Réquiem por un campesino español de Ramon J. Sender: su adaptación al cine por Francesc Betriu (1985)

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Para anclar mi ensayo, en primer lugar, me resulta significativo rescatar la siguiente reflexión sobre la novela Réquiem por un campesino español (1953):

«Podemos leer este libro claro y emocionante, según lo viera Max Aub, como lo que por encima de todo y en primera instancia es, un relato extraordinario, una tragedia impresionante» (Múgica5).

En general, las adaptaciones cinematográficas de la producción literaria de Ramón J. Sender fueron imprescindibles para rescatar la memoria histórica de nuestro país (Martínez 89).

Réquiem por un campesino español: «Carencia de Retórica»

Con respecto a la obra literaria, el carácter dramático de la misma propicia que sea un objetivo ideal para el cine. Quizá uno de los aspectos más relevantes, como se plantea en Ramón J. Sender y el cine, sea lo que Francisco Carrasquer ha denominado «carencia de retórica» (Carrasquer 58). Esta, quizá, fue una de las características que impulsó a Francesc Betriu a adaptar la obra para la gran pantalla en 1985.

Réquiem por un campesino español

De la adaptación cinematográfica destaco un aspecto fundamental en la narrativa de la historia: se pierde parte de la denuncia que Sender quiso plasmar en su novela. En esta el autor convierte en cómplice del asesinato del campesino (Paco) al sacerdote (mosé Millán), ya que las palabras que le dedica en el sermón de la boda anticipan el final trágico.

Pero, de igual manera, y aquí reside uno de los detalles más importantes que transforma el mensaje de la película, en la novela podemos ver a un mosén Millán que, lejos del personaje bonachón y dulce interpretado por Antonio Ferrandis, tiende una trampa al padre de Paco cuando deja entrever que conoce el paradero de este para ganarse así su confianza, averiguar dónde se encuentra y poder delatarlo.

Uso de planos

En consonancia con este aspecto, existe un predominio de los planos cortos que contrasta con el empleo de planos generales (Peña- Páramo 53). En la mayoría de los casos solo se emplean los cortos para recrear al sacerdote en la sacristía mientras reflexiona con dolor y nostalgia sobre la vida y el asesinato de Paco. En mi opinión esto responde a un claro objetivo: que el espectador empatice con el sacerdote y lo considere una víctima más del régimen fascista, subvirtiendo así, como ya he señalado anteriormente, el mensaje de la obra original.

Réquiem por un campesino español

En consonancia con lo expuesto, otro de los desaciertos cinematográficos reside, como se subraya en Ramón J. Sender y el cine, en la supresión de:

«La función estructural del romance que va cantando el monaguillo» (Peña- Páramo 52).

En mi opinión, esta supresión resta dramatismo al mensaje de la película, ya que mediante el romance cantado se recuerda el asesinato de Paco de manera reiterada. Por tanto, se elimina, una vez más, como ocurre con el tratamiento del personaje del sacerdote, la intención de denuncia social tan presente en la novela.

La visita del enfermo

Uno de los momentos de mayor lirismo de la obra de Sender que podría haber servido al director de la película para subrayar la diferencia de clases y la explotación del proletariado reside en la visita del enfermo. En la novela se incide en la comparación de los pies de este con los de Cristo; sin embargo, aunque los pies del enfermo se muestran en la película, no se aprecia el elemento simbólico que Sender introdujo en su obra. Además, tras esta visita que Paco realiza con el sacerdote para la extremaunción, se produce un diálogo en la novela entre este y su padre:

  • El último le explica que el hijo del enfermo no es responsable de haber sido encarcelado.
  • Por el contrario, en la película, se nos muestra a un padre autoritario que no parece querer dialogar con Paco.
  • En relación con este aspecto la frase del texto original, en la que se subraya la encarcelación injusta, aparece eliminada de la trama cinematográfica.

Réquiem por un campesino español

Con respecto a este núcleo temático, que comprende la diferencia entre clases sociales, nos encontramos una fiel caracterización de la sociedad obrera, representada de manera magistral por Terele Pávez en el papel de Jerónima: este personaje sí se adapta de forma certera a la intención del texto original, constituyendo un acierto, y se contrapone a la caracterización fallida del sacerdote, que es presentado como una víctima más del régimen fascista y no como un cooperante necesario en el asesinato de Paco, como se aprecia en la novela y ya he apuntado anteriormente.

Se observa que en la obra de Sender el narrador hace especial hincapié en que todos los comensales estaban sentados en la boda de Paco según su jerarquía social, pero no se desarrolla este aspecto en la película. Esto incide, como apunté, en que el mensaje original de la obra literaria pierda parte de su significado al ser trasladado a la pantalla.

Por otra parte, considero un acierto para la adaptación cinematográfica, como también se plantea en Ramón J. Sender y el cine:

«El hecho de que mosén Millán se encargue a lo largo del filme de “desarmar” repetidamente a Paco» (Peña-Páramo 55).

Atmósfera de violencia

Este detalle recrea la atmósfera de violencia presente en la obra de Sender. Una escena interesante que podría resultar un guiño a Las Trece Rosas, trasladada al cine con posterioridad en 2013, recrea la quema de la bandera republicana y se vislumbra la tortura a la que han sido sometidas las mujeres expuestas: el deterioro físico y las cabezas rapadas.

Réquiem por un campesino español

Betriu maneja el «código visual de la violencia y la represión» (55) durante numerosas secuencias para provocar un claro efecto en el espectador y sugerir la crueldad extrema perpetrada por el régimen fascista. De hecho, la secuencia en la que se dispara a la plaza donde se encuentran los republicanos desde el monte recuerda la escena del francotirador nazi en la célebre producción La lista de Schindler (1993).


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Por último, tanto el inicio como el cierre de la película, que plasma la llegada de don Valeriano (magistralmente interpretado por Fernando Fernán Gómez), don Gumersindo y don Catulo, se adaptan de manera certera al texto original para marcar la doble moral y el cinismo del régimen franquista mediante la paradoja: los asesinos de Paco son los únicos que aparecen en la misa y están dispuestos a pagar por ella.

La última secuencia de la película sí supone un gran acierto, ya que en ella quedan perfectamente enmarcados los culpables, arrodillados ante el altar, y también el cómplice. El carácter sugerente presente en el encuadre de la escena final puede provocar en el espectador la duda sobre la honradez del sacerdote aunque se haya desvirtuado por completo en la película el retrato que Sender plasma de él en su novela.


N. del E.: Ensayo académico realizado por Ángela María Ramos Nieto y basado em el trabajo presentado para el módulo impartido por la doctora Esther Lázaro Sanz «La escuela de la mirada: cine y literatura» dentro del Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana.


Referencias
Carrasquer, F. La integral de ambos mundos: Sender. Zaragoza: Prensas Universitarias, 1994.
Martínez Herranz, A. “Sender en imágenes”, Trébede, 47-48 (febrero de 2001).
Múgica, E. “Prólogo” a Réquiem por un campesino español. Barcelona: Austral, 2010.
Peña, C. y Ferrer, J; Páramo, J.A. Castellón, A. y Mañas, A. Ramón J. Sender y el cine. Festival de Cine de Huesca: Colección “Huesca de Cine”, 18, 2001.
Sender, R. J. Réquiem por un campesino español. Barcelona: Austral, 2010.

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