Hay veranos en que uno se propone hacer algo grande o leer un libro gordo. Éste he decidido leer Paideia, de Werner Jaeger, la biblia de los orígenes de la educación, en Grecia, y lamento no haberlo hecho antes. Porque casi todo lo que nos preocupa como educadores hoy, ya estaba allí.

Tengo la sensación de que avanzamos en círculos concéntricos: Grecia, Europa, el Mundo. Es europeocéntrico ya lo sé, pero es que tal vez en Europa estamos en algún centro o al menos en un punto de fuga. China e India no fueron tan rápido, Oriente en general era el paisaje, pero las líneas de ese paisaje fugaron hacia aquí y aquí se concentró todo.

Europa fue la fuga,

para bien y para mal

En esa perspectiva de la Historia las vías del tren acabaron en América y la arrollaron. Hoy el paisaje es ya todo el mundo. Pero el ser humano siempre fue el mismo y se inquietó por lo mismo. Ya es hora de que nos serenemos y recojamos los frutos de tanta experiencia.

Platón tuvo poca experiencia y la concentró en mucha sabiduría. Nosotros acumulamos tanta experiencia que casi nos hemos olvidado de la sabiduría.

Jaeger se da cuenta de que toda filosofía y todo arte sirven a la educación del individuo de cara a la excelencia del Estado. Primero fue la poesía que exaltaba la virtud de los héroes y creaba la imagen según la que los hombres podían forjarse. Incluso las mujeres podían tomar ejemplo de Penélope, fuerte y tenaz.

La palabra paideia nos dice cultura, trata de la virtud (areté) y se fija en los niños. Los griegos sabían que el Estado empezaba en ellos. Las obras que nos han llegado son las que se consideró que formaban parte de esa cultura que formaba en la virtud.

Después de Homero vino Hesíodo que mostró el universo de dioses significativos que nos envolvía y en el que podíamos confiar si nos afanábamos en el trabajo y sabíamos entender sus signos. Hesíodo enseñó el mundo que había que conocer en el mundo rural de ciudades incipientes.

Solón dio un sentido humano a las leyes para que no ahogasen al hombre y fomentasen el trabajo. Y se desató la ciudad, el ecosistema propio del hombre, y en Atenas recorrió casi todas sus posibilidades. Después de la tiranía se arriesgaron con la democracia. Su mundo era pequeño y dio de sí lo que pudo, pero no tan distinto de lo que ha dado de sí más de dos mil años después.

Después de más de dos mil años aún nos debatimos con la virtud y la honestidad pero algo hemos ganado. La esclavitud ha desaparecido de las leyes, las mujeres están en política y en todo y hemos substituído los bárbaros por los extranjeros. Nos enconamos con Platón porque hablaba de guardianes y de reyes filósofos en su República pero no reparamos tanto en que fue el primero en sostener (con Sócrates) que la salud del Estado depende de la salud física y mental (y moral) de cada uno de sus ciudadanos.

Por favor, que alguien se lo diga a Rajoy. Fue el primero en defender que la educación de los niños era competencia de la comunidad más que de la privacidad. Que alguien le inculque eso a Cristina Cifuentes, por el amor de Dios.

Y que el conocimiento servía sobretodo

para entender el bien y tener una vida buena

Tal vez fuera algo ingenuo (¿o no?) al suponer que un saber profundo vacunaba contra el Mal porque el Bien es el resultado de saber cómo es realmente el mundo. Yo en el fondo le creo, porque estoy seguro que los tiburones de las finanzas apenas saben nada que no sean finanzas. Incluso George Soros no debe ser tan sabio como él piensa. Sobre todo sabiendo que Soros debería tener una experiencia histórica diez veces superior a la que tenía Platón, quien no hubiera apostado jamás a la bolsa contra países enteros.

Y el hecho es que en la Atenas del siglo IV tenían el mismo dilema pedagógico que tenemos hoy: enseñar conocimientos o enseñar para la vida. Los sofistas, gente que podía ser honrada por otra parte, enseñaban por competencias:

A hablar bien, a conocer el cosmos, a dirigir el ejército,

a comprender el cuerpo y la mente…

Y después estaban los filósofos, que sin renunciar a esos conocimientos, los usaban para un fin superior, entender el universo y ser personas virtuosas para un estado que procurase la vida buena. Los sofistas criticaban a los filósofos que se perdieran por los cerros de Úbeda persiguiendo la esencia de las cosas y discutiendo cuestiones que nunca se acababan.

Pero los filósofos se defendían diciendo que la vida y la sabiduría no se acaban nunca tampoco y que no se es feliz sólo sabiendo sin llegar a ser persona consistente, con los otros y en la alegría y la adversidad. Como si dijera, los sofistas primaban la inteligencia y los filósofos, la conciencia. De unos nació la retórica y de otros, la filosofía. Aristóteles hizo la síntesis y resumió la antigüedad. Juzguen ustedes si hemos cambiado mucho. Sólo hemos tocado techo. Pero,

¿Qué nos impide aprovechar tanta experiencia y nos impele a

seguir descubriendo el Mediterráneo?