Clase de Ciencias. Tema: los astros. Objetivo didáctico: conocer e identificar las fases lunares.

Escenario 1.

La profesora pide a los alumnos que localicen el tema en el libro de ciencias. Lo leen y pone en la pantalla o en la pizarra un gráfico o imagen con las fases lunares. Explica por qué se producen y enumera las distintas fases mostrándolas con una imagen. Los alumnos hacen los ejercicios correspondientes en su cuaderno.

Escenario 2.

La profesora pone un video, donde se aprecian, secuenciadas, las distintas fases lunares. A continuación hace la siguiente pregunta: “¿Por qué no vemos a la luna siempre del mismo modo?” Los alumnos comienzan a dar sus respuestas, unas más acertadas que otras, pero sin criticar ninguna sigue haciendo más preguntas, guíandoles hasta que llegan por ellos mismos a la explicación correcta.

Hay una clara diferencia entre estas dos situaciones: una promoverá la curiosidad de los niños, la otra, muy poco.

¿QUÉ ES LA CURIOSIDAD Y CÓMO FUNCIONA?

La curiosidad surge cuando la atención se enfoca a un vacío de información en el propio conocimiento. Estos vacíos producen la sensación de privación, que llamamos curiosidad. El individuo curioso está motivado para obtener la información que le falta, o para reducir o eliminar la sensación de privación.”

George Loewenstein (The Psychology of Curiosity, 1994)

Para este psicólogo, que fue uno de los primeros en estudiar la curiosidad, ésta no es sólo un estado de ánimo, sino una emoción, un poderoso sentimiento que nos empuja “más allá”, a buscar el conocimiento que nos falta.

Para Francisco Mora, “La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción.Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación de conocimiento.”

No hay muchos estudios neurológicos acerca de la curiosidad, pero conocer qué factores la estimulan a nivel cerebral podría ayudarnos para provocarla en aquellas personas menos “curiosas”.

quimica del cerebro

Lo que sí que se ha descubierto es que la química de nuestro cerebro cambia cuando sentimos curiosidad por algo, y estos cambios neuroquímicos nos ayudan a aprender y retener mejor la información.

Un estudio publicado por la revista “Neuron” acerca de los cambios cerebrales que se producen en estados de curiosidad daba los siguientes resultados:

  • Las personas aprenden mejor aquella información sobre la que sienten curiosidad.
  • La curiosidad está asociada con la actividad anticipatoria que reside en el núcleo accumbens y en el mesencéfalo
  • Cuando el cerebro se encuentra activado en “modo curiosidad”, recuerda mejor incluso la información incidental o no relevante en ese momento.

Los autores del estudio concluyeron que éstos hallazgos sugieren un vínculo entre los mecanismos de motivación extrínseca y la curiosidad intrínseca, y ponen de manifiesto la importancia de estimular la curiosidad para crear experiencias más efectivas de aprendizaje.

Esta capacidad del cerebro “curioso” para recordar y aprender es un fenómeno del que los profesores deben ser conocedores y utilizar a diario en el aula.

Pero, ¿no son los niños ya de por sí, curiosos por naturaleza? Sí, aunque algunos más que otros, ya que existen diferencias genéticas. Como plantea el psicólogo cognitivo Daniel Willingham, autor del libro Por qué a los niños no les gusta ir al colegio“, la curiosidad a su vez es frágil. Según Willingham, “Al cerebro no le gusta pensar”, y si puede recurrir antes a la memoria para solucionar un problema o aprender un concepto nuevo lo hará, antes de tener que invertir energía pensando. Por ello, para incentivar a las personas a pensar y a aprender cosas nuevas hay que establecer las condiciones cognitivas adecuadas. ¿Cómo? Vamos a ver algunos ejemplos.

PRÁCTICAS EN EL AULA PARA ESTIMULAR LA CURIOSIDAD

1. Enfrenta a tus alumnos a problemas que les suponga un desafío, pero que no sean tan difíciles como para frustarlos.

Trabajar en equipo para solucionar un problema, o realizar una propuesta o actividad sobre algún tema, que después será evaluada por el resto de la clase despierta el interés por adquirir más información que la únicamente facilitada por el profesor.

Por esta razón, el Aprendizaje Basado en Proyectos es una metodología tan eficaz en cuanto a motivación, ya que estimula continuamente al alumno a explorar nuevos conocimientos que satisfacen su curiosidad.

2. Comienza siempre con una pregunta.

Los adultos estamos demasiado “predispuestos” a hablar,a corregir y a contestar, pero no le dedicamos tanto tiempo a preguntar. Las preguntas abren siempre un “vacío de información”, que activa al cerebro a completar esa carencia:

“¿Por qué vemos el cielo de color azul?”

“¿Cómo sabemos lo que pesa la Tierra?”

“¿Qué les pasaría a los astronautas si no llevaran traje espacial?”…

3. Enciende el fuego.

Loewenstein indicaba que la curiosidad requiere de un conocimiento inicial. No podemos sentir curiosidad sobre aquello de lo que no sabemos absolutamente nada. Sin embargo, tan pronto como conocemos algo que despierta nuestro interés, queremos saber más…Para activar el estado de curiosidad hay que “encender el fuego” con alguna información intrigante pero incompleta. Utilizar videos, historias  de personajes reales, metáforas, hacer debates sobre algún tema…, puede servir como introducción a un tema y es una forma de despertar la curiosidad sobre ello. Por ejemplo, contar una historia previa a una clase de matemáticas, como ésta:

Pitágoras y sus seguidores formaban una  especie de escuela o comunidad. Para ellos, el número cinco tenía un atractivo especial: su símbolo era una estrella de cinco puntas y les interesaba especialmente la figura del pentágono. En el pentágono hallaron el número, llamado número áureo (de oro). Es un número irracional que refleja la relación entre el lado de un pentágono y su diagonal. Su valor es, o aproximadamente 1,6180339887…. Las llamadas proporciones áureas, han sido consideradas perfectas por los artistas desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. Un rectángulo con las proporciones perfectas tiene la particularidad de que si se quita un cuadrado de 1×1, la parte restante vuelve a tener las proporciones perfectas. Los constructores del Partenón de Atenas (y los de muchos otros templos y edificios) tuvieron muy en cuenta la proporción áurea. La relación entre la altura y la anchura de su fachada es precisamente. Y lo mismo sucede con muchos objetos cotidianos: tarjetas de crédito, carnés de identidad...”

(Tomado de “Las matemáticas son divertidas“)

“El aburrimiento se cura con la curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.”

Dorothy Parker