejercen sólo en el ámbito universitario: no conocen directa o indirectamente los problemas reales de un colegio o instituto en este país. Los mismos que ofrecen soluciones: escandaloso. Asesorar no significa que te hagan caso, lo sabemos también. Por favor, no nos llamen nunca expertos. Aquí no.