Pobreza de aprendizajes, la indigencia que viene marchando bien

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Pobreza de aprendizajes pareciera una expresión que da nombre a algo distante, sin embargo… esta realidad está cerca, muy cerca.

Dime sobre qué discute tu sociedad y te diré hacia dónde va. En Argentina discutimos “con la mira en el espejo retrovisor”. No discutimos “para adelante”, no discutimos sobre el futuro, mirando al futuro. En cambio, siempre nos la pasamos echamos culpas, pero no nos hacemos responsables de nada: somos un país adolescente.

Vivimos en un tiempo de gran incertidumbre en todos los sentidos. La pandemia ha visibilizado las debilidades preexistentes. Como, por ejemplo, en Argentina casi la mitad de la población es pobre, por lo tanto, los derechos están vulnerados: su ejercicio no llega al grueso de la sociedad.

Al igual que el derecho básico a la educación, no llega a tod@s. Por momentos es un cuasi-privilegio.

En este sentido, ¿es adecuada la forma en que educamos a nuestras futuras generaciones para las necesidades del Siglo XXI?

Pobreza de aprendizajes en la escuela

La pandemia nos dejó a la intemperie de un día para el otro, la solución para la pobreza de aprendizajes es una educación de calidad.

Sin embargo, cada vez hay más pobreza de aprendizajes, a cada momento nuestro futuro se piensa más vulnerable  y esto duele. Hiere ser conscientes de que oleadas de jóvenes, de grandes talentos en potencia, salen “condenados” desde las “escuelas retén” que han devastado:

  • Su interés
  • Su ilusión
  • Y sus ganas

No se toma el toro por las astas y en la realidad de las escuelas lo afrontamos cada día.

La pandemia y la crisis están golpeando –duramente– al sector educativo un año más. Esto pasa en Argentina y en muchos países de América.

Esta es la peor crisis educativa jamás vista en Argentina y a los docentes y padres nos preocupa que ya está teniendo consecuencias graves y duraderas para toda una generación.

Por ejemplo, han perdido la motricidad fina. Hay chicos a los que le duele la mano de copiar en letra cursiva por el abuso de dispositivos móviles.

A más largo plazo, el objetivo principal debería ser que se construyera un sistema educativo con la capacidad de enseñarles a ser:

  • Más tolerantes.
  • Más eficientes.
  • Y más resilientes.

Pero… no parece que esto vaya a ser realidad en breve. Se trata de palabras bonitas en discursos políticos.

Este sistema educativo está a lo “loco” ya no tiene dirección porque NO hay gestión, ni en Nación ni en provincia.

Pobreza de aprendizajes según la UNESCO

El sistema educativo en Argentina ya venía fragmentado y ahora se está acelerando esta situación de deterioro. Lo veo todos los días en mi salón de clases.

Según la Unesco, 1.300 millones de niños, niñas y jóvenes (11 millones en Argentina) quedaron fuera del sistema de educación en esta Pandemia.

En la conferencia “Un año de Covid: Priorizar la recuperación educativa para evitar una catástrofe generacional”, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recordó que:

En 2020 hubo 100 millones de niños más que no tendrán los conocimientos mínimos de lectura.

Esto supone que la cifra inicial de cerca de 500 millones (483) que había en 2019 ha subido brutalmente en un año hasta rozar ¡¡¡los 600 millones!!!


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Pobreza de aprendizajes en las “escuelas fábrica”

La evidencia en estos tiempos de COVID revela que estamos en medio de una crisis de aprendizajes. Pobreza de aprendizajes la llamamos. La educación moderna hoy sigue siendo el modo de funcionar al estilo de una vieja fábrica.

¿Qué quiere esto decir? Toca el timbre, y se cambia de clase; toca el timbre, y se cambia de turno; toca el timbre, y se acaba el periodo lectivo. Simple, monótono, letal.

Y eso tuvo sentido para la sociedad del Siglo XIX. En el Siglo XXI, ya no lo tiene.  Estamos perdiendo una enorme oportunidad para nuestra educación. Se pierde calidad humana con esto, el capital humano cada vez está más fragmentado, abandonado y estéril.

A estos impactos negativos se añaden la posibilidad de que las deserciones escolares se incrementen por lo menos en 15% según encuesta del Banco Mundial debido a la pandemia.

Y, también, a la interrupción de servicios que muchos niños y niñas recibían en las escuelas, como los programas de alimentación escolar.

La escuela sigue siendo asistencialista. Muchos niños van a comer al colegio.

Pobreza de aprendizajes

Urge encontrar otros modos de habitar la escuela

Ejemplos que he visto:

  • Un celular para cuatro hijos.
  • Una mamá en la zona de Abasto de La Plata –pero puede pasar en otros lugares de nuestro país– debe “ingeniárselas” para que seis de sus siete hijos pasen clases (asistan a clase) compartiendo el único celular en casa.
  • Sin contar con el drama de conectarse a internet, que a 5 km de donde está el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires no hay calidad en la conexión.

Cuando puede, destina un monto para comprar pequeños paquetes diarios de internet atesorando los megas para las tareas de los chicos, que –por supuesto– las hacen de noche; porque es cuando regresa esa madre de trabajar durante todo el día.

La pandemia hizo que el año pasado se declarara la suspensión del año escolar en forma presencial en nuestro país.

Ahora se trabaja en un proceso de “nivelación”, porque los conceptos en historia y en todas las asignaturas se siguen impartiendo, el aprendizaje no se debe detener. Sin embargo, la calidad cada vez más fragmentada y esto aumenta la pobreza de aprendizajes.

Es necesario plantear otros modos de habitar la escuela y los centros educativos de secundaria. Toca planificar un futuro diferente para las infancias del siglo XXI.

¿Cuándo despertaremos y nos pondremos a debatir qué escuela surgirá en el periodo post COVID?

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