EL DOBLE DE DESPIERTO

Amanece el día con la acostumbrada tranquilidad estival, ésa que, hace apenas unas semanas, parecía que nunca iba a llegar, debido al ajetreo de final de curso que desquicia a profesorado, alumnado y demás elementos de la esfera educativa…

Van llegando los pequeños rumores cotidianos de la mañana al mismo tiempo que se disipan las imágenes del último sueño de la noche: algo así como una idea pesada y pegajosa que se mezclaba con imágenes nítidas de un juego de la noche anterior; los golpes de los cristales de los vasos se van sucediendo en la cocina paredaña, la cafetera emite su clásico pitido, el ruido del cuchillo a la hora de pelar la fruta que siempre encuentra en el desayuno…

Menuda suerte poder amanecer con este sosiego, tan lejos de la acostumbrada celeridad del día a día escolar; resuena la sentencia de Miguel de Unamuno sobre el descanso: yo duermo mucho, pero cuando estoy despierto lo estoy de una manera tan plena que me permite estar el doble de despierto. Muy sabio don Miguel…

LETRAYUNAR

Sofía siempre ha sido una chica inquieta, de esas que siempre andaba preguntando e inquiriendo de sus mayores respuestas de los fenómenos que parecían inextricables para su corta mocedad; de ojos claros, mirada penetrante y con unas gafas de color azul que siempre andaba levantando porque tendían a caerse con demasiada frecuencia.

Una vez decidida a levantarse y a abandonar las imágenes del sueño, se adentra en la cocina, coge una pequeña pieza de fruta y se dispone a «letrayunar»: esa cariñosa palabra que en casa se ha inventado su madre para definir la lectura previa al desayuno, esa que sirve para rematar el sopor del sueño y para adentrarse en la claridad de ideas que la lectura aporta; con el letrayuno siente que su cabeza se encuentra más despejada.

Tras el desayuno, se dispone a hacer un poco de actividad física, hoy toca un largo paseo hasta el mercado, espacio al que le encanta ir con sus padres para observar la variedad de la fruta de temporada, para ver la frescura del pescado recién llegado, para poder saborear el olor de las especias que siempre inundan la cocina doméstica.

Le encanta acudir al mercado, identificar cuáles son los elementos de temporada que consumir, ver, in situ, todo lo que en clase ha visto sobre la alimentación saludable.

Su padre siempre dice que la frase que debe acompañar la cesta de la compra es «más mercado y menos súper-mercado». De vuelta a casa, y una vez que se han compartido las tareas de la casa, Sofía decide continuar con el diario que se ha propuesto desarrollar este verano, temática libre, ir escribiendo sobre lo que ha encontrado en el día a día, los detalles fugaces que parecen que se escapan pero que se quedan bien adheridos a la letra del diario; hasta ahora, ha escrito sobre los libros que ha leído, sobre las diversas búsquedas que ha hecho en internet, sobre las conversaciones que ha mantenido por teléfono con los amigos, etcétera.

No sabe que sus padres le requisan, de vez en cuando, su diario, y se enorgullecen de su capacidad de escribir, de la autonomía que refleja a la hora de escribir.

Una vez que han comido, y tras la siesta de verano, menudo ritual, en consonancia con lo escrito por don Miguel, es tiempo, de nuevo, de actividad física: hoy han organizado un paseo en bicicleta que va a acabar con un picnic en la ribera del río en la que, durante el verano, dan conciertos de música clásica para grupos de jóvenes talentos que, de otra manera, tendrían más difícil encontrar espacios en los que soltarse ante un público expectante.

JAZZ

Un relato diferente, 

una escuela paralela a la real

Cuando acaba el concierto, todo un descubrimiento para Sofía esto del jazz, vuelven a casa paladeando el retorno en bicicleta, la buena conversación y el rumor de otras conversaciones de familias que también vuelven del concierto en bicicleta.

Un relato diferente, veraniego, en el que, de alguna manera, creamos una escuela paralela a la real, sin ánimo de suplantarla, por supuesto, pero con la idea de que seamos conscientes de que los aprendizajes no son los de los exámenes, son los que acarrean creación propia. Grosso modo, podemos apuntar algunas ideas sobre este relato estival: la importancia de las familias en el desarrollo de la persona, se puede, y se debe, tener un curriculum para el verano que nos sirva para seguir creciendo como personas, los ritmos de aprendizaje son importantes; etcétera.

Nos despedimos por hoy, nos veremos en breve para dar continuidad a este artículo y a estas ideas.

Mientras tanto, disfruten de su feraz

curriculum estival

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POST ANTERIORDESARROLLO DE TALENTO: ¡NOS URGE!
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Si tuviera que hacer un telegrama de mi vida, usaría algo por el estilo a necesito encontrarme conmigo a través de la escritura, la creatividad fotográfica y el deporte para darme a mi familia numerosa, a los/as demás a través de uno de los cimientos más sólidos de mi vida, mi vocación y desempeño como profesor. Licenciado en Humanidades: profesor bilingüe de Geografía e Historia en un centro público. En la actualidad, soy asesor de formación en la red andaluza, y participo en el Máster de Secundaria.