Hoy explicaremos las líneas principales de una de las propuestas de mejora que incluimos en el análisis: “Desde la igualdad a la excelencia”: el DIR. Al decir propuesta establecemos una intención de partida: está abierto al debate educativo y como tal, siempre mejorable en su concreción final. Debatir es colaborar con un fin común, debatir implica reconocimiento de las influencias y transparencia.

El actual sistema de selección es anacrónico e ineficaz: el actual máster universitario de formación pedagógica, sustituyendo el anterior y breve CAP, más un examen teórico-práctico, no son los sistemas mejores y filtros adecuados para una docencia de calidad. Tres argumentos, entre otros, basados en informes comparativos, contra el actual sistema: cualquiera puede entrar en el proceso de selección; segundo, el currículo universitario está alejado de la práctica pedagógica real; tercero, no hay una práctica que dé retroalimentación y que mejore efectivamente la práctica docente.

Nuestro modelo de DIR ( Docente Interno Residente) se divide en dos fases que están interrelacionadas. Antes de entrar en el detalle expositivo, dos reflexiones en forma de pregunta: ¿puede mejorar un sistema donde se trata igualmente a todos, más allá de su trabajo diario?, ¿puede mejorar un sistema educativo que no tiene una cultura evaluativa con consecuencias prácticas en nuestra carrera profesional? No: las pruebas son los países que apuestan por sistemas de selección exigentes y reconocidos socialmente por sus resultados. No hay milagros educativos: hay trabajo y organización adecuada con retroalimentación continua.

Primera fase: fase de selección del DIR. En ella hay tres características que deben estar incorporadas en esta fase de inicio: cupos limitados de entrada, ¿por qué? Competencia y optimización del proceso van de la mano, asegurar la plaza de inicio desvirtuaría todo el proceso; ¿quién puede estar en esa lista inicial? Vamos a la segunda característica, la selección académica: al igual que en muchos de los mejores sistemas educativos del mundo, el 30% de las mejores medias universitarias es un porcentaje adecuado; tercera y última característica: una entrevista personal que, rigurosamente, empiece a delimitar el perfil psicológico y emocional necesario para el ejecicio de la docencia actual.

Segunda fase: fase de formación del DIR. En ella distinguimos dos líneas que están relacionadas: una formación teórica y práctica. Primera: un año de formación pedagógica y metodológica actualizada, respecto a esto último llegamos a concretar diez competencias que, desde INED21, creemos necesarias en el perfil docente del s.XXI (competencia en la materia; estrategias metodológicas: equilibrio metodológico; planificación educativa; prácticas adecuadas al desarrollo del alumnado; habilidades de control de aula; habilidades de motivación; habilidades de comunicación; competencia en el reconocimiento psicológico individualizado; competencia intercultural para el alumnado complejo y diverso actual; competencia sociológica para comprender los ámbitos sociales donde se desarrolla la tarea de enseñanza-aprendizaje).

Segunda línea: formación práctica de 1/2 años, con las siguientes características. La existencia de un docente-tutor, que sea reconocida por el sistema, los mejores deben ser modelos y tutores en directo de los que inician la carrera docente; inmersión educativa de forma progresiva; incentivación en el avance del proceso selectivo. No puede desarrollarse calidad docente, donde no haya selección y exigencia respecto a las metas que nos proponemos como sistema educativo.

Brevemente este es el DIR, proceso de selección y formación del docente, que es la medida más realista y viable para mejorar el quién y qué se hace en el trabajo de aula. Todo proceso y sistema en una sociedad del conocimiento debe conllevar una cultura de la evaluación interna y externa: la excelencia se demuestra, debiendo ser reconocida profesional y económicamente.

Como dijimos inicialmente, una propuesta abierta al debate y a la matización. Realismo educativo desde INED21. En un país donde se está planteando la búsqueda de excelencia, la cultura profesional es un deber. Esto implica debate con transparencia y reconocimiento de las fuentes. Lo demás, nos retrata individual y colectivamente.