La creatividad no es la inspiración que lleva a un artista a pintar un cuadro fabuloso, aunque sea esa la imagen que viene a la cabeza de la mayoría de personas. Es mucho más que eso; es una manera de hacer las cosas, de resolver problemas, de vivir. Es una capacidad y se puede adquirir.

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Definiciones de la creatividad hay casi tantas como autores que la han estudiado. A mí personalmente me gusta la de Jerome Bruner: “la sorpresa eficiente que resulta de la actividad combinatoria: una clasificación de ideas desde una nueva perspectiva”.

¿Y para qué querríamos adquirir esta capacidad? Pues para lograr  y mejorar cualquier otra capacidad. La creatividad no está supeditada a artistas o escritores. Podemos encontrarla en la biología, la ingeniería, el marketing, la repostería… en cualquier disciplina. Las personas creativas son capaces de encontrar nuevos enfoques, mejores soluciones a problemas, nuevos usos para cosas ya existentes; pueden inventar.

Estas personas tienen unos rasgos de personalidad comunes, como pueden ser la curiosidad intelectual innata, el valor, la flexibilidad o el entusiasmo, pero esto no significa que sean creativas por naturaleza y que el resto de los mortales tenga vedado ese campo. A un niño intelectualmente curioso, esa curiosidad natural le otorga la motivación necesaria para aprender a leer rápidamente y así poder entender todos esos letreros que se cruzan en su camino cada día desde su casa a la escuela. La motivación es lo que le hace aprender porque le da el valor necesario para alejarse de su zona de confort y querer practicar y practicar. Así se aprende. Pues la creatividad se aprende como se aprende a leer, y no porque lo diga yo, que ya lo dijo antes Ken Robinson. Lo que se necesita es la chispa que la enciende.

En la creatividad no sólo intervienen la personalidad y la motivación. Un entorno favorecedor es también decisivo. Mihaly Csikszentmihalyi  opina que la creatividad no se produce dentro de la cabeza de las personas, sino en la interacción entre los pensamientos de éstas y su contexto sociocultural. Howard Gardner habla del “triángulo de la creatividad” y sus tres niveles: individual, del campo y del ámbito. Tina Seeling va más allá y crea una cinta de Moebius con tres causas internas (conocimiento, imaginación y actitud) y tres externas (recursos, hábitat y cultura) intrínsecamente enlazadas alimentándose unas de otras. Un contexto poco estimulante explica porqué algunas personas creativas no están a la altura de su verdadero potencial.

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Existen numerosas técnicas para potenciar el pensamiento creativo, os cito algunas de las que conozco y me parecen más interesantes:

Sinéctica

Ideada por William Gordon, consiste en generar analogías, que pueden ser directas, personales, contrarias, simbólicas o fantásticas. Se utilizan para evitar soluciones comunes uniendo elementos aparentemente inconexos e irrelevantes. Un ejemplo sería tratar de resolver un problema empresarial en base a un problema análogo en una disciplina diferente como por ejemplo la historia.

Binomio fantástico

Creada por Gianni Rodari, es muy utilizada en literatura. Consiste en hacer trabajar nuestro ingenio buscando la conexión de dos conceptos muy lejanos el uno del otro, como por ejemplo el binomio ardilla-colador.

La brújula

Técnica de Arthur Van Goundy para generar ideas y orientar problemas haciendo uso de la pregunta “¿por qué?”.


Incorporar la creatividad es necesario. Parece que hoy la sociedad digital nos lo da todo hecho: Internet y las distintas aplicaciones nos proporcionan respuestas inmediatas para ese trabajo de la escuela o esa tarea tediosa del trabajo. Estudios como el de Gardner y Davis (La Generación APP) nos muestran que el contexto en el que nos encontramos puede volvernos dependientes de la tecnología, holgazanes que se dedican a repetir lo que otros ya hicieron en su día, o podemos valernos de dicho contexto para desarrollar nuestras capacidades y adquirir nuevas habilidades.

Todos tenemos potencial creativo, el reto está en convertirlo en competencia.

Seamos listos y aprendamos a ser creativos.


BRUNER, J.S. (1980): “Condiciones de la creatividad”. En BEAUDOT, A.: La creatividad. Narcea
CSIKSZENTMIHALYI, M. (1998): Creatividad, el fluir y la psicología del descubrimiento y la invención. Paidós.

GARDNER, H. (2010): Mentes creativas. Una anatomía de la creatividad. Paidós
GARDNER, H. y DAVIS, K. (2014): La generación APP: cómo los jóvenes gestionan su identidad, su privacidad e imaginación en el mundo digital. Paidós Ibérica
ROBINSON, K. (2009): El elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo. Grijalbo
RODARI, G. (1989): Gramática de la fantasía. Aliorna
SEELING, T. (2012): inGenius: A Crash Course on Creativity. Hay House