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PPE
PRÁCTICAS EMERGENTES EN EDUCACIÓN
Que se centran en el alumnado, en cómo aprende y en cómo les gusta aprender.
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EXPLICAR, REPASAR Y PREGUNTAR
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No nos hacen falta muchas investigaciones —disculpadme los muy puristas—. Es evidente (incluso desesperanzador) que los materiales didácticos tradicionales (libro de texto —con o sin enlaces web—; pizarras —con o sin digitalidad— y el trabajo individual —aunque se trate de un trabajo de investigación en grupo en su casa—) continúan siendo los recursos y las estrategias más empleadas en las aulas. También es fácil comprobar que el profesorado que utiliza TIC lo hace desde una concepción de la escuela tradicional (explicar, repasar y preguntar).
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Pero, he de decir (ahora esperanzado) que también veo a mi alrededor cómo emergen un buen cúmulo de ideas prácticas que estaban dormidas —casi aletargadas— en el cajón de las rutinas y el confor(t)mismo. Prácticas de aula que, ahora sí, muchos maestros y profesores estamos poniendo en marcha (a veces, y en la mayoría de los casos, sin —o con muy poca— tecnología) y que siempre pudimos hacer, que siempre estuvieron al alcance de nuestra mano, pero que nunca vimos tan claro como hoy la necesidad de desarrollarlas. Es la revolución de las pequeñas prácticas. Una revolución que está impulsando el verdadero cambio en el día a día de la escuela. Un EDUefecto mariposa. La revolución imparable.
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Lo veo y lo siento a mi alrededor. Mis compañeras de trabajo hablan, se mueven y debaten en un formato diferente. Piensan en tareas, en productos, en aprendizajes servicio, en proyectos. Mis compañeros de proyectos colaborativos hablan de "hacer es el nuevo aprender"; que las habilidades expresivas ayudan a comprender el mundo; que, si errar es aprender, no hay que tener miedo a equivocarnos; que crear es el infinitivo que ilumina la nueva educación y que la colaboración que impregna al espíritu ubuntu es la la forma de construir juntos. Incluso en los cursos de formación observo cómo mis compañeras y compañeros de curso no quieren instruirse... quieren hacer para comprender, en un movimiento maker al que nadie les obliga, pero que les atrae instantáneamente. También mis alumnos de la Universidad (que mi trabajo me cuesta) cambian la idea preconcebida y cultural del maestro que enseña al maestro que guía y orienta, pero no instruye ni inculca, y asumen, decididamente, que la red es el espacio de aprendizaje de nuestra era.
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Todos miramos con ojos reinventados y estamos comenzando a adaptar nuestro buen hacer de siempre a las nuevas formas de desarrollar competencias, de favorecer la autonomía, de hacer (y dejar hacer) que aprendan a aprender.
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Y es que, no sé si lo veis como yo, pero el escenario social, cultural, económico, incluso el político, está transformándose y esto afecta irremediablemente a los contextos educativos. Sí, más lento de lo que quisiéramos, pero de lo que estoy seguro es de que los pequeños cambios producidos ya no tienen vuelta atrás.
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La red es el espacio de aprendizaje de nuestra era
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Y para estos cambio buceamos en el recuerdo y la historia. Recuperar ideas pedagógicas de principio de siglo XX nos pone en la órbita del tiempo perdido y nos sitúa, lejos de la rebeldía, y en la senda de la revolución: no queremos hacer huelgas, queremos liderar cambios.
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Las prácticas de valor unen innovación y tradición. Sin didáctica no hay tecnología que valga. Sin tecnología la didáctica se queda pobre. El enriquecimiento de las prácticas las desarrollan docentes experimentados, que saben que nuestra profesión no puede ir por detrás de los cambios sociales y que se esfuerzan por subirse al tren de la tecnología, de la colaboración y de la creación. Se preocupan por hacer sus clases interactivas y por organizar las secuencias de aprendizaje desde perspectivas científicas, desde propuestas creativas y desde iniciativas promotoras de las habilidades cognitivas superiores.
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Nuestra profesión
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NO puede ir por detrás de los cambios sociales
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