Robert Swartz,

una mente inspiradora para todo docente

En artículos anteriores, de la mano de Robert Swartz hemos comprobado que es necesario mejorar el pensamiento, ya que, habitualmente, trabajamos con algunos patrones desafortunados. También hemos visto cómo podemos mejorar nuestro pensamiento mediante organizadores del pensamiento y que el mejor espacio para mejorar el pensamiento es dentro de la escuela, infusionando el trabajo de enseñar a pensar  con el currículum académico.

Con el principio nº 4, Robert Swartz y David Perkins, nos introducen en el arte de enseñar a pensar. Un arte que se basa en la relación efectiva de tres elementos imprescindibles para un pensamiento de calidad: habilidades, procesos y disposiciones para pensar mejor.

INED21


Atención a las habilidades,

procesos y disposiciones1 

DAVID PERKINS – ROBERT SWARTZ

Habilidades de pensamiento

Algunos de los enfoques para la enseñanza del pensamiento se centran en la práctica de algunas rutinas u organizadores del pensamiento como son la lluvia de ideas o brainstorming, la evaluación de la fiabilidad de un testimonio o la identificación de los puntos principales en un párrafo o texto. Estos enfoques se centran en lo que podemos denominar como desarrollo de determinadas habilidades de pensamiento.

David Perkins y yo mismo, en 1990, organizamos las habilidades de pensamiento en tres categorías básicas:

I

Habilidades de pensamiento que nos permiten generar ideas nuevas: pensamiento creativo.

II

Habilidades de pensamiento que nos permiten aclarar y clarificar las ideas: pensamiento analítico deductivo.

III

Habilidades de pensamiento que nos permiten evaluarlas ideas, determinar su fiabilidad y emitir juicios bien fundamentados: pensamiento crítico.

Podemos verlas de modo esquemático en el siguiente cuadro (figura 1).

Figura 1: Tres categorías de importantes tipos de pensamiento para enseñar a los estudiantes a realizar de forma más hábil.

Procesos de pensamiento

Otros enfoques de la enseñanza del pensamiento se centran en los procesos, es decir, organizadores del pensamiento más amplios que implican a su vez trabajar un conjunto de habilidades de pensamiento específicas.

Un ejemplo de esto sería el proceso de toma de decisiones, como ilustramos en la figura 2.

Figura 2: Ejemplo del proceso “Toma de decisiones”

Como podemos apreciar en este cuadro, el proceso de toma de decisiones se estructura en 3 pasos:

1

Generar o identificar las opciones.

2

Evaluar cada opción en términos de consecuencias (positivas y negativas).

3

Analizar y sintetizar las evaluaciones para tomar una decisión.

Cada uno de estos pasos implica el desarrollo de un grupo concreto de habilidades.

Desarrollar Habilidades y Procesos

de forma específica

La diferenciación entre habilidades y procesos es muy sutil, pero es importante tenerla en cuenta desde el punto de vista pedagógico pues, tanto los procesos como las habilidades de pensamiento, necesitan ser desarrollados de forma específica, para evitar caer presos de los defectos o vicios habituales de nuestro pensamiento (recordamos el principio 1: vago, apresurado, desorganizado y estrecho de miras).

Sin embargo, la mayoría de los enfoques para enseñar a pensar descuidan un nivel u otro.

Algunos sólo se concentran en la enseñanza de las habilidades, fruto de un enfoque atomizado (algo, por otro lado, muy común en otras enseñanzas como las matemáticas, que descomponen la materia en unidades mucho más pequeñas, y aisladas una de la otras, y sólo enseñan una de estas unidades cada vez).

Además, los enfoques que se centran en el desarrollo de habilidades, habitualmente no las desarrollan todas. Algunos se centran en las habilidades analíticas, otros en aquellas propias del pensamiento creativo y otros en habilidades propias del pensamiento crítico.

Otros enfoques se centran en desarrollar procesos más generales como, por ejemplo, la toma de decisiones o la resolución de problemas, y ponen poca atención al necesario desarrollo de las habilidades implícitas en estos procesos y que permitirían a los estudiantes abordarlos con mayor destreza y eficacia.

Bajo nuestro punto de vista, tanto las habilidades como los procesos deben estar presentes de forma determinante en todo esfuerzo realizado para enseñar a pensar. Y cuanto más amplio sea el rango de habilidades que se abarca, mejor.Cuando estas dos dimensiones no se ensamblan en las mentes de los estudiantes, no les estamos capacitando realmente para realizar tareas más significativas y amplias.

Por ejemplo,dentro del contexto del proceso de la toma de decisiones, los estudiantes pueden trabajar la habilidad de comparar y contrastar junto a otras habilidades que también son importantes para una buena toma de decisiones.

La disposición hacia

un mejor pensamiento

Además, para conseguir que todos nuestros estudiantes se formen como buenos pensadores, hemos de añadir una tercera dimensión: la disposición hacia un mejor pensamiento.

Se trata de una dimensión igualmente importante y que también requiere de especial atención durante la enseñanza. Mientras que los procesos y las habilidades se refieren a lo que haces para pensar bien, las disposiciones o  actitudes hacen referencia a la tendencia a seguir estos procesos.3

Los estudiantes aprenden muchas cosas. Sin embargo con frecuencia no usan todo aquello que aprenden, excepto quizá para pasar los exámenes. ¿Y por qué no lo utilizan?

