VALOR EDUCATIVO

El valor educativo de la biblioteca escolar

Desde hace casi un siglo la creación y disponibilidad en los centros educativos de un espacio físico distinto y complementario a las aulas a modo de una biblioteca fue una meta educativa de primer orden. Estos entornos, rincones o zonas bibliotecarias tenían la funcionalidad de ofrecer a los estudiantes otro tipo de libros y materiales distintos de los cuadernos de trabajo escolar o de los libros de texto. Las bibliotecas escolares ofrecían otro tipo de materiales pedagógicos como las colecciones de libros infantiles y juveniles, de enciclopedias, de diccionarios, de obras de literatura, de libros ilustrados y demás materiales didácticos bien impresos, manipulativos y más recientemente audiovisuales.

Una biblioteca escolar era –y sigue siendo– un lugar necesario y subsidirario de los procesos educativos desarrollados en el interior de las aulas. La biblioteca era (y es), de este modo, un territorio de animación a la lectura, un centro de recursos o materiales didácticos, y un foco o espacio para la ampliación del conocimiento que no figura en los libros de texto. El concepto de biblioteca escolar –al menos desde los movimientos de renovación pedagógica– aparecía vinculado con dos procesos educativos fundamentales en el aprendizaje de los estudiantes: el acceso e inmersión en la cultura así como ofrecer un espacio para el trabajo autónomo de los estudiantes donde pudieran experimentar la libre exploración sobre los objetos y recursos del conocimiento.

CRISIS

La crisis de la cultura de los libros impresos

Sin embargo, la cultura del papel impreso, iniciada hace cinco siglos, está en retroceso continuado frente al avance expansivo de la tecnología informática. La lenta desaparición de los libros de papel parece ser la tendencia inevitable a medio plazo no sólo en la economía, en el trabajo o en el ocio, sino también en la educación. Los beneficios de ello se están publicitando desde numerosos sectores y es la moda del tiempo actual.

Nos encontramos en un tiempo donde los libros y demás recursos culturales impresos están perdiendo el monopolio que, hasta la fecha, tuvieron con relación a la producción y consumo del saber y la información empujadas por la expansión y omnipresencia de las tecnologías digitales. Éstas están generando una radical mutación en esta concepción y formato de la cultura. Frente al objeto tangible, completo, cerrado y estable que representa un libro como producto cultural, el ciberespacio o Internet se caracteriza por difundir obras culturales fraccionadas, dispersas, intangibles, interconectadas, abiertas y en constante transformación. Es la metáfora de la cultura sólida de los libros frente a la cultura líquida del ecosistema digital (Area y Pessoa, 2011).

A este proceso Casati (2015) lo denomina como colonialismo digital entendido como la invasión por parte de la tecnología de todas las esferas o ámbitos culturales que en años anteriores ocupaban los libros, los periódicos y demás documentos escritos o impresos.

Presionada por este entorno tecnológico y sociocultural la institución escolar, en esta segunda década del siglo XXI, ha  iniciado un proceso, probablemente sin retorno, de digitalización organizativa y pedagógica de su funcionamiento. Desde hace más de una década las políticas educativas están incorporando abundante tecnología y conectividad a las aulas  con la finalidad, entre otras, de la lenta sustitución de los materiales didácticos impresos, por libros electrónicos, aplicaciones y entornos educativos del ciberespacio.

CENTRO DE RECURSOS DE APRENDIZAJE

Transformar la biblioteca escolar

en un centro de recursos de aprendizaje

Es indudable que un modelo de una biblioteca escolar en el marco de escuela digital no puede ser considerada solo como un espacio físico a modo de almacén de libros, de cuentos o de enciclopedias, donde las tareas y servicios bibliotecarios se reducen únicamente a la catalogación, préstamo y control de los fondos bibliotecarios o de salas de lectura para los usuarios. La biblioteca escolar, por el contrario, debiera ser entendida como un centro de recursos del aprendizaje. Esto significará que una biblioteca escolar debiera caracterizarse por:

Ofrecer y asesorar al profesorado en la selección de recursos de diverso tipo (impresos, audiovisuales, digitales) para las actividades pedagógicas que se desarrollen en el centro y en las aulas.

Planificar y desarrollar actividades de formación (o multialfabetización) en la utilización de las distintas bases de datos o recursos de información disponibles no sólo en papel, sino también en formato digital y que están disponibles a través de Internet. Es decir, formar tanto al profesorado del centro como al alumnado en las competencias digitales para buscar, analizar, crear y distribuir información en la Red.

Organizar y desarrollar servicios de información y comunicación online para la comunidad escolar del centro tanto para hacerla visible online como para establecer redes de colaboración con otras.

Ser un espacio físico para que sea visitado por el alumnado bien en tiempos de ocio o de actividad académica donde se fomente la lectura en sus múltiples y variadas formas –libros impresos, audiovisuales, objetos hipertextuales, multimedia–.

Ser un entorno online de acceso guiado a la cultura, la información y el conocimiento difundido en el ciberespacio a través de redes, bases de datos, recursos, portales, etc.

LECTURA IMPRESA

La lectura impresa debe seguir siendo

una seña de identidad de la biblioteca escolar

La cultura del papel impreso, iniciada hace cinco siglos, está en retroceso continuado frente al avance expansivo de la tecnología informática.

En esta época donde lo digital empieza a colonizar o monopolizar la cultura y la información en detrimento de las obras culturales impresas, creo que las bibliotecas escolares también deben recuperar todavía con más ímpetu su función de animación a la lectura de los libros y demás obras impresas. Es previsible que este tipo de libros en papel desaparezca de gran parte de los hogares y, en consecuencia, existan desigualdades sociales en el acceso a la cultura impresa. De este modo, la biblioteca escolar recuperaría su papel de garante en la oferta de igualdad de oportunidades que rompan con la «brecha social ante la cultura impresa» que se avecina. Es decir, la biblioteca escolar tendría el papel de compensación de las desigualdades de acceso a la cultura de la lectura de texto largo en formato libro de papel.

En otras palabras, las bibliotecas escolares deben continuar siendo un relevante espacio educativo en el marco de la escuela del siglo XXI, Su funcionalidad y utilidad pedagógica es variada: a) compensar las desigualdades de acceso a la cultura impresa, b) desarrollar proyectos educativos específicos de fomento de la lectura profunda, c) organizar y gestionar los espacios digitales educativos que produce el centro, d) colaborar con el profesorado en el desarrollo de las competencias de alfabetización digital de los estudiantes, y e) facilitar (tanto a los docentes, al alumnado y a las familias) el acceso y organización a los contenidos educativos disponibles en la Red.

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Catedrático del Dpto. de Didáctica e Investigación Educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna (España) en donde que imparte la materia de “Tecnología Educativa”. Fue Presidente de la asociación científica denominada Red Universitaria de Tecnología Educativa que aglutina a investigadores y docentes españoles y latinoamericanos de este campo. En estos últimos veinte años he centrado mi línea de trabajo en el desarrollo de investigaciones relacionadas con las TIC y la Educación publicando más de un centenar de libros, informes y artículos sobre esta temática.