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Educar no es domesticar

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Deseo comenzar este mi primer artículo para el Magazine INED21 felicitando a sus fundadores y desarrolladores Víctor González y José Luis Coronado por esta magnífica contribución a la Educación, y por tanto al desarrollo personal y social de tantas personas.

También quiero expresarles mi agradecimiento por permitirme contribuir a todo ello.

¿Por qué Educar no es domesticar?

El título Educar no es domesticar es el mismo que es de mi último libro, publicado en el pasado septiembre cuyo leitmotiv se describe en el subtítulo  “Educando desde la libertad, en libertad y para la libertad”.

Aunque reconozco que el título es un poco sensacionalista, refleja bastante bien el contenido, que de suyo no es muy convencional. Por ir dirigido también a educadores no profesionales está redactado como un “mix” divulgativo.

Condicionar los pensamientos y las conductas

A lo largo de las páginas combina abundantes principios pedagógicos contrastados por la Pedagogía con multitud de situaciones prácticas concretas, cuyo conocimiento puede ser útil para toda persona que tenga a su cargo hijos o alumnos.

educar no es domesticar

Trato de alertar, en el libro y en este artículo, de las graves consecuencias personales y sociales que se derivan del empeño, más o menos latente y en ocasiones evidente, que tienen algunas instancias públicas o privadas de querer condicionar los pensamientos y las conductas.

La educación siempre debe partir del hecho de que los seres humanos somos libres y necesitamos la libertad para poder vivir, al menos de la forma que nuestra dignidad exige.

Evidentemente, educar en libertad no debe entenderse como una invitación al “todo vale”; curiosamente, hoy día da la impresión de que, en aras de una mal entendida tolerancia, se está imponiendo dogmáticamente el pensamiento de que cualquier conducta ha de ser permitida.


También puede ser de tu interés:

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Ludiletras, en clase o desde casa, para infantil y primaria.

El arte de dar clase (según un lingüista). Por Daniel Cassany.


Ideas fundamentales

Considero relevante destacar, entre otras, las siguientes ideas:

  • Es muy importante liberarnos de las pequeñas o grandes cadenas que impiden, o dificultan, que levantemos el vuelo hacia esa plenitud que anhelamos en nuestro rinconcito más íntimo y que todos tenemos en mayor o menor medida. El protagonista de la educación es el educando. Los demás somos, y no es poco, “ayudantes”.
  • En Educación son mucho más importantes los fines que los medios, los recursos o los métodos.
  • La Educación auténtica implica la participación voluntaria del educando mientras que en el adiestramiento, la domesticación, el animal es obligado y condicionado por los estímulos externos de forma que se pretende que necesariamente ejecute las acciones que el domador exige. Cuando en la educación se pone casi exclusivamente el acento en las conductas externas sin considerar la importancia de las intenciones, actitudes, etc. es muy fácil caer en el conductismo, muy próximo al adiestramiento.

En una reciente entrevista me preguntaban: ¿Para qué se educa?  ¿Cuál es el fin último de la educación? Contesté a las dos preguntas aportando mi definición de educación:

“Ayudar a cada ser humano a establecer y mantener vínculos valiosos con la realidad, especialmente con las personas”1.

Felicidad y educación

El fin último es LA FELICIDAD. Llamarlo “último” no quiere decir que haya que esperar al final de un proceso para alcanzarlo. La alegría en la educación tiene desde mi punto de vista un papel múltiple, es punto de llegada, punto de partida y también modo de recorrer el camino.

Deberíamos organizar las cosas de modo que nuestros niños y jóvenes pudieran experimentar en su aprendizaje el “gozo de saber”; es muy poco motivador aludir continua, y casi exclusivamente, a la necesidad de cumplir el deber para ser “alguien” el día de mañana.

Es muy peligroso caer en el reduccionismo de convertir la actividad educadora en un recurso al servicio de los poderes políticos o económicos. Desgraciadamente ese peligro se materializa en nuestra vida diaria con demasiada frecuencia.

No es ocioso considerar que, en mayor o menor medida, todos somos educadores y por tanto con nuestras palabras, gestos o conductas en la vida diaria podemos contribuir al logro de los grandes fines de la Educación que podrían sintetizarse en aspirar a una sociedad más humana.

Termino estas breves líneas “levantando acta” gozosamente del hecho de que hay muchos padres y madres, educadores y profesores que, con gran espíritu de iniciativa y creatividad, están haciendo aportaciones muy valiosas que comparten en las RRSS con gran espíritu de generosidad. ¡Muchas gracias!


1Definición presentada en el Congreso Internacional: “MAYORES, MENORES, MUJERES Y HOMBRES: CUESTIONES CONTROVERTIDAS SOBRE LA IGUALDAD” organizado por la Universidad de Alcalá de Henares. 4 octubre 2012.


N. de. E.: Desde INED21, queremos compartirles, con permiso de don Fernando, un vídeo donde el autor aparece hablando de esta obra imprescindible que todos deberíamos tener en nuestra biblioteca educativa: Educar no es domesticar. Un lujo:

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