¿Participar o comprometerse?

Matices de enfoque para el ABP1

Algunos textos sobre Aprendizaje Basado en Proyectos promueven agrupamientos de corte cooperativo para los alumnos, en función del grado de capacidad y necesidad de ayuda de cada estudiante.

De este modo, se busca la cooperación entre aquellos alumnos que habitualmente pueden ayudar (con más capacidad), con aquellos que habitualmente necesitan ayuda (con más necesidad), junto a alumnos que pueden dar o recibir ayuda; dependiendo de la complejidad de la tarea y de su propia situación, para así propiciar que los que tienen «más» ayuden o apoyen a aquellos que tienen «menos».

El concepto de ayuda, en aprendizaje cooperativo, está sobrevalorado; pues, desde  paradigmas inclusivos, es imprescindible entender que cualquier metodología debe partir desde esa idea; no sólo de la presencia y la participación, sino –y especialmente– de la progresión de todos: sin mejora equitativa  para todos no podemos hablar de inclusión.

En la práctica (en la mala práctica), el criterio mencionado suele traducirse con frecuencia en agrupamientos que incluyen a 1 buen estudiante, 1 estudiante con dificultades y 2 estudiantes intermedios, clasificados, habitualmente, en función exclusiva de su rendimiento académico o, mejor dicho, de sus notas.

Es decir, un  ‘insuficiente’, con un ‘sobresaliente’ y dos que están en la horquilla ‘bien-notable’. Viéndolo de esta forma tan objetiva, no parece que, ni siquiera en situaciones de buena intención, seamos capaces de desligar el rendimiento académico de la capacidad (o el desarrollo de destrezas alternativas) como camino para elevar las competencias de todo el alumnado individualmente y, por tanto, también de todo el alumnado en su conjunto.

Según los datos del último informe PISA «Collaborative problem solving», España suspende en la capacidad de los alumnos para resolver problemas en equipo. Señalan que…

«Los trabajos demandan gente que sea capaz de resolver problemas en equipo. El aumento de puestos que requieren un alto nivel en habilidades sociales viene acompañado de un aumento de salario para dichos puestos», en la escuela obligatoria, el valor del trabajo en equipo viene determinado por otras cuestiones.

Esta preparación basada en el aprendizaje cooperativo –aprender a cooperar en los aprendizajes de todos, poniendo como excusa la consecución de un objetivo-producto– habilita, sin duda, a nuestros alumnos para desarrollarse mejor en un entorno profesional donde el trabajo cooperativo es ya una realidad y donde la capacidad para desarrollarse y aportar en este tipo de entornos es ya una cualidad altamente demandada y, aunque el cometido de la escuela obligatoria no sea estrictamente el preparar trabajadores altamente cualificados, es innegable pensar que aprender en cooperación con otros prepara también para la convivencia, para la ciudadanía responsable,para el ser persona y como individuo activo y social.

INTERDEPENDENCIA

Del modelo de ayuda al modelo de interdependencia

Sin embargo, creemos necesario echar una mirada a una cuestión que a veces, se obvia. El aprendizaje cooperativo es un proceso para el crecimiento personal desde ese modelo de ayuda que suponen las destrezas cooperativas. Un crecimiento que debe cubrir fases de desarrollo en la que cada una empodere a todo el alumnado de forma que todos puedan aportar a la consecución del objetivo o finalidad común, que en ABP le hemos dado en llamar producto final.

No se trata, pues, de perpetuar el modelo ayuda-ayudado, que crea dependencias y obligaciones, sino trabajar la interdependencia positiva para fortalecer la responsabilidad e implicación individual. Sólo así se podrá favorecer una educación que prepare para la vida real (de pareja, laboral, de amistad…) donde cada uno pueda aportar lo mejor de sí mismo y aporte valor al proyecto conjunto.

La permanencia en cualquier proyecto, siempre va a depender de nuestra capacidad para aportar valor a ese proyecto, para comprometernos con él. Valor o compromiso, es decir, IMPLICACIÓN es lo que la escuela debe promover desde el aprendizaje cooperativo.

Lejos de suponer un hándicap para aquellos alumnos que hoy la escuela clasifica como «necesitados», esta percepción abre un gran abanico de posibilidades si construimos el ABP sobre la base de servir a las necesidades de desarrollo individual de cada alumno y le libramos de algunos errores de interpretación que solemos observar en algunas aulas:

1

TODO ¿JUNTOS?

