Frenos a la promoción de la excelencia 3

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Insistencia por enseñar a todos lo mismo

Muchos educadores tienden a enseñar a todos los estudiantes el mismo currículo y al mismo nivel. Se plantea aquí el dilema del agrupamiento homogéneo de los estudiantes para la instrucción frente al agrupamiento heterogéneo. Sin embargo, la investigación apoya más el agrupamiento por capacidad y rendimiento que por edad, por dos razones fundamentales:

Proporciona un mayor juego entre las necesidades del estudiante y la instrucción que recibe.

Los estudiantes que difieren en capacidad responden de manera diferente a las estrategias y a los métodos de enseñanza.

Estas pueden ser, entre otras, las razones que lleven a un trato inadecuado a los alumnos más capaces que, al igual que el resto de los alumnos, tienen la necesidad de una educación que se adecue a sus posibilidades y capacidades, como ya he señalado reiteradamente.

Necesitamos ser conscientes y responsables de las diferencias individuales y esto, cuando menos, supone desarrollar políticas educativas apoyadas en los hallazgos de la investigación (Benbow y Lubinski, 1994).

Como ya escribí en otro lugar:

“Esperar resultados educativos iguales para todos los estudiantes no es posible, porque entre otras cosas contradice los hallazgos de la investigación educativa y genética, que han puesto de manifiesto grandes diferencias individuales en el conjunto de los aprendizajes de los escolares. Además, ese conjunto de aprendizajes varían considerablemente para cada niño en función del área de contenido concreta, así como del grado de capacidad que posean».

Un niño con un talento matemático extremo requerirá una programación educativa diferente de aquel que tenga un talento matemático moderado y, a su vez será, distinta de aquel que tenga un talento verbal sobresaliente.

Respondiendo a esas diferencias individuales, que sin ninguna duda existen, y permitiendo resultados diferentes, no creamos elitismo. Se podría decir que es justo lo contrario.

Esta programación diferencial únicamente busca que ciertos alumnos alcancen el nivel al que pueden llegar, ni más ni menos. Al igual que se pretende que un niño con algún tipo de deficiencia pueda alcanzar, mediante una educación adecuada, muchos logros que sin ella no conseguiría. No debemos olvidar que los estudiantes de alta capacidad, por el mero hecho de serlo, no son capaces de un desarrollo completamente autónomo; podemos estar seguros de que muchas de sus capacidades no saldrán a la luz sin la ayuda necesaria.

No debemos olvidar, en definitiva, en palabras de Benbow y Stanley (1996) que:

«Si queremos que los individuos estén bien preparados cuando la sociedad los necesite, necesitamos estar aquí para ellos, cuando ellos nos necesitan”.

En suma, entiendo que es necesario proporcionar a todos los niños una oportunidad igual para aprender y desarrollar su potencial pleno. Esto es coherente con el verdadero significado de la educación, que supone ser sensible y consecuente con las diferencias individuales.

La igualdad debería ser vista como el igual acceso a una educación apropiada. Así las cosas, no establecer o eliminar programas válidos para estudiantes que poseen una habilidad sobresaliente, o un talento concreto, en cualquier campo, deberían ser consideradas decisiones tan faltas de acierto, como eliminar programas para alumnos con problemas de aprendizaje.

Es necesario que la sociedad considere a todas las personas y grupos para dar respuesta a la diversidad, y, por tanto, a la riqueza que ella conlleva.