En un mundo que cambia a gran velocidad, los sistemas educativos de prácticamente todo el planeta se están modificando. Existe la necesidad de adaptar los contenidos formativos a las necesidades del siglo XXI. Y uno de los grandes cambios en Educación ha sido la introducción de la competencia de sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor.

Si en generaciones anteriores educar significaba transmitir conocimiento, hacer que los alumnos memorizaran temas y los repitieran… hoy ese sistema ya no sirve. En un entorno que cambia constantemente y a gran velocidad, no sirve memorizar y repetir. Las personas deben ser capaces de responder con iniciativa a las situaciones que se les presentan, porque muy probablemente van a ser situaciones nuevas.

Si la sociedad cambia, los sistemas educativos deben cambiar. “Un sistema educativo es, entre otras cosas, una respuesta a la sociedad de su tiempo” (1). Por ello, se están incorporando nuevos conceptos a la educación en todo el mundo.

La Unión Europea está insistiendo en la necesidad de invertir en determinadas competencias en educación para lograr mejores resultados socio-económicos. La Comisión Europea señala – en su comunicación al Parlamento Europea de noviembre de 2012 (2) – que la educación es un activo estratégico esencial para el crecimiento. Y considera que es un reto generar aptitudes para el siglo XXI.

La Comisión señala que, para preparar a las personas para los recorridos de su carrera profesional, es necesario generar aptitudes transversales como pensamiento crítico, solución de problemas, trabajo corporativo y aptitudes emprendedoras.

Las competencias en educación

En la Unión Europea, las competencias clave en Educación fueron definidas por el Parlamento Europeo en 2006. El marco de referencia establece como competencias clave:

  1. comunicación en la lengua materna;
  2. comunicación en lenguas extranjeras;
  3. competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología;
  4. competencia digital;
  5. aprender a aprender;
  6. competencias sociales y cívicas;
  7. sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor, y
  8. conciencia y expresión culturales.

El marco de referencia planteado por el Parlamento Europeo no es de aplicación directa a los Estados miembros, sino que cada uno de los Estados debe incluirlo en su legislación. Ello supone que se puede producir alguna variación en la traslación a cada país.

Muchas de estas competencias clave ya han sido consideradas como tales desde hace años, y la sociedad entiende y acepta que se encuentren entre las competencias básicas.

Pero aparecen algunas competencias por vez primera, que tal vez sorprendan, pero que en nuestra sociedad resultan de vital importancia, como la competencia de aprender a aprender y la competencia en sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor.

La competencia emprendedora

El Parlamento Europeo define la competencia emprendedora como la habilidad de la persona para transformar las ideas en actos. Está relacionada con la creatividad, la innovación y la asunción de riesgos, así como con la habilidad para planificar y gestionar proyectos con el fin de alcanzar objetivos.

Emprender no es sinónimo de crear una empresa. Emprender es una habilidad que lleva a las personas a materializar ideas, a adoptar una actitud proactiva ante los retos que surgen, a buscar soluciones a los nuevos problemas que se plantean y que les impulsa para alcanzar nuevas metas.

Muchos autores han tratado este tema, como Richard Gerver (3), que defiende la necesidad de promover la creatividad y la iniciativa emprendedora en la educación.

Conseguir un objetivo así es un reto enorme, que merece la pena intentar. Gran parte del éxito de las personas a lo largo de su vida se va a medir por su capacidad de adaptación  a los cambios y por su capacidad de innovar y de emprender nuevos proyectos.

Enseñar a emprender es positivo, necesario y urgente, porque tiene un doble retorno: el de preparar a las personas para su futuro -para adaptarse a un futuro cambiante-  y el de conseguir en nuestra sociedad una mayor creación de valor, ayudar a crear más puestos de trabajo necesarios y contribuir al crecimiento económico.

Es necesario preparar a los niños y niñas para trabajos que hoy aún no existen, para resolver problemas y retos que hoy todavía no están planteados. Para ello, es necesario promover su sentido de la iniciativa y hacer que no se apague esa chispa creativa que tienen en su interior para emprender nuevas ideas.


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Investigadora y divulgadora en Educación e Iniciativa Emprendedora. Compagina la actividad docente en ESADE como colaboradora académica y tutora en asignaturas de Entrepreneurship con su trabajo de investigación de Doctorado sobre Educación e Iniciativa Emprendedora. Ello le permite investigar y adquirir conocimientos en estos ámbitos para colaborar con personas e instituciones a potenciar el espíritu emprendedor a través de cursos, conferencias, artículos y publicaciones Es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y MBA por ESADE. Máster en Auditoría y Control de Gestión por la UdL. Máster en Gestión Ambiental por la Universidad de Barcelona. Doctoranda en Economía de la Educación. Convencida de la importancia de promover la iniciativa emprendedora… porque el futuro lo construimos hoy.