Uno de los capítulos pendientes de lo que hemos denominado memoria educativa, es volver a prestigiar uno de los oficios más difíciles y complejos: el que se ocupa de la enseñanza-aprendizaje. Hemos dicho oficio, preferimos decir pasión: un alumno es la memoria que dejamos. La actual crisis no tendrá ninguna solución que no pase por un cambio educativo, éste no puede realizarse sin un cambio más profundo y horizontal: los profesores como un capital social reconocido y prestigiado de este país. Volvemos a repetirlo: un profesor es un creador de futuro. Exponemos dos argumentos justificando esta idea: el profesorado como capital social. Argumentos que quieren ser parte del actual debate educativo.

Primero: el profesorado es el verdadero motor y cambio del sistema educativo. Todos los estudios y comparaciones internacionales señalan esa clave: un profesorado de calidad, un profesorado excelente. Nuestro sistema tiene este potencial, hace falta el diseño adecuado para que pueda concretarse. Avanzamos dos ideas que hemos señalado y explicado muchas veces: un nuevo modelo de selección (DIR) y nuevos modelos de formación para una educación en una sociedad del conocimiento. Sabemos de la actual situación: desánimo, sensación de abandono por parte de las administraciones y conciencia de que no se nos pregunta en cualquier cambio legislativo. Es la hora de afirmarnos como oficio y profesionalmente: somos un capital social que se necesita valorar. Nadie lo hará por nosotros, comencemos.

Segundo: el profesorado tiene una responsabilidad social que ésta debe reconocerle. La mentalidad de nuestro país sigue inmovilista respecto a los prejuicios que recaen sobre nuestro oficio. Pocas profesiones tan complejas como enseñar a treinta alumnos cada día. Esta sociedad no nos conoce: ese desconocimiento alimenta muchas estrategias políticas y sociales que minusvaloran nuestro trabajo. Motivación, compromiso y formación: tres palabras sencillas que pueden más que cualquier ley educativa. O iniciamos ese cambio de opinión y perspectiva sobre lo que somos y hacemos, o seguiremos cayendo en el victimismo. Comuniquemos y expliquemos nuestro oficio y sus problemas: nadie lo hará por nosotros.

Queremos terminar definiendo y explicando lo que llamamos memoria educativa: la deuda social de este país con los protagonistas de su sistema educativo. Enumeramos tres ideas concretas que desde el ámbito político, social y mediático se deben hacer: respetar y prestigiar al profesorado; escuchar para toda iniciativa legislativa, la opinión y experiencia de quien da clase; dar a conocer su trabajo diario en las aulas, con sus problemas y dificultades. Una deuda social, una deuda educativa. Desde el realismo de  INED21: el profesor es un capital social que debe ser reconocido.