Me consta, hay muchos docentes que estáis cambiando vuestra forma de enfrentaros a la tarea diaria de enseñar. Y me consta que lo hacéis con el único propósito de mejorar los aprendizajes de vuestro alumnado.

Algo está cambiando. Cosas buenas están ocurriendo  en educación y poco a poco se está gestando una corriente de profesorado que ha salido de su “zona de confort docente” e idea  propuestas de mejora docente (casi) a diario.

Sí, a vosotros, maestros y maestras, que con vuestro trabajo aprendéis cada día y mejoráis la educación, quiero daros las gracias por haberme ayudado a comenzar el camino de la innovación.

Confieso que hubo aspectos que me retraían para lanzarme a iniciar esta senda y me hacían tener pensamientos del tipo “yo no soy de esos”, pero he descubierto que estos aspectos eran un error:

  • La irrupción vigorosa de las tecnologías de la información en los centros de enseñanza, a veces, me llevó a la creencia  errónea  de identificar innovación y uso de las TIC. Desde esta perspectiva siempre pensé que sólo innovaba el docente que era capaz de introducir las tecnologías de la información en sus clases. 
  • También erré al asociar innovación a grandes proyectos de cambio; ese tipo de cambio que causan gran impacto (incluso mediático) en su entorno. Viéndolo así me decía: sólo innova el grupo de docentes capaces de desarrollar grandes transformaciones en sus centros. Nunca me encontré con ellos.
  • Una tercera creencia errónea que me perseguía era identificarsólo como innovadores a aquellos docentes que eran capaces de transmitir excelentemente sus opiniones de forma variada y en diversos foros. Identificaba innovación y capacidad de comunicación. Y siempre me he visto mermado en este aspecto.

Ahora ya no tengo vergüenza. Conocí a otros muchos innovadores que me la quitaron. Ciertamente las tres formas que he mencionado de provocar cambios educativos en los entornos inmediatos y mediatos, son altamente innovadoras y dignas de reconocimiento. Pero no es menos cierto que hay cientos de docentes, casi anónimos, que realizan innovaciones domésticas y que con sus acciones están provocando un efecto mariposa que, me parece muy emocionante: pequeños aleteos que producirán un gran huracán. Me gusta esta forma de cambio, un cambio sereno  que podríamos denominar innovación boca a boca, o más propiamente dicho innovación aula a aula

Dejé de ser timorato. Me ayudó la RAE: Innovar significa “mudar o alterar algo, introduciendo novedades”. Me  tranquilizó. (Esta definición elimina presión a todos los que tenemos, o creemos tener, menor capacidad innovadora, pues indica claramente que para ser innovador sólo es necesario cambiar “algo”,  introducir una novedad en el aula). Respiré hondo. Me pareció que ser innovador era posible. Se trataba de esforzarme cada día (o de vez en cuando)  en hacer algo que no hacía antes, de llevar a cabo acciones educativas que nunca había implementado y que mucha gente que las hacía aseguraban que el aprendizaje de su alumnado mejoraba claramente. Me propuse cambiar y convertirme en un innovador sin vergüenza.

Hoy quiero compartir con vosotros  esta pequeña guía  de Propósitos para la innovación doméstica que me facilitó la introducción de cambios y mejoras en mis tareas docentes. Hoy soy más feliz con mi trabajo. Tengo la sensación de estar colaborando con un proceso de innovación global, un proceso de transformación  del mundo educativo que se contagia de docente a docente,  de aula a aula, de centro a centro.  

Obviamente no es necesario llevarlos todos a cabo. Se pueden elegir algunos. Probar, mezclar o priorizar. Decidir. Ampliar a otros. Crear nuevos. Se trata de ajustar, de manera serena, tu estilo de enseñanza y, al mismo tiempo, hacerlo coherente con tu visión de lo que es aprender. Sólo una advertencia: es adictivo.

Estos fueron, y son, los 15 propósitos que me ayudan a ser innovador sin morir en el intento…y  que aconsejo:

