El traje nuevo del emperador es una poderosa historia que, a buen seguro, pervive en el imaginario colectivo de muchos de los lectores de este magazine: se trata de una historia –¿sencilla?– en su construcción que repiquetea fuerte en sus conclusiones:

Cuesta detectar a los farsantes cuando revisten su discurso de oropeles ante los que podemos considerar como neófitos.

Otra idea que subyace es que no todos están dispuestos a desenmascarar la realidad cuando ese proceso implica desfacer entuertos, en palabras de Alonso Quijano, cuando se trata de denunciar ante el poder la oquedad en la que muchas veces se instala su discurso.

Para los más jóvenes o para los desmemoriados, proponemos este vídeo en el que bien pueden ilustrarse acerca del relato de marras:

Creo que es pertinente traer a colación este cuento de la infancia de muchos en el panorama educativo; concédanme ustedes unos cuantos párrafos para que pase a mostrarles mi enfoque en este tema.

Ya hemos insistido varias veces en la necesidad de fortalecer la formación inicial del profesorado, es la clave del arco: cualquier cosa vale para un profesorado que no maneja los rudimentos de su oficio, se confía todo en que son capaces de aprender porque saben de un tema. En este sentido, resulta muy necesaria la óptica del Tpack que el profesor Tourón nos han indicado en más de una ocasión.

Todo se confía en el bloque del conocimiento curricular en aras de que, desde ese prisma, se puedan manejar otros resortes del mundo educativo. Los otros pilares del Tpack, como el pedagógico y la innovación tecnológica, quedan desiertas a expensas de otro momento de posible mejora. Así nos va luego…

El mercado lo sabe y se aprovecha de las buenas gentes que quieren lo mejor para sus aulas, pero no siempre se elige con el mejor criterio.

LA VERDADERA TRANSFORMACIÓN

La verdadera transformación que las aulas necesitan

Es una de las poderosas raíces que entroncan con el cuento que hoy traemos, cuando el personal comienza su particular singladura en el oficio docente, desconoce muchos de los campos que serían de obligado conocimiento, de manera que, cuando deciden adentrarse en los procelosos vericuetos de la formación, en aras a mejorar su práctica docente, se topan con los sagaces sastres, aquellos que no conocen el tema de la educación con el rigor que esta necesita y se hacen pasar por gurús sin saber de aula, charlatanes modernos con poco fundamento en su propuesta y con una charla TED en sus lomos.

Curioso, por no decir lacerante, que estos sastres / charlatanes coinciden en algo: en su afán por el dinero… Por necesitar cada vez más tela, sobre todo para sus bolsillos

Ávidos de incrementar su cuenta bancaria en perjuicio de lo que pueda pasar de verdad en el aula.

Si la cuestión parece ya de por sí decepcionante, esperen a ver acontecimientos que aumentan los contenidos de la metáfora que hoy utilizamos: el rey, la todopoderosa Administración, los proclama como tejedores oficiales justo en el momento que decide o se deja embaucar por su discurso nacarado, pero desnudo en el interior; en numerosas ocasiones, nos encontramos a estos sastres engrosando su bolsillo dirigiendo ambiciosos programas de la administración que solo sirven como agitación y propaganda temporal, mientras el político de turno esté en su cómoda poltrona, y que no acaban en la verdadera transformación que las aulas necesitan, son programas y planes que se diseñan de una manera más que adecuada sin contar con la realidad del centro, trajes de sastres que no se acercan a lo que es el contexto que cada centro tiene y que, por lo tanto, están abocados al más absoluto de los fracasos.

En el otro lado del espejo, los docentes, que por no pasar por innovadores, hacen en sus aulas artificios vacíos en los que no hay fundamento alguno.

Ejemplos de ello tenemos, sin ir más lejos, en plataformas digitales de aula en las que no hay más que una clase decimonónica revestida de modernidad en la que nos podemos encontrar con absoluto asombro con castigos, listas negras de oprobio y prácticas que no debieran existir en el panorama educativo actual.

La jugosa moraleja que debiéremos sacar de todo esto es la necesidad imperante de empoderar al profesorado en su práctica docente, dotarlo de la suficiente formación que lo haga capaz de distinguir a los charlatanes de los verdaderos docentes que llevan un discurso poderoso para el aula. Para ir terminando:

¿Quién hace de confesores públicos de la realidad que se vive en el panorama educativo?

¿Quién representa el papel de inocente, del niño el que desvela la verdad?

Obviamente, los docentes empoderados que antes aludíamos y que son capaces de distinguir la verdad de la mentira; ellos constituyen la verdadera vanguardia educativa que ha iniciado el proceso de cambio de la educación que este país necesita, ellos componen la clave del arco sobre el que ya estamos construyendo la nueva educación que este país necesita de cara a convertirse en una sociedad de prestigio en el concierto de las sociedades en el que nos ha tocado vivir.