Una época de crisis tiene un peligro decisivo: confundir lo urgente con lo más importante. Ese argumentario de que la reducción del déficit es el objetivo principal de toda política pública, sigue sin contestar dónde. Recordemos lo obvio: ningún país ha cambiado su modelo productivo, sin un cambio en su modelo educativo y formativo. Las sociedades del conocimiento actuales son sociedades del capital humano. Dicho de otro modo: la política educativa y científica es una política central de cualquier país del siglo XXI.

En nuestro informe “Desde la igualdad a la excelencia”, desarrollamos un análisis y una serie de medidas que solucionan la espiral educativa que España arrastra desde hace más de veinte años. Un aspecto positivo de la situación actual es que hay un cierto consenso de la mediocridad de nuestro sistema educativo: todas las evaluaciones externas así lo indican. Tenemos un problema y lo sabemos. El siguiente paso es preguntarse si es posible adoptar un mínimo de acuerdo respecto a las posibles soluciones.

Desde INED21 proponemos una idea central y una secuencia de este cambio inevitable. La idea es la siguiente: el verdadero cambio en el sistema educativo ha de ser un cambio interno: quién da clase y cómo da clase. Solo los mejores después de una fase de selección (DIR) y formación pueden y deben hacerlo. El cómo se debe proyectar desde un programa nacional de formación: el programa de equilibrio metodológico que proponemos desde INED21.

¿Cuál es la secuencia de estas medidas?  Tendrá tres fases: la primera fase es la instauración del DIR (Docente Interno Residente), un nuevo modelo de selección del docente  (DIR: estructuras  y contenidos del mismo están en “Desde la igualdad a la excelencia”); segunda fase, evaluación interna y externa del sistema educativo, donde se reflejen los puntos fuertes y débiles de los actores del mismo: centros educativos, docentes y alumnado; tercera fase, consecuencia de la anterior, implementación del programa nacional de formación para el profesorado, lo denominamos programa de equilibrio metodológico ( la estructura  y desarrollo del mismo están en “Desde la igualdad a la excelencia”), una verdadera renovación y modernización del cómo se da clase en nuestro país.

Todo cambio educativo debe tener una proyección a medio y largo plazo: la inmediatez es contradictoria con los procesos educativos. Un sistema complejo no se transforma de un año para otro, pero no vale cualquier comienzo. A veces hemos hablado del síndrome lampedusa, que tanto conocemos en educación: todo cambia para que todo siga igual. ¿Por qué? Porque no se identifica el factor principal de un sistema educativo de calidad: quién y cómo se da clase. Los mejores países del mundo tienen una docencia de excelencia, esos sistemas los atraen con un modelo que reconoce su prestigio y esfuerzo y con una remuneración económica coherente con lo anterior. Un buen profesor nunca es caro socialmente.