Móviles en las aulas

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Móviles en las aulas. Tema escurridizo y polémico en el mundo de la educación, especialmente, en la enseñanza secundaria, que es cuando los menores de edad suelen incorporar estos dispositivos electrónicos en su cotidianeidad.

¿Qué podemos hacer desde los centros escolares para encontrar un punto exacto y armónico en el que la tecnología conviva de manera segura y con el menor número de interferencias posibles en la evolución escolar de los adolescentes?

moviles en las aulas

Móviles y centros escolares

En primer lugar, creo que no podemos negar el impacto del uso de los teléfonos móviles en nuestro crecimiento personal, en la forja de las relaciones y en todo lo referente a su incorporación plena a los hábitos de vida y ocio de personas de todas las edades.

Ese, precisamente, es el gran problema de intentar erradicarlos de los centros escolares: si son una herramienta de trabajo y de interacción social de gran valía para el mundo adulto, tenemos que procurar que lo sea también para los jóvenes.

El problema, así, no está tanto en el qué, sino en el cómo y el cuándo. El uso rutinario de los móviles llega a las vidas, lo queramos o no, y cada vez llega antes. La clave será determinar cuándo las personas están preparadas para convertirlos en herramientas de aprendizaje o de trabajo.

Al igual que soy un firme defensor de la incorporación de los móviles como uno de los instrumentos que pueden usar los alumnos y alumnas en su día a día, también considero que la postura totalmente laxa o permisiva puede ser contraproducente.

Móviles en las aulas, premisas

Por ello, creo que sería bueno establecer una serie de premisas que podemos tener en cuenta a la hora de valorar entre los acuerdos de centro la incorporación de los teléfonos móviles a las aulas:

  1. El alumnado que comienza la enseñanza secundaria, que tiene en torno a los 12 años de edad, no está preparado para usar libremente este tipo de dispositivos electrónicos en los centros.
  2. El centro puede –y creo que es muy recomendable– plantearse como objetivo global dentro de su proyecto educativo que el alumnado vaya incorporando a sus aprendizajes imprescindibles destrezas relacionadas con la educación digital, de forma que, en un momento determinado, y ya según criterios  pedagógicos se pueda valorar que un estudiante ha desarrollado una serie de aptitudes para que se le permita usar el móvil.
  3. Esas aptitudes sobre competencia o educación digital pueden ser medidas utilizando portafolios similares a los que miden las destrezas idiomáticas según el Marco Común Europeo de Referencia de las Lenguas.
  4. Como referencia se puede usar el Marco Común de Competencia Digital Docente, promovido por la Unión Europea. Este también mide y reconoce desde hace ya algunos años la adquisición de estas destrezas tecnológicas entre el profesorado. Podría ser interesante una herramienta similar para el alumnado.
  5. Para ello, y si agentes educativos externos no lo llevan a cabo, debieran ponerse en marcha en los centros programas de alfabetización digital que fueran capaces de medir –y en cierta medida certificar– el grado de adquisición de estas destrezas en nuestros estudiantes a lo largo de los distintos cursos por los que vaya discurriendo.
  6. Entre los acuerdos pedagógicos de centro, pueden figurar rúbricas de evaluación de esas destrezas digitales, que serán las herramientas que nos permitan medir de manera colegiada cuándo está preparado cada estudiante para incorporar el dispositivo móvil a su vida escolar.
  7. Si queremos estar más seguros, podría ser interesante incluir entre las Normas de Organización y Funcionamiento un reglamento de utilización preciso y detallado de todo tipo de dispositivos en el centro. Este puede ser útil especialmente ante conflictos que siempre pueden darse, y más en una sociedad en donde la ciberseguridad y los delitos informáticos están cada vez más a la orden del día.
  8. El alumnado que haya superado con éxito este programa de alfabetización digital, podría recibir esta acreditación (una especie de “carné”), que será la que lo habilite como usuario validado para incorporar el móvil a su día a día en los centros.
  9. El principio de inclusión educativa nos lleva a marcarnos como objetivo que todo el alumnado posible alcance este reconocimiento al final de la ESO. Por ello, pueden crearse distintas categorías según los perfiles, habilidades y características de cada estudiante. No hay que olvidar, por ejemplo, el valor que la tecnología tiene para el Diseño Universal del Aprendizaje (DUA). Prescindir de ella para lograr la inclusión es hasta contradictorio.

Esta forma de acreditar grados relacionados con la educación digital contribuye a forjar una ciudadanía responsable en cuanto a la sociedad hiperconectada que nos ha tocado vivir.


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Realidades emergentes

Podemos seguir enfrascados en la prohibición taxativa, ya que consideramos más sus riesgos que sus ventajas, sí; pero no podemos cerrar los ojos ante estas realidades emergentes y ante el hecho de que los jóvenes, una vez salen por las puertas de los centros, van a sumergirse muchas horas en un mundo digitalizado que en gran parte, si no se remedia, los está llevando a ser meros consumidores pasivos de contenidos.

Por ello, hacer un mejor uso de la tecnología digital tiene ser una prioridad para los planes de trabajo de todas las escuelas, por lo que el desarrollo de estas capacidades en donde la actitud respetuosa y la creativa se combinen, tiene que ir a la par de otras cuestiones como:

  • La educación en valores.
  • O la educación humanística.

Tan necesarias hoy en día. Ello implica también involucrar a familias y al entorno. Los miedos, como ocurre en otras facetas de la vida, surgen muchas veces del desconocimiento, por lo que crear comunidades de aprendizaje compartido en torno a asuntos como:

  • La privacidad.
  • La protección de la información.
  • La identidad digital.
  • O la creación de contenidos digitales.

Tienen que estar entre las señas de identidad de una nueva escuela que urge movilizar. Y entre esas señas, forjadas hoy para la convivencia del mañana, no faltará la presencia de los móviles en las aulas.