Techo de Cristal Educativo

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La expresión «Techo de Cristal Educativo» es una expansión de la original: techo de cristal. El techo de cristal representa un obstáculo para el crecimiento y la presencia de las mujeres en los trabajos.

Así, un estudio del PNUD desvela que casi la mitad de la población del mundo todavía cree que los hombres son mejores líderes políticos, mejores empleados y aún mejores –para ocupar cargos en todos los órdenes– que las mujeres.

  • ¿En la docencia se gana menos porque es una actividad de mujeres?
  • ¿De qué depende el éxito de un sistema educativo?

Esta es una nota polémica al estilo de Mafalda.

Las mujeres enfrentamos grandes desventajas en el mundo del trabajo. Muchas veces cobramos menos –incluso cuando hacemos lo mismo que los hombres–, y, además, hemos de combatir estereotipos de diversa índole. Muchas veces se escucha:

  • «Este trabajo es solo para mujeres»
  • Y «este es solo para hombres».

techo de cristal educativo

Techo de Cristal Educativo

Para todo siempre hay una razón. A finales del siglo XVIII, durante la Revolución Industrial, las mujeres empezaron a incorporarse al mundo laboral.

Sin embargo, no disfrutaban de las mismas condiciones. Si se observan las escuelas en todo el mundo, la mujer está presente en la mayoría de las aulas, salvo en la educación universitaria.

La noción de trabajo digno y decente se presenta como democrática e igualitaria en todas las leyes que existen; tanto en los organismos internacionales como la OIT (Organización Internacional de Trabajo) como en nuestras leyes.

Visión social de la mujer como «cuidadora»

Existe una visión social de la mujer como «cuidadora»; por lo tanto, como docentes, debemos cuidar a nuestros alumnos como una madre, pero… ¿se deja la profesión de lado?

Las cifras de la OIT del año 2019 son contundentes: las mujeres se encargan del 76,2% de todo el trabajo de cuidados no remunerado.

De media, cada mujer le dedica 4 horas y 25 minutos al día a este tipo de tareas, frente a 1 hora y 23 minutos en el caso de los hombres.

En 1813 se instaló la idea en lo que hoy sería la República Argentina de que todos los ciudadanos debían recibir educación.

Existía la creencia de que la mujer no debía estudiar, porque la alejaba de su rol de madre y esposa. Ganamos poco porque es una profesión «sexísticamente» femenina.

La feminización del rol docente

Fue un proyecto político, histórico y pedagógico de la clase política de finales del siglo XIX, de las ideas del positivismo que creía que la enseñanza era un trabajo «pertinente y feliz» para las mujeres.

Se hablaba de trabajo como enfermería, por ejemplo.

Entre los ejemplos, encontramos la figura de Domingo Faustino Sarmiento quien les extendiera a 10 maestras norteamericanas una invitación para trabajar en nuestro país.

Si por trabajo entendemos que debemos recibir un salario justo, digno y móvil, claro que la docencia es un trabajo y los docentes, somos trabajadores. Aunque no siempre ni en todo momento hayan sido bien retribuidos; no por eso, sin embargo, la docencia deja de ser un buen trabajo.

A mediados del siglo pasado, cada vez trabajaban más mujeres en las fábricas, sobre todo, a causa de los conflictos bélicos.

techo de cristal educativo class

Retribución docente

Yo creo que ganamos poco, porque, como es un trabajo de mujeres, debemos ganar poco. Tenemos un «Techo de Cristal», que viste a las docentes como a las «segundas madres»; y el trabajo del hogar no está reconocido.

La continuación de esto es el salón de clases: a la educación, basada en esa «maternidad», no se le debe pagar bien. ¿Conclusión básica? Debemos ganar poco.

Las mujeres en promedio tenemos un mayor nivel educativo que los varones, pero el mercado de trabajo no ‘premia’ esa mayor educación.

En Argentina, las mujeres ganamos un 27% menos que los hombres.

Según la Organización Internacional de Trabajo (OIT), la diferencia existente entre salarios de hombres y mujeres en el mercado laboral se da en todo el mundo con una clara dimensión sexista.


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Concluyendo, si ganamos poco, poco respeto merecemos por parte de la sociedad y la sociedad sigue en picada por falta de una calidad educativa.

La dignidad del trabajo viene expresada en un salario justo, base de toda justicia social; y los docentes no somos menos que nadie. No debemos perder de vista que el Estado tiene un deber primario de respeto hacia los derechos humanos y, en esto, está recibir un salario justo y digno.

El camino hacia la equidad es largo.

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