La historia que a continuación vamos a relatar no es la de Sofía, ni su amable currículum en torno a una familia bien estructurada, es una cara diferente, alejada de esta primera que apuntábamos en el artículo inicial de esta serie, basada en hechos ficcionados que, a buen seguro, a más de un docente, le van a sonar como verdaderos.

GRAMÁTICA PARDA

Mario es uno de esos bribones –¿encantadores?– que siempre anda metiéndose en pequeños líos a su corta edad… Los mayores lo enjuician rápido: ¡este chico va a acabar mal!

Apenas si tiene un solo instante de quietud, no sabe concentrarse en una sola cuestión, no ceja en su empeño de adentrarse en los entresijos de la gramática parda, la que se practica mucho en la calle y poco en la escuela.

Mario, de siempre, ha tenido una cara que no encuadraba con su edad, de aspecto atezado y, a qué negarlo, baqueteado ya por las vicisitudes de la vida; moreno, de ojos oscuros y con una sonrisa capaz de asomar en los momentos más necesarios para encumbrarse como un auténtico embaucador. Alto, delgado, aunque, últimamente, parece que asoma algo más de barriga en su vientre; siempre dispuesto a hacerse rápido con lo que más le interesa, su propio beneficio, por encima de algunas reglas convencionales que aún no ha conseguido aprender y que le quedan muy lejanas.

…Los gritos que en casa se profieren

papá y mamá

El día no amanece, en absoluto, con tranquilidad, se levanta súbitamente al escuchar los gritos que en casa se profieren papá y mamá; es una costumbre que se viene repitiendo desde que era bien pequeñito. Ya sabe lo que le corresponde hacer en estos instantes: se levanta sigiloso, se viste (ya dejó su montoncito de ropa preparado para la ocasión la noche anterior), sale del baño con un pergeño de aseo y se zambulle en la calle con un estómago que ni ha olido lo que podría ser un atisbo de desayuno saludable.

Se acerca por el mercado, lugar en el que sabe que se encuentra su cuadrilla, la que le asegura diversiones sin fin aún a pesar de que muchas de sus acciones acaban en regañinas y amenazas por parte de los adultos.

Últimamente, Mario ya ha enseñado un poco los dientes ante estas filípicas y deja asomar una veta de mala educación considerable tanto en sus gestos como en sus sentencias…

¡Este chico va a acabar mal!

¿ACABAR MAL?

Está un poco harto de esa frase, sobre todo, cuando la oye de continuo en el centro escolar; apenas si le da para poder escabullirse de las sanciones que acaban con expulsiones del colegio, las cuales, a su vez, desembocan en más tiempo fuera de casa y del cole aprehendiendo con más firmeza su realidad de calle, la gramática parda que antes citábamos, tan alejada de la de los libros que el centro escolar quiere imponerle

Cuando salen del mercado con unas monedas de euro que han cogido de un bolsillo amigo, salen masticando un delicioso dulce de chocolate que han podido adquirir por muy poco dinero; se encaminan a la piscina, donde siempre encuentran otras cuadrillas con las que pueden entablar algún tipo de conversación u otro tipo de altercados llegado el caso.

Le apasiona sumergirse en el agua y dejar que esta se posicione justo a la altura de sus oídos mientras su cuerpo flota con los ojos cerrados hacia el sol: es un instante casi mágico en el que no hay ruidos, no hay gritos ni amenazas, tampoco esa voz interior que hace presagiar que el grito de los mayores –¡Este chico va a acabar mal!– puede convertirse en realidad… De vuelta a casa, se encuentra el panorama habitual, no hay nadie en casa y puede comer a su antojo lo primero que encuentra en la nevera. No es en absoluto consciente, –y el caso es que algo dijeron en clase–, de la importancia de la alimentación, y se mete una comida de esas que llaman de calorías vacías de las que no sabe, que, aparte de su buen sabor, no aportan absolutamente nada bueno a su cuerpo.

LA SUPUESTA FIERA

La supuesta fiera que lleva dentro

Se enchufa delante de la tele por un espacio de dos horas y, justo a tiempo, consigue recordar que mamá vuelve en verano algo antes del trabajo y que seguro que va a intentar regañarlo por alguna que otra fechoría que ha llegado a sus oídos en las últimas horas.

Ya en la calle, percibe que puede encontrar más aventuras con su amada bicicleta y se encamina por la vía verde de camino a la ribera del río, son apenas las ocho de la tarde y, de repente, se encuentra con un espectáculo que no esperaba, parece que hay concierto esta tarde, decide que hoy va a calmarse, que va a dejar que la música amanse la supuesta fiera que lleva dentro y decide quedarse en el concierto de jazz que hay previsto para esta noche en el auditorio cercano a la ribera del río; como aún queda una media hora para el inicio del mismo decide dar una vuelta a ver si hay algún rostro conocido, le ha parecido ver de lejos a Sofía, la estirada compañera de clase con la que, en alguna ocasión, ha cruzado alguna conversación que otra, nada relevante; está con sus padres, devorando un picnic que parece bien delicioso.

Enseguida se olvida de ella y de su burbuja de felicidad, han empezado a tocar algo en el escenario y decide olisquear de qué va aquello del jazz

¿LA REALIDAD?

La realidad en torno a la educación

De nuevo, una historia diferente, alejada de los términos habituales en los que analizamos la realidad en torno a la educación con un prisma algo más académico, menos estival.

Son muchos los términos que podemos analizar en esta historia y, sobre todo, en relación al revelador contraste con el anterior de la serie. Les animo a que tracen las diferencias entre uno y otro.

Por último, les emplazo a un tercer artículo que pondrá fin a esta serie en el que desglosaremos, al amparo de un estudio científico, cómo la presencia o no de las familias, durante el verano en este caso, puede ser revelador de cara a la fijación de aprendizajes y de conceptos positivos de autoafirmación.

Mientras tanto,

disfruten de su feraz curriculum estival

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Si tuviera que hacer un telegrama de mi vida, usaría algo por el estilo a necesito encontrarme conmigo a través de la escritura, la creatividad fotográfica y el deporte para darme a mi familia numerosa, a los/as demás a través de uno de los cimientos más sólidos de mi vida, mi vocación y desempeño como profesor. Licenciado en Humanidades: profesor bilingüe de Geografía e Historia en un centro público. En la actualidad, soy asesor de formación en la red andaluza, y participo en el Máster de Secundaria.