Necesitamos despertar a nuestros niños y jóvenes a la vida

Augusto Cury  (2007, p.101)

HACIA-DÓNDE-VAMOS-Magazine-INED21


En primer lugar quisiera agradecer a INED21 la oportunidad de poder expresar mi opinión y compartir mis experiencias sobre la educación y el aprendizaje del siglo XXI en su Magazine.

En este primer post quisiera plantear un posible enfoque sobre hacia donde va la educación y la tarea docente.

El pasado verano mientras daba un curso de formación docente me hicieron la siguiente pregunta: “¿hacia dónde cree que va la educación?”. Tal compleja pregunta todavía sigue resonando en mi cabeza en busca de la mejor respuesta.

Vivimos en una sociedad tecnológica caracterizada por el cambio permanente en todos los niveles. De hecho, nos encontramos nuevamente ante otro cambio legislativo, y como apuntan los expertos, no demasiado esperanzador. Ante tal realidad, somos muchos los docentes que nos cuestionamos en nuestro día a día en el aula, hacia donde va la escuela, la educación y el aprendizaje. ¿Cómo podemos mejorar la práctica docente?, ¿cómo hacer que nuestro alumnado aprenda, disfrute aprendiendo y no deje de hacerlo durante toda su vida?, ¿qué tendencias educativas favorecen el cambio metodológico y cómo podemos incluirlas en clase? … .

Leyendo a grandes autores de referencia en el campo educativo como por ejemplo Prensky, Gerver, Gardner, Acaso, Mora, Coll, Ibarrola, L’Ecuyer, Reig, Cobo, Perrenoud, y tantos otros, se observa la llegada de nuevas (y algunas no tan nuevas) tendencias educativas que permiten el desarrollo de las habilidades y competencias del alumnado del siglo XXI. La gamificación, la personalización del aprendizaje, la clase invertida, las metodologías activas, el desarrollo de las emociones, las inteligencias múltiples, el ABP, el aprendizaje social, el m-learning, las TIC-TAC-TEP, la Neuroeducación, el trabajo cooperativo, las ecologías de aprendizaje, el aprendizaje basado en retos, el e-learning… etc. parece que son algunas de las tendencias emergentes que deben guiar nuestra tarea docente.

Como profesora de ESO me pregunto: ¿Cuál de estas tendencias va a permitir mejorar y facilitar el aprendizaje de mis alumnos?, ¿por qué, para qué y cómo puedo utilizarlas en el aula?…

Difícil respuesta, aunque por suerte, tenemos un amplio abanico de opciones que permiten acercarnos al tan ansiado cambio educativo.

El otro día leía un tweet del inspirador profesor Boris Mir que decía: “No eres profesor de nada hasta que tus alumnos aprenden”.

Pues bien, en mi opinión, este debería ser el motivo del cambio. Poner el acento en el alumnado, podría ser la respuesta a la ardua pregunta de hacia donde va la educación y la tarea docente. De hecho, bajo mi punto de vista, las tendencias educativas emergentes tienen un denominador común: el alumnado como protagonista. Buscan personalizar, motivar, emocionar, cooperar, compartir, participar, facilitar, crear… en definitiva, potenciar un aprendizaje auténtico y experiencial que sitúe al alumnado en el centro del proceso.

Pero obviamente, el cambio de rol no afecta solo al alumnado sino que el docente, por su parte, se convierte en arquitecto, DJ (Acaso, 2013) y diseñador de oportunidades de aprendizaje. Por ello, es urgente conseguir una educación que seduzca al alumnado, que le cuestione, que le invite a participar activamente, que se acerque a su realidad, que le plantee retos y desafíos, que atienda a las particularidades de cada alumno/a, que le ayude auto gestionar sus emociones y encontrar aquello que realmente le apasiona. Una educación que desarrolle en el alumnado las competencias necesarias para enfrentarse y resolver con éxito los problemas de la vida cotidiana.

Bien, pero… ¿cómo hacer el cambio?, ¿cómo dejar atrás una educación jerárquica, subida a la tarima, de bolígrafo rojo, repleta de deberes y con exámenes memorísticos al final de cada tema?…. En mi humilde opinión, la respuesta reside en el propio docente. Debemos ser nosotros mismos los que salgamos y rompamos nuestra zona de confort y propiciemos el cambio. Probando, equivocándonos, compartiendo experiencias y colaborando con otros docentes, preguntando al alumnado sobre nuestra propia práctica y analizando constantemente nuestra tarea docente a fin de encontrar una educación para y con el alumnado.

Augusto Cury (2007) en su libro Padres brillantes, maestros fascinantes muestra los 7 hábitos de los maestros fascinantes. Su lectura me ha hecho reflexionar sobre las posibles características que debe tener un docente que pone al alumnado en el centro del proceso educativo. Así pues, tomando de referencia a Cury los maestros fascinantes

  1. Se interesan por comprender cómo funciona la mente humana a fin de atender al alumnado según su particularidad, promoviendo la autogestión de las emociones, la resolución de conflictos y la reflexión.
  2. Fomentan la autoestima, la tranquilidad y tienen sensibilidad.
  3. Educan la inteligencia emocional  e interpersonal del alumnado.
  4. Potencian la creatividad. Enseñan a pensar, a no repetir, a cuestionar, a debatir, a trabajar en equipo y a que el alumnado sea capaz de crear su propia historia.
  5. Inspiran y estimulan al alumnado. No se preocupan por las notas del alumnado sino por conseguir seres humanos auténticos.
  6. Utilizan la sorpresa, el silencio y la empatía como herramientas para la resolución de conflictos en el aula.
  7. Enseñan al alumnado a plantearse retos, a superar conflictos, a tomar decisiones, a no tener miedo a equivocarse, en definitiva, educan para la vida.
  8. A modo de síntesis y parafraseando a Ibarrola, la educación necesita un cambio de rumbo que sitúe al alumnado como protagonista de su propio aprendizaje mediante una actitud activa y participativa y bajo un clima emocional de aula favorable.

 Referencias