Entro en la clase de sexto de Primaria. Invito a los alumnos a cerrar los ojos; y escuchamos todos juntos el sonido suave y prolongado de la campana que acabo de tocar. El sonido, después de aparecer, varía su intensidad cómo las olas del mar, hasta que desaparece completamente en el espacio. En este momento, abrimos suavemente los ojos. Hemos estado habitando el presente con la presencia del sonido en mente: observando atentamente cómo aparece, cómo varía, y cómo desaparece un sonido en el espacio en un breve intervalo de tiempo. Hemos escuchado de manera diferente, hemos escuchado de manera atenta y plena, utilizando Mindfulness.

La experiencia puede parecer aburrida o tonta para un observador externo, pero estos pequeños momentos de atención en el momento presente, llamados Mindfulness, constituye una base excelente de felicidad, salud física y psicológica. Cada año, más estudios científicos demuestran los beneficios de Mindfulness tanto en los adultos como en los niños. Recientemente, con los avances de la neurociencia, vemos que la práctica de Mindfulness puede afectar de forma fiable y profunda las estructuras y funciones del cerebro. En los siguientes párrafos definimos Mindfulness y presentamos una evidencia empírica sólida para demostrar la importancia de esta práctica en el contexto educativo.

¿Qué es Mindfulness? Según el Dr. Jon Kabat-Zinn, Mindfulness (Atención Plena en Español) se define como la conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional, a la experiencia tal y como es en el momento presente, sin juzgarla, sin evaluarla y sin reaccionar a ella”. De esta manera: atenta, sin juicio y sin reacción, podemos observar las sensaciones en nuestro cuerpo, nuestras emociones o nuestros pensamientos tal y como surgen en cada momento.

¿De dónde viene? Los orígenes de Mindfulness se sitúan en las tradiciones contemplativas, sin embargo, es una práctica no-asociada a ninguna religión en concreto. Introducida en la medicina hace más de treinta años por el Dr. Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de Medicina en la Universidad de Massachusetts, Mindfulness se ha trasformado en una influencia dominante, con éxito demostrado en la psicología, la medicina, los entornos corporativos, y ahora, en la educación.  Mindfulness ha sido recomendado con un estatuto prioritario por el Instituto Nacional del Reino Unido para la Excelencia Clínica (NICE, 2009), y ha dado lugar a numerosas intervenciones como el Programa de Reducción de Estrés basado en Mindfulness (MBSR) o Terapia Cognitivo-Conductual basada en Mindfulness (MBCT). Recientemente, debido a resultados científicos muy prometedores en el campo de salud mental con niños, adolescentes y adultos, se ha fomentado la introducción de Mindfulness en el campo educativo

¿Por qué Mindfulness? La práctica de Mindfulness permite aprender a ser consciente de los estímulos externos (como los eventos en la vida diaria) e internos (como nuestras sensaciones corporales, pensamientos o emociones) que influyen en nuestro comportamiento, es decir en la manera de responder o reaccionar a estos estímulos, facilitando una respuesta apropiada, atenta y saludable. En otras palabras, Mindfulness ayuda a crear espacio entre el estímulo y la respuesta a este estímulo, reemplazando una reacción impulsiva con una respuesta consciente. Lo que claramente, tiene un impacto directo en la vida diaria de nuestras relaciones y en nuestro cuidado personal.

Más de treinta años de investigación, ofrecen pruebas convincentes para apoyar el uso de Mindfulness en el campo educativo.

Las intervenciones basadas en Mindfulness en la población adulta han sido demostradas como eficaces para disminuir el estrés, la ansiedad, la depresión y el dolor crónico, aumentando el bienestar físico y psicológico (ej. de Vibe et al., 2012).

Numerosos estudios científicos sobre el uso de Mindfulness en los niños y adolescentes han demostrado una mejora significativa de las funciones ejecutivas, tales como la atención (ej. Flook, 2010); disminución de estrés y los síntomas depresivos (Kuyken et al, 2013.); aumento del bienestar, calidad del sueño y la relajación (Broderick y Metz, 2009); aumento de comportamientos sociales y optimismo (Schonert-Reichl y Lawlor, 2010); y disminución de los comportamientos agresivos (Lee et al., 2008).

En población clínica las intervenciones basadas en mindfulness han mostrado varias mejoras de comportamiento en los pacientes jóvenes con trastorno de hiperactividad (ej. Bögels et al, 2008; van de Weijer-Bergsma et al, 2012); problemas de aprendizaje (Beauchemin et al, 2008); problemas de abuso de sustancias (Bootzin & Stevens, 2005); la ansiedad y la depresión (ej. Biegel et al., 2009; Semple et al., 2009).

Mindfulness ha sido también aplicado con los profesores, demostrando mejora de la salud física y la auto-eficacia de los profesores (Poulin, 2008); mejora en interacción con los estudiantes y compañeros de trabajo, disminución del estrés, y el aumento de motivación, aumento en bienestar, mejor apoyo a los estudiantes y el aumento en motivación (Jennings et al. 2013). Efectivamente, ser un docente feliz tiene una importancia crucial. Los resultados académicos de los alumnos están influenciados por la relación profesor-alumno (Jenings & Greenbergs, 2009) y la falta de capacidades socio-emocionales en los profesores implica una disminución de resultados académicos de sus alumnos (Marzano et al., 2003).

Finalmente, los estudios en neurociencia (Hözel et al., 2011) sugieren que la práctica de Mindfulness está asociada con cambios neuroplásticos que apoyan un análisis más auto-independiente y objetivo de los eventos; mejorando por una parte la percepción de las perspectivas alternativas y la no-reactividad; y por otra parte las capacidades de regulación emocional. Participar en un programa de Mindfulness de 8 semanas con una práctica de 45 minutos diarias permite el aumento de materia gris en las áreas asociadas con el aprendizaje, memoria, compasión e introspección (citado en Weare, 2013).

Al nivel mