ENTREVISTA A FRANCISCO MORA

ENTREVISTA A FRANCISCO MORA

Hoy tenemos el privilegio de tener en una entrevista con a Francisco Mora, Catedrático de Fisiología Humana por la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Medicina por la Universidad de Granada, y doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford, asimismo desarrolla su trabajo actual entre la Universidad de Iowa y España.

Uno de los autores más interesantes de las neurociencias a nivel mundial, y especialmente en ese cruce apasionante que llamamos neuroeducación. Autor de una obra prolífica, algunos de ellos son: “Neurocultura”, Alianza Editorial, 2007, “Cómo funciona el cerebro”, Alianza Editorial, 2009, “El bosque de los pensamientos”, Alianza Editorial, 2009, “El dios de cada uno: por qué la neurociencia niega la existencia de un dios universal”, Alianza Editorial, 2011; o su último libro, “Neuroeducación. Sólo se puede aprender  aquello que se ama”, Alianza Editorial, 2013.

Sin más presentaciones, les dejamos con sus respuestas. Un placer poder entrevistarle en este pequeño rincón: el Magazine INED21. Disfruten.

Francisco-Mora

1. ¿Cómo sintetizaría en tres claves la educación del s. XXI?

La educación en nuestro siglo ya lleva una dirección que viene trazada por la Ciencia y en particular por la Ciencia del Cerebro, alejándola poco a poco de opiniones e ideologías. Todo esto se puede reducir a una clave. Aquella con la que, utilizando el método científico, abrirá los códigos que encierran el funcionamiento del cerebro. Esto nos debiera llevar a un nuevo concepto de la educación. Un nuevo mundo de conocimientos e instrumentos con los que mejorar la enseñanza de los profesores y el aprendizaje en los alumnos. Pero sobre todo a una nueva educación que cambie al ser humano. Y más allá, y aunque parezca idealista, yo me atrevo a predecir que esta nueva educación llevará a desterrar lentamente el pensamiento mágico y a potenciar el pensamiento analítico y crítico y desde luego el creativo. Todo esto acontecerá de un modo lento pero  también, inexorable.

2. ¿Cuáles son las tres aportaciones imprescindibles de las neurociencias, que todo docente debe saber para su trabajo de aula? ¿Podría ponernos algún ejemplo?

La aportación fundamental de la Neurociencia reside en hacer ver a todos los docentes que la puerta de entrada al conocimiento es la emoción. Y que es con la emoción como despierta  la curiosidad de la que se sigue la apertura automática de las ventanas de la atención, lo que pone en marcha los mecanismos neuronales del aprendizaje y la memoria. De esto se sigue que en el aula y en cada clase de todos los días, se debe comenzar haciendo despertar la curiosidad del alumno con algo tal vez ajeno a la propia clase. Algo, sea una pintura, una pequeña pieza de música o de literatura, un objeto extraño, un evento sucedido en el día o la propia palabra del docente que emocione y que en el contexto de la temática de la clase arranque los motores del aprendizaje. Hay profesores de enseñanza media que ya han puesto en marcha estas ideas. Por ejemplo, han encontrado que sus alumnos muestran un gran interés cuando, cada día, antes de comenzar la materia de la clase y  durante algunos minutos, se les muestra en imágenes lo que hará el cerebro de ellos mismos cuando sigan con atención la temática de esa misma clase. Esto ya se está haciendo. Y al parecer funciona.

3. En esa nueva figura que usted tanto ha explicado: el neuroeducador, ¿qué funciones y ayuda puede aportar en un sistema educativo del s. XXI?

El neuroeducador, en cada colegio, sería una figura capaz, de evaluar críticamente los nuevos conocimientos que aporta la Neurociencia, de modo tan acelerado y cambiante, sobre la enseñanza y transmitirlo a los maestros y los profesores. Hay muchos falsos conocimientos, mucho neuromito que hay que rechazar. El lenguaje neurocientífico es un lenguaje, como todo lenguaje científico y técnico, difícil de asimilar por los no iniciados. De ahí la necesidad de un traductor entre la neurociencia y el profesor que trabaja directamente en el aula. Todo profesor tiene ya que saber como funciona el cerebro, sede última de lo que se aprende y memoriza. Y conocer qué mecanismos cerebrales son los que, al ponerse en marcha, llevan a un mejor aprendizaje y memoria de los alumnos. Y aunque estemos en esta temática en el principio de la historia y desconozcamos infinitamente más de lo que conocemos, es ya el momento de tomarse en serio el papel del cerebro en la enseñanza. Y en esto el neuroeducador representaría un papel fundamental.

