Director(a) o docente, me voy a tomar la libertad de tutearte. Si sigues mi blog regularmente, estoy seguro de que ya somos viejos conocidos (si no, no habrá de importarte demasiado). Los puntos que siguen se refieren a los alumnos de alta capacidad, pero bien podrían hacer referencia a cualquier alumno de cualquier centro educativo. Cada uno encierra una máxima que pretende hacernos reflexionar: ¿te las has planteado alguna vez en cuanto a su operatividad en los centros de enseñanza?
Tanto si eres director(a), como si eres docente, a buen seguro te habrás planteado cada una de las cuestiones con frecuencia –varias veces, incluso, a lo largo de cada curso–. Es lo más natural, pues de ello depende el futuro de muchas personas que tienen derecho a labrárselo con ciertas garantías y que hoy te necesitan. Es ley de vida: mañana, nosotros los necesitaremos a ellos.
Cada punto podría estar precedido de un «estoy de acuerdo con que…»:
1
La diversidad y las necesidades educativas específicas, derivadas de la primera, deben contar con la atención prioritaria de cualquier Centro Educativo, por tanto, de cualesquiera de sus docentes.
2
Todos los alumnos necesitan, de manera transitoria o permanente, adaptaciones en su instrucción; que serán tanto más excepcionales, cuanto mayor sea su diferencia con la media de grupo del que forman parte.
3
Un currículo orientado al alumno medio (que por ser una abstracción no existe como tal en ninguna parte), con la misma dificultad y nivel de profundidad para todos los alumnos al mismo tiempo, no satisface las necesidades educativas de casi nadie.
4
El desideratum de la instrucción y, por ende, de la educación, es la personalización. La individualización cuando hablamos en términos instructivos.
5
Es imprescindible conocer cuáles son las necesidades específicas de mis alumnos, de cada alumno. Para ello es preciso utilizar procedimientos de evaluación frecuente que determinen qué competencias dominan y cuáles no y, en función de ello, pautar la enseñanza para cada uno.
6
Específicamente, refiriéndonos a los alumnos de alta capacidad, y pensando en mi centro o en mi clase: ¿sé quiénes son?; ¿sé qué características tienen?; ¿sé cómo orientar su educación?; ¿hay un plan de identificación establecido para mi centro o para mi aula?; ¿hay un plan de intervención adecuado a sus necesidades? Si la respuesta a todos estos interrogantes es afirmativa, ¡enhorabuena! Si no, ¿por qué no te animas? No es difícil, es posible; algunos ya lo hacen. Es que si no lo hacemos, ¿cómo podremos mantener en nuestros planes docentes o en los proyectos curriculares de centro las referencias a la «educación personalizada»? ¿O a la «individualización educativa»? ¿O a la «atención a la diversidad»? Simplemente, no será posible.




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