Escribimos estas palabras, desde INED21, como reconocimiento y apoyo a toda la comunidad educativa: docentes, padres, alumnos y administraciones. Todos sabemos la dificultad y complejidad de la situación en que nos hallamos. Pero en medio de la desmotivación y, muchas veces, tristeza que amenaza con extenderse, hay dos consideraciones que quisiéramos compartir. El objetivo es volver a recordar lo esencial: tenemos una responsabilidad concreta que no podemos eludir. Es más, esa responsabilidad se puede vivir de muchas formas. Nosotros hemos elegido esa expresión: pasión educativa.

Más allá de todo lo que nos rodea, somos responsables de un trabajo de aula intransferible que todo maestro o profesor puede transformar. Que nuestras clases estén planificadas, que tengan una relación lo más adecuada posible con los intereses de los alumnos, que desarrollemos un control didáctico de nuestra materia cada vez mayor, que cooperemos con otros compañeros y/o con el centro en diferentes iniciativas, todo ello está a nuestro alcance. Ninguna ley educativa vendrá a dar una buena clase por nosotros.  Pero sí al revés, un contexto negativo, puede superarse con un trabajo comprometido. No hay idealismo en lo que digo, tan sólo ese pequeño realismo del que quiere mejorar progresivamente, ante uno mismo y ante esos alumnos que son las verdaderas evaluaciones con rostro que cada día tenemos.

Más allá de todo lo que nos rodea, mostrarnos motivados o no está en nuestra decisión personal. Ninguna ley me obliga interiormente. Una clase donde la motivación sea una atmósfera constante, es una clase donde los alumnos acabarán contagiándose. Dificultades, problemas, limitaciones y esa inercia que acaba por devorarlo casi todo, son la justificación o, a veces, las razones de fondo del pasotismo y la pasividad que tantas veces se viste de hipercrítica. Ahora bien, la responsabilidad concreta de mi motivación está finalmente en mi voluntad. Por ello, este año que comienza es otra oportunidad para compartir lo que me motiva cada mañana. Sí, sigo pensando que hay clases extraordinarias que justifican mi oficio: la pasión educativa.

Todo lo anterior es parte de nuestra responsabilidad concreta. Ésta atañe a su vez, a los demás actores: padres que han de demostrar cada día que realmente la educación es lo más importante que le está sucediendo a sus hijos; alumnos que en su proceso de aprendizaje, deben interiorizar y demostrar que el trabajo y el esfuerzo, no son sólo dos palabras; administraciones en sus políticas educativas, que comiencen a asumir que ninguna política a medio y largo plazo, puede funcionar sin la voz de sus protagonistas. Esta voz debiera ser parte del proceso, no sólo de los resultados. Dialogar no es un verbo más, es la necesidad de vivir en democracia: un pluralismo frágil, pero un pluralismo de todos. Por ello, deseamos un buen inicio de curso a toda la comunidad educativa. Es un optimismo humilde, no tenemos otro. Un abrazo y fuerza desde INED21.