4. ¿Podría señalar y explicar tres neuromitos que estén extendidos en la cultura popular?

Hay muchos, más de cincuenta. Permítame que le indique solo uno. Y es aquel que dice, y se sigue propagando constantemente por los medios de comunicación (aun a pesar del desmentido también constante  de los neurocientíficos), que solo se utiliza el 10% del cerebro.  Es mentira. Sería largo explicarle en que se fundamenta lo que digo. Pero créame, el cerebro es “uno” en su funcionamiento y utiliza para cada función específica todos los recursos de los que dispone. Todo ello no quiere decir, permítame el eufemismo, que haya gente en la que tal neuromito no se convierta en verdad.

5. En esa nueva complejidad cognitiva/emocional que las neurociencias van desvelando, junto a otras disciplinas, recuerdo una afirmación suya: “la emoción es la energía que mueve el mundo”, ¿cómo están entrelazadas las emociones en nuestro pensamiento y acción?

La emoción es central en el procesamiento de todo lo que se ve, se toca, o se oye. Es consustancial a estar vivo en el mundo pues el mundo sensorial solo cobra significado cuando el cerebro emocional lo colorea de bueno o de malo. Y así las palabras, las decisiones, la razón, el conocimiento y hasta los movimientos que realizamos. Todo está bajo el control de los códigos que velan por la supervivencia. Y ese control es inconsciente. Y en ello se incluye por supuesto lo que se aprende y memoriza. Aprender es tan básico y consustancial a esa supervivencia como lo es la comida o la bebida. Y la memoria igual. Todo el mundo sabe, por propia experiencia, que lo que mejor se recuerda es aquello que tiene un fuerte contenido emocional. Y hoy sabemos que los abstractos, las ideas que hiladas conforman el pensamiento humano, ya tienen significado emocional, Sí, definitivamente, la emoción es la energía que mueve el mundo.

6. ¿Cuáles serían las novedades que las neurociencias están descubriéndonos sobre ese fenómeno tan  escaso y demandado hoy en la sociedad de la información: la atención?

La atención es central a la percepción del mundo y del pensamiento. Nada se puede  aprender, de modo consciente, sin el proceso atencional. Con la atención se conforma el proceso neuronal consciente que atrapa lo que se percibe. Y es con lo que se aprende y clasifica que asoman las diferencias de las cosas y eventos del mundo y eso es conocimiento. La atención no es un proceso unitario. El cerebro pone en marcha redes neuronales diferentes para atender a fenómenos diferentes. Hay una atención básica que es diferente a aquellas otras que conocemos como fija, orientativa, ejecutiva (que es la del estudio), virtual o creativa y digital (Internet). Su conocimiento, particularmente la del estudio, puede ayudar mucho a estudiantes y profesores en distinguir por ejemplo los diferentes tiempos atencionales que se requieren para diferentes materias de estudio.

7. Desde su perspectiva neurocientífica y ahondando en un debate tan polarizado, ¿qué ventajas puede tener en el desarrollo de un alumno el uso de la web? ¿Tenemos evidencia, desde la investigación actual, de incovenientes en ese uso?

Ventajas muchas. Es una herramienta muy útil que provee de información rápida. Y digo herramienta porque no hay que olvidar que eso es lo que es internet. Internet no puede sustituir a la enseñanza en el colegio aunque haya programas muy buenos y muy útiles en la red que pueden alcanzar con sus enseñanzas  a muchos rincones aislados del mundo. El maestro “real”, la humanidad “real” y no cibernética de quien enseña, sigue y seguirá siendo absolutamente insustituible y fundamental. Pero todavía es muy temprano para evaluar los inconvenientes de internet, aparte los casos de adicción que se multiplican en el mundo. Sí parece que internet esta desarrollando un tipo de foco atencional que difiere de la atención ejecutiva que es la que se requiere para el estudio y que va en detrimento de este último.

8. Desde un punto de vista filosófico, la modernidad cartesiana con su dualismo radical (mente, res cogitans/cuerpo, res extensa) está superada como paradigma explicativo, ¿qué características podría ir configurando esta nueva etapa desde su perspectiva neurocientífica?