Quizá la falta de motivación para usar una habilidad particular o un determinado conocimiento; o quizá la falta de hábito en poner a trabajar lo aprendido, aún cuando si quisieran hacerlo; o quizá no detectan ocasiones en las que pueden usar ese conocimiento. Es decir, observamos que la disposición no es sólo una cuestión de motivación, pues también depende de otros factores como los hábitos y la capacidad para detectar las ocasiones donde aplicar lo aprendido.

Estas tres dimensiones (habilidades, procesos y disposición), en su conjunto, contribuyen al despliegue de un mejor pensamiento y nos proporcionan evidencias de que para enseñar a pensar debemos ir más allá del desarrollo de habilidades y procesos. También debemos ayudar a nuestros estudiantes a desarrollar la adecuada disposición para pensar mejor.

Existen diferentes tipos de disposición que nos habilitan para desarrollar un pensamiento de más calidad. Así, podemos hablar de una disposición muy específica, como la tendencia a explorar opciones cuidadosamente cuando te enfrentas a una toma de decisiones, o un modo de disposición más amplio, como la inclinación a reservarte el veredicto hasta que hayas reflexionado cuidadosamente sobre todos los factores a tener en cuenta, no importa si estás tomando una decisión, resolviendo un problema o implicado en cualquier otro proceso de pensamiento.

En algunos desarrollos curriculares y escritos (junto a nuestros colegas Shari Tishman, Heidi Goodrich y Eileen Jay) hemos subrayado cuatro tipos de disposición clave, que mostramos en la imagen siguiente.

Es importante dejar claro que la mera declaración de consignas no desarrolla esta disposición en los estudiantes. Sin embargo, cuando estas disposiciones clave se recuerdan con frecuencia, y se trabajan los procesos y las habilidades que las acompañan, acaban arraigando y ayudan a organizar y mejorar el pensamiento de los estudiantes. Les aleja de los desafortunados patrones habituales de pensamiento –apresurado, estrecho de miras, vago y desorganizado-. Cada una de ellas, se centra en uno de estos cuatro vicios, recomendando un patrón de comportamiento opuesto que los contrarresta.

Y ¿cómo podemos,los docentes, ayudar a los estudiantes a desarrollar disposición o tendencia hacia un mejor pensamiento?

Modelando nuestro propio compromiso hacia cada una de sus disposiciones clave,  cuando surjan ocasiones de forma natural en el aula.

Mostrando nuestra mentalidad abierta hacia la mejora del pensamiento, con mayor atención en las actividades diseñadas para enseñar a pensar.

Promoviendo la búsqueda de opciones y alternativas para provocar que nuestros estudiantes se fijen en estas disposiciones clave , y pongan atención en su desarrollo.

Involucrando a los estudiantes para que exploren cuándo se deben usar cada una  de las diferentes habilidades y procesos, para que aprendan a detectar las oportunidades más adecuadas para usar este conocimiento.

Embarcando a nuestros estudiantes en una empresa constante de pensar bien a lo largo de las diferentes áreas de contenido y en distintas ocasiones para que desarrollen buenos hábitos de pensamiento.

En resumen

Principio nº 4

El desarrollo del pensamiento de los estudiantes requiere cultivar sus habilidades, procesos, y las disposiciones relativas a un mejor pensamiento. Un enfoque completo abarca una diversidad de estos tres aspectos.


1 Este artículo es una adaptación para INED21 del artículo de David Perkins y Robert Swartz, titulado: The Nine Basics of Teaching Thinking (1992) Editado por Artur L. Costa, James Bellanca, Robin Fogarty  en Si la mente importa. Un preámbulo del futuro, Volumen 2. Traducción y adaptación realizada por Paulina Bánfalvi Kam @aacclarebelion3 yJosé Blas García Pérez @jblasgarcia.

2 Si bien los pasos individuales en este plan son habilidades relativamente centradas, podemos llamar al plan global un proceso de pensamiento.

3 Ennis, R. H. (1986). A taxonomy of critical thinking dispositions and abilities. In J. B. Baron & R. S. Sternberg (Eds.), Teaching thinking skills: Theory and practice, (p. 9-26). New York: W. H. Freeman.

Perkins, D. N., Jay, E., & Tishman, S. (in press). Beyond abilities: A dispositional theory of thinking Merill-Palmer Quarterly.

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Robert Swartz  es filósofo. Doctor y profesor emérito de la Universidad de Massachusetts, en Boston, lleva más de treinta años investigando,  en una estrecha colaboración con un gran número de docentes e investigadores internacionales, sobre cómo enseñar a pensar a los alumnos , habiendo publicado numerosos libros sobre este tema. Ideólogo  del método Thinking Based Learning (TBL)  y es considerado uno de las personalidades más influyentes en el ámbito de la educación mundial.   También es director del Centro para la Enseñanza del Pensamiento (The Center for Teaching Thinking, CTT),  organización educativa que ofrece talleres, programas de desarrollo profesional y recursos didácticos para escuelas y universidades interesadas en introducir el pensamiento crítico y creativo en su currículo, con sede permanente en España.