Quisiera justificar esta expresión: el laberinto educativo. Para ello acudiré a varios argumentos que tienen un objetivo: existe y debemos crear una tercera vía en educación. No hacerlo, nos condena al actual laberinto educativo. Las consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales de proseguir y perpetuarlo, no nos la podemos permitir. Escribimos en una situación que anuncia la cronificación del mismo: la aprobación de la LOMCE, y el anuncio por una mayoría de los partidos de la oposición de su derogación inmediata en una hipotética llegada al poder. El debate educativo merece un cambio de dinámica, escapando del laberinto educativo. Sintetizaré en tres argumentos ese camino para esa tercera vía educativa.

Salir del laberinto educativo implica un cambio de dinámica en la elaboración y concreción final de la política educativa: de una política arriba/abajo, a una política de abajo/arriba. Lo diré técnicamente: de una política vertical que ha dominado y lo sigue haciendo con su origen en la sociedad industrial, a una política horizontal propia de una sociedad del conocimiento. Varios argumentos para lo anterior: en una sociedad del conocimiento la ciudadanía horizontal que empieza a vislumbrarse quiere ser parte del proceso, no sólo un voto final que legitime un resultado; la política educativa es una política compleja especialmente, entre otros factores, por los agentes que la protagonizan, y por la naturaleza interrelacionada de una amplitud de factores que condicionan su implementación y éxito; finalmente, porque la comunidad educativa está estupefacta ante siete reformas educativas en el período democrático.

Salir del laberinto educativo implica consensuar una serie de elementos y estructuras que puedan servir de “mínimo común” para que la política educativa sea una política de Estado. Esa política de abajo/arriba desde la participación de todos, por ejemplo: de aquellos que nunca han sido escuchados, los únicos profesionales del sistema, sus docentes, debe buscar e identificar esos elementos y estructuras que se tienen evidencia internacional de su relación causal o, al menos, que tienen una fuerte correlación con el éxito y los buenos resultados en diferentes países y contextos educativos. Lo denominamos comparativismo crítico. Existen, pero deben ser identificados y asumidos en esa tercera vía educativa. Nosotros desde INED21 proponemos algunos que hemos desarrollado, pero no tenemos la verdad absoluta, deben ser dialogados y contrastados entre todos en esa política de abajo/arriba.

Salir del laberinto educativo implica construir un diálogo educativo donde ese “mínimo común” sea el principio de una política educativa que no esté asociada al partidismo y la coyuntura política. El bipartidismo político y académico que ha monopolizado el debate educativo, ha producido esa imposibilidad de diálogo desde sus mismas posiciones endogámicas: ¿para qué dialogar si puedo legislar directamente? Es hora de que nuestra democracia dé un salto de madurez: pidiendo que se democraticen internamente esas organizaciones que son vitales en cualquier democracia representativa: los partidos políticos. O ejemplifican su discurso, o volverán a lo mismo con falsas salidas. Esa tercera vía en educación implica a la ciudadanía y a la sociedad civil en sus diversas formas de asociación, hasta llegar a ese pluralismo político y ciudadano, más allá del bipartidismo asfixiante que se sucede en la actual endogamia sustitutiva.

Desde INED21 proponemos y estaremos allí donde esa tercera vía en educación sea posible. No somos ingenuos: es muy difícil que esta idea y esta corriente encuentre receptividad en el bipartidismo reinante. Difícil no significa imposible, pero han de cambiar muchas formas y actitudes de hacer política educativa. Si ese cambio lo dan, la calidad democrática de nuestro país se lo agradecerá. Este país no puede sostener este laberinto educativo indefinidamente: el presente y futuro de nuestra joven democracia en términos históricos está en juego. Ya nos conocen: realismo y sentido común frente a tanto enfrentamiento cainita. Ningún país tiene destino, el futuro es una palabra que debemos escribir entre todos. El laberinto educativo debe acabar. Una tercera vía educativa es posible: nos la merecemos aunque haya tanta resistencia.