Creo que el desempeño de la dirección escolar tiene unas necesidades básicas y fundamentales. No se trata, o no debe tratarse, de cumplir un expediente administrativo para asumir la responsabilidad de la Dirección, sino que debe manifestar con toda claridad qué se pretende, cuál es la filosofía o los principios que impulsan ese proyecto y debe ser una guía de viaje por los caminos de la gestión de un centro educativo. Además de compromiso con el Centro, con su Comunidad y con la Educación en general, la Dirección Escolar debe cumplir además con una serie de condiciones, que se convierten, en definitiva, en las necesidades que requiere para cumplir con ese concepto de guía para el camino.

  • Mejora del aprendizaje del alumnado. Considero que el objetivo último y principal de todo centro educativo es la formación de su alumnado, la mejor formación posible con la mayor equidad posible. La gestión del centro debe volcarse con el aspecto o vertiente educativa de la dirección, para ejercer el liderazgo pedagógico y garantizar ese mejor y más efectivo aprendizaje del alumnado. A partir de ahí, los resultados mejorarán, como de hecho han ido mejorando en estos años anteriores. Pienso que este debe ser el planteamiento: asegurar el aprendizaje para conseguir mejores resultados y no al revés, que es lo que muchas veces se deja entrever en ciertas políticas educativas.
  • Gestión democrática. Quizá convendría aclarar, antes de llamar a engaño a alguien, que gestión democrática no significa asamblearia, ni del poder de una mayoría sobre una minoría o de un sector de la comunidad sobre los demás. Ni tampoco significa que si no se siguen determinadas sugerencias o ideas se está utilizando una estrategia autoritaria y poco democrática. La Dirección escolar es una institución democrática porque está regulada por una normativa democrática y porque gestiona una institución democrática. Por lo tanto, las decisiones que se tomen podrán ser más o menos consensuadas, más o menos aceptadas, pero si siguen la normativa vigente y son aceptadas por los órganos democráticos del centro, serán también democráticas. Lógicamente, mientras más consensuadas y aceptadas sean, más asumidas serán y será mejor para el centro y, por ende, para la dirección, pero no en todas las ocasiones y circunstancias puede existir esa situación ideal, aunque hay que intentarlo siempre, porque hay competencias y decisiones ejecutivas que sería muy difícil consensuar sin atascar la gestión del centro y perjudicar la siguiente condición o necesidad.
  • Gestión eficaz. La gestión de un centro educativo se ha ido complicando y han aumentado sus competencias administrativas y burocráticas. Sin embargo, creo que deben quedar claros dos principios básicos para esta eficacia:

   El Centro presta servicios a su Comunidad y esos servicios son distintos según el usuario. Es decir, no es lo mismo el servicio que se presta al alumnado (formación y orientación, por ejemplo), que el que se presta al profesorado (gestión documental y académica, por ejemplo) o el que se presta a las familias (asesoramiento, información o formación, por ejemplo).

   Deben existir los mecanismos necesarios para revisar y mejorar la gestión de esos servicios. Los cambios continuos en materia legislativa y el aumento de responsabilidades, hacen muy compleja, como sabemos la gestión y por ello debe haber mecanismos que intenten solucionar los problemas planteados y buscar alternativas válidas de gestión.

   El alumnado y sus familias tener la seguridad de que van a ser bien atendidos por el centro, en su formación, en la información y en la orientación y asesoramiento. Y el profesorado debe sentir lo mismo, es decir, debe tener la seguridad de que hay cauces adecuados para la gestión administrativa, para poder desempeñar su tarea docente y para mejorar su desarrollo profesional. Todas y todos, en definitiva, tienen por tanto que tener la seguridad de que el centro les presta los mejores servicios posibles al desarrollar una gestión clara y eficaz.

  • Reparto de responsabilidades. Como hemos visto anteriormente, de manera general podemos afirmar que la educación es una responsabilidad compartida entre Familia y Escuela. De la misma manera, las responsabilidades dentro del centro deben quedar repartidas y que cada órgano, cargo o persona asuma las suyas para conseguir un reparto de las mismas y que no todas las responsabilidades recaigan en la dirección, que aunque es la responsable última de lo que ocurre en el centro  no debe asumirlas desde un principio sino que sólo debe limitarse a cumplir sus funciones y velar porque otros cargos y personas asuman la suya, fomentando la participación en la gestión democrática del centro.

Todos los elementos anteriores son necesarios para poder desarrollar un dirección escolar coherente que plantee unos objetivos ambiciosos, que veremos en la siguiente entrada.

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Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija. Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.