Como Ud. comenta el dualismo está superado y sin duda que en esto ha contribuido poderosamente la Neurociencia Cognitiva y desee luego el conocimiento actual de la propia evolución humana. Sin embargo, es verdad que nadie puede negar la existencia de un alma espiritual humana como tampoco nadie podría  negar que no exista una tacita de té, poniente el ejemplo de Bertrand Russell, dándole vueltas a la tierra,  sobre todo además si la tacita es invisible a cualquier observación humana.  Pero la ciencia claramente te lleva a lo estéril de tal propuesta y a la falta de necesidad de esa pregunta para la Ciencia. Hoy es claro, ya alejados de las brumas del pensamiento mágico, que el ser humano es producto del proceso azaroso que es la evolución y coherente con la continuidad de la existencia biológica de todo lo vivo sobre la tierra. No hay ninguna intervención sobrenatural en el caso del hombre, eso es hoy tan claro como claro lo es para los teólogos más avanzados.

9. ¿Estamos ya en una “cultura neuro? ¿Qué implicaciones más inmediatas está teniendo y tendrá en un futuro próximo?

Permítame que le conteste a esta pregunta con una respuesta poco académica  y más coloquial y de tertulia. Lo “neuro” se ha sacado “de tiesto”. Todo comenzó con la “Neuro-filosofía” de Churchland. Era innovadora y tenía un claro sentido el bautizo “neuro”. Lo que ella quería expresar fundamentalmente era lanzar una “mirada fresca” a entender mejor el problema cerebro-mente, o si se quiere cuerpo-espíritu, desde los conocimientos de la Neurociencia y hacer “nueva” esa visión.  Es decir, señalar que la Filosofía, al menos en este problema, se volvería muy pronto estéril si a partir de “ya” no se tuvieran en cuenta los conocimientos que se tienen acerca de qué es y cómo funciona el cerebro. Podría haber generalizado el título y haberle puesto al libro  “Cerebro y Filosofía” pero no lo hizo. Y el término “neuro”, como si fuera un meme, ganó fortuna. Desde entonces, con la fuerza de ese arranque original, nacieron con igual fundamento, la Neuroética, Neuroeconomía, Neuroestética, Neurocultura, Neuroarquitectura, Neuroeducación y todas con ese sentido de arrancar “una nueva mirada”, un antes y un después, al pensamiento sobre el hombre y su mundo. Pero como todo, nació la ola y tantos y tantos han hecho surf en ella. Ahora, sin fundamento alguno, se le pone “neuro” a casi todo, queriendo con ello llamar la atención hacia “lo nuevo y rompedor” y desfigurando con ello y su fundamento el sentido original de lo “neuro”.

10. ¿Cómo resumiría las lecciones que las neurociencias pueden darnos sobre qué significa aprender en nuestra sociedad de la información en el s. XXI?

Significa anclar definitivamente el proceso de aprendizaje y enseñanza a unas bases sólidas y definitivas alejadas de opiniones, ideologías o alumbramiento de métodos individuales. Esto tendrá un desarrollo y unos alcances todavía no predecibles. Nos damos cuenta ahora que aprender y memorizar no es simplemente almacenar algo útil, sino cambiar el cableado del cerebro de los individuos en su física y en su química y trenzar con ello sus futuros. Que cada etapa del desarrollo humano hasta su muerte y en su individualidad, necesitará de procesos de aprendizaje diferentes acorde a  los códigos cerebrales puestos en marcha en cada etapa de ese arco vital humano y alejados de los miedos que instrumentan nuestras sociedades actuales. Y en todo ello contará el papel de las paredes entre las que se enseña, sus colores, la temperatura, la luz, la orientación y los sonidos. Contarán los espacios, sean estos a ras de tierra y abiertos o arriba anclados a un kilómetro de altura por encima de las nubes. De modo que habrá un cambio profundo en la educación. Algo sin embargo vaticino que no cambiará. Por muchos medios electrónicos y digitales que haya, incluso asumiendo que viviremos con robots y ordenadores que podrán crear, junto con la visión y el sonido, un mundo artificial de “emociones humanas” “olores” y “tacto” y que nos reconocerán al llegar al trabajo y en casa y hablaremos con ellos y nos facilitarán enormemente a todos el aprender y memorizar bien, seguiremos necesitando la interacción “caliente” del maestro con los alumnos y entre ellos. ¡Eso es imprescindiblemente “humano” y eso no cambiará…! ¡No dejará de ser humano!

Neuroeducación

Gracias por sus respuestas, Francisco. Hay autores que nos devuelven nuestra biografía: sigo su obra detenidamente desde hace mucho tiempo (“Una tarde con Francisco Mora“), y es un lujo poder conversar (toda entrevista lo es, y de diferentes formas) con uno de los autores más interesantes de las neurociencias a nivel mundial. Gracias por el apoyo e interés que siempre ha demostrado en el Magazine INED21: Francisco Mora, un autor imprescindible.

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