  • Introduce algún pequeño cambio en los modos de agrupamientos de tu alumnado. Pasa del trabajo individual al trabajo grupal en alguna actividad.  Proponte la organización de pequeños grupos estables o esporádicos. Crea un juego para crear agrupamientos que sean heterogéneos y equilibrados. Déjales un poco de margen, pero vigila que en el grupo puedan haber “intercambios de ayuda”. Asigna roles al grupo y deja que los miembros de cada grupo se organicen. Facilita para ello un pequeño esquema de las responsabilidades de cada rol y anímales a diseñar insignias que les identifiquen. Pídeles que creen sus propias normas.
  • Planifica, de vez en cuando, actividades con interacción. Sabemos que la interacción es una de las claves de la enseñanza activa e innovadora. Es sencillo. Modifica tus actividades habituales  preparándolas para el trabajo en grupo. Busca y aplica dinámicas cooperativas sencillas. Hay cientos en la red. Crea o adapta alguna dinámica interactiva que obligue a cooperar. Acércate al Aprendizaje Cooperativo.
  • Sistematiza momentos de socialización rica en tu aula. Invita a “alguien de fuera” a venir e interactuar con tu alumnado (Diseña una actividad apropiada para ello, no lo dejes ala azar). Busca otros foros donde tus alumnos y alumnas actúen, intervengan, expongan o expliquen. Crea proyectos, tareas y/o actividades de Aprendizaje Servicio y obsequia a tu alumnado con la posibilidad de hacer algo por su comunidad.
  • Sobre todo interrógate. Reflexiona al finalizar la jornada lectiva sobre tu satisfacción con el desarrollo de las sesiones de clase. Verbaliza  o escribe si conseguiste que los alumnos aprendieran lo que te habías propuesto…y analiza lo ocurrido. Toma notas que te ayuden a reconocerlo y así poder cambiarlo. Sistematiza tu trabajo.
  • Crea evaluaciones sistémicas. Atrévete y pregunta  también al alumnado y a sus familias. Consúltales mediante cuestionarios sobre sus deseos, sus sueños, sus necesidades, sus intereses…y haz todo lo posible para que se puedan realizar en tus clases. Hazlos evaluadores de sus actividades y las de los compañeros. Implícales en la mejora que todos desean.
  • Proponte usar alguna herramienta TIC. Ve seguro. Comienza por herramientas simples y comunes. Aprende poco a poco y comprométete a utilizarlas  por lo menos en un par de ejercicios, actividades o tareas de manera continuada en tus programaciones quincenales. Comenta o consulta a compañeros. Busca tutoriales en la red. Verás que no es complejo.
  • Otorga protagonismo a tu alumnado. Dedica un tiempo  para que los alumnos y alumnas decidan sobre lo que quieren hacer, expresen lo que les interesa aprender o acuerden mejoras  personales o grupales. Verás cómo ese tiempo, lejos de ser perdido, sirve para la mejora exponencial de su implicación, ilusión y aprendizaje.
  • Interésate en conocer y observar a tus alumnos. Crea espacios en el aula para sus necesidades. Favorece el desarrollo de sus múltiples inteligencias. Asegúrate de no ofrecer una enseñanza estandarizada y plana, sino rica, flexible, variada y personalizada. Ofrece a cada uno lo que necesita; potencia lo que les gusta; magnifica en lo que sobresalen. Es sencillo. Hazlo como lo harías con tus hijos/as.
  • Aprende de otros y con otros. Observa lo que hacen otros compañeros y adapta a tu aula lo que te guste y ayude a tus alumnos. Establece lazos de colaboración con los compañeros a los que admiras. Busca alianzas internas y externas; próximas y lejanas. Observarás la cantidad de gente que aprecia el valor de tus aportaciones.
  • No dejes nada al azar. Piensa en la utilización de los tiempos de clase y provoca ejercicios que desarrollen el pensamiento sistemático. Empodera a tu alumnado utilizando rutinas y ejercitando métodos ya verificados (científico, histórico..).
  • Proponte utilizar pequeñas estrategias metodológicas que no habías utilizado antes (Aprendizaje Basado en Proyectos, Aprendizaje Cooperativo, Agrupamientos Flexibles, Rincones de Aprendizaje, Flipped Classroom…) y enriquece tu propia visión de la enseñanza. Amplia tu zona de desarrollo y lánzate a pequeñas aventuras. Disfruta del placer de enseñar lejos de corsés  y ataduras.
  • Participa en alguna actividad de formación informal en la que te interese profundizar. participa en encuentros docentes, charlas informales, una tertulia café para aprender,…busca la amistad en tus compañeros y compañeras. Esto te dará oportunidad de compartir con otros tus experiencias y formar parte de una comunidad de docentes que opinan como tú. También debes, al menos una vez al año, hacer formación formal. Busca en MOOC, en formación telemática del INTEF; propón un seminario en tu centro o, incluso inscríbete en un cuso de tu centro de profesores. Existen muchas opciones y oportunidades.
  • Elimina las clases dolorosas. Haz de tu clase un placer permanente y compártelo con tu alumnado. Date oportunidad para comprobar que los alumnos y alumnas son capaces de disfrutar y respetar. Es sencillo: Prepara alguna sorpresa por lo menos una vez a la semana; Proponte ser genial por lo menos una vez al mes; Busca historias emocionantes y llévalas a clase, por lo menos una vez al trimestre.
  • Publica, comenta, comparte tu satisfacción.  Atrévete a salir a foros, congresos. Crea un blog. Escribe en la bitácora de tu centro. Comenta escritos de otros. La satisfacción de sentirte comprendido es la mejor recompensa emocional a los pequeños esfuerzos diarios.
  • Por último. No tengas miedo a lo que opinen otros.  Ve lo bueno donde otros ven lo malo. El mundo cambia con ejemplos, no con opiniones o comentarios. No sufras. No luches. Evita la batalla doméstica, la presión “claustral”. Si no encuentras apoyo cercano, búscalo  más lejos. Recuerda que, a veces, los árboles no te dejan que puedas ver el bosque. Olvida los grandes cambios. Comienza poco a poco. Dale un respiro a tu seguridad y no te dejes contagiar por el  desánimo y la frustración que,  en ocasiones, nos rodea.

Esto no es extraordinario. Innovar no es diferente a lo que hacemos cada día en el aula. Sólo es necesario ponerle mucha ilusión, con unas pequeñas dosis de técnica y talento.