NO se trata de que todos los alumnos decidan y hagan todo juntos. Sino, más bien, de reparto de funciones dentro de un equipo y de intercambio de ayudas que, favoreciendo al equipo, empoderen a todos sus integrantes.

2

¿JUSTICIA SOCIAL?

Los  agrupamientos no se organiza para cumplir una función de «justicia social» repartiendo la «capacidad» de forma que todos los grupos tengan la misma capacidad de obtener un buen «resultado».

Más bien, la cooperación, reparte trabajo para que, desde la responsabilidad individual, cada alumno colabore para obtener el mejor resultado posible y que el producto final construido entre todos sea más rico que si se hubiera hecho de forma individual, y esto se cumple para cada uno de los miembros del grupo.

3

¿RESPUESTA ESPERADA?

Creer que este resultado debe medirse desde el punto de vista de los contenidos expuestos, atendiendo sobre todo a la cantidad y/o a un estándar o respuesta esperada.

Se trata, en cambio, de estimular los procesos que, desarrollando competencias, lleven a la consecución de resultados que puedan ser comparados, no solo con un estándar, sino también con la evolución –en términos individuales y de sinergias grupales- desarrollada durante el proceso.

4

ACTIVIDAD ¿PROGRAMADA?

Plantear el ABP como una actividad programada, estructurada, definida, con un objetivo pre-diseñado por el docente, de forma que los alumnos se convierten en ejecutores de unas instrucciones para alcanzar una meta también previamente diseñada.

Más bien consiste en utilizar el ABP como actividad de desarrollo crítico y creativo, donde la actividad sea el soporte que proporcione el desarrollo competencial de los aprendices, y responda a los intereses de los alumnos (¿Qué sabemos, Qué queremos saber, ¿Cómo queremos aprenderlo?).

Si la capacidad de nuestro alumnado de construirse un futuro académico y profesional depende esencialmente de su capacidad para implicarse y aportar valor a los proyectos en los que participe, los docentes deberemos orientarles para que sea capaz de:

Descubrir su propio potencial y conocer en qué áreas o desde qué habilidades puede aportar valor a cualquier equipo cooperativo.

Trabajar estas habilidades a favor del desarrollo  de todos los componentes del equipo, sabedores y vigilantes de que, al mismo tiempo, se produzca desarrollo individual  de cada uno de los componentes, lo cual redunda en un aumento del sentimiento de competencia/valor, auto-imagen y auto-realización como individuo y como grupo. Esto les lleva a estar más motivados por participar y aportar, lo que conlleva una mayor implicación de todos en el proyecto.

Mantener una actitud de continuo aprendizaje y entender que éste surge desde fuentes formales (el maestro, el libro…), e informales (nuestra vivencias y experiencias, nuestro entorno, y otras fuentes de información –museos, navegación por internet, exposiciones, excursiones, etc), y que se potencia cuando interactuamos con otros que nos complementan y a los que complementamos, tanto en la misma área (mi tribu), como en otras en las que mis habilidades están menos desarrolladas (el grupo).

Trabajar la responsabilidad de cada alumno, mediante la división de funciones, la coordinación de tareas, la puesta en común de ideas y propuestas, la planificación y el cumplimiento de plazos.

La combinación flexible y continua de agrupamientos heterogéneos bases, con agrupamientos homogéneos y heterogéneos esporádicos, puede configurarse como una interesante estrategia de agrupar a los niños de forma que creemos para ellos un entorno seguro de participación y crecimiento, entendiendo que el grupo base será siempre heterogéneo y que la finalidad de los agrupamientos homogéneos será siempre aportar valor al grupo base y a sus compañeros, quepermanecerá como “nave nodriza a la que siempre hay que volver”

Implicación

es lo que la escuela debe promover

COMPROMISO

De la participación al compromiso

Cuando aprendemos o trabajamos de forma cooperativa, no existe un “trasvase” de competencias “per se”, sino el crecimiento de cada uno de los componentes del grupo que, en interacción, colaboran para que cada uno desarrolle, gracias a las múltiples y diversas sinergias que se producen, sus propias habilidades, competencias y aprendizajes. 

De este modo los niños, a medida que se desarrollan, van adquiriendo cada vez más seguridad en sus conocimientos y capacidades, tanto a nivel de comunicación, organización, comprensión de contenidos, expresión de sus propuestas, cooperación y otras competencias.

Esta seguridad desarrollada de forma progresiva, es la que habilitará a todos para ir asumiendo cada vez mayores retos e ir avanzando y creciendo en su desarrollo. Esta seguridad es la que trabaja a favor de la participación y, más allá de ella, de la implicación.

Por el contrario, cuando el agrupamiento se hace de forma heterogénea como modelo único y permanente, podemos estar limitando el desarrollo de fortalezas personales que animen a una mayor implicación en los proyectos y en las actividades de aprendizaje cooperativo.

Por ejemplo, cuando agrupamos a un alumno/a muy participativo o dominante, o con amplios conocimientos del tema en concreto que se está trabajando, con otro que carece de estas cualidades o fortalezas, lo que obtenemos no son 2 alumnos con una capacidad media porque ésta se haya repartido, sino que aquel que tiende a dominar lo hará aún más, al no haber encontrado un “rival” con el que medirse o ante el que ceder, y el que tendía a esconderse lo hará aún más, al encontrarse con un modelo demasiado alejado de sí mismo.

Para el primero la experiencia no será de aprendizaje ni de avance. Ni a nivel cognitivo, ni en relación a su capacidad para cooperar. El resultado de su trabajo, probablemente, será igual o muy similar al que hubiera obtenido trabajando de forma individual.

Para el segundo tampoco, pues con frecuencia optará por adoptar una actitud pasiva, cediendo la participación y las decisiones al alumno más extrovertido, más capaz o más ejecutivo. El resultado del trabajo contiene, probablemente, muy pocas aportaciones suyas.

Pasados los años corremos el riesgo de que esta actitud pasiva de baja implicación en el proyecto se convierta en una postura permanente, en la forma en que este alumno entiende la participación, y que con seguridad, le pasará factura en su desarrollo personal y profesional futuro.

La clave está en guiar a cada alumno para que aporte aquellos elementos al grupo que le son distintivos, que le han sido encargados de forma específica o que ha sido capaz de generar con ayuda de miembros del grupo, promoviendo no sólo la participación, sino el compromiso. 

Comprometerse es participar más allá de lo esperado, es actuar de forma proactiva y con pasión, es vivir el proyecto en primera persona y volcarte en él al 100%. El compromiso surge cuando nuestras habilidades, capacidades e intereses se concentran en un objetivo que es valorado por el entorno en el que nos desarrollamos, que nos permite crecer, mejorar, participar y avanzar.

Cuando estamos comprometidos con un proyecto estamos también más dispuestos a dedicar esfuerzo en superar nuestros hándicaps o debilidades. A vencer nuestras limitaciones para hablar en público y exponer nuestro trabajo, o para leer contenidos y encontrar los datos que buscamos, para ordenr la información, cumplir plazos, organizar nuestro trabajo, mejorar nuestras habilidades sociales, memorizar, trabajar, crear, concentrarnos, …

También es desde el compromiso cuando somos capaces de generar más y mejores propuestas, pues nuestra curiosidad y nuestra creatividad se ven estimuladas. Es desde este compromiso desde el que se abren oportunidades de mejora no sólo en aquello en lo que destacamos, sino también en otros campos del desarrollo humano y que nos complementan.

La diferencia entre participar y comprometerse es la misma que existe entre el cerdo y la gallina cuando cooperan para hacer una tortilla de jamón.

La gallina participa,

pero el cerdo se compromete

Fábula popular


1 Artículo escrito en colaboración con José Blas García

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Es fundadora   del   Blog    aacclarebeliondeltalento.com @aacclarebelion3.    Cofundadora    de    SinCreatividadNoSoyNadie.com @SinCreatividadG. Coordinadora del proyecto yoatiendolasaaccenelaula.wordpress.com en el que docentes diversos comparten sus experiencias para el desarrollo del talento en el aula. Participo en curriculummultinivel.blog para llevar la enseñanza multinivel a todas las aulas. Empresaria. Lda. Gestión de empresas y Marketing. Master CRM y Fidelización. Postgrado Marketing Digital. Knowmad, Formadora en Marketing, Creatividad y Desarrollo del Talento. Trabajo por una educación para el desarrollo del talento de todos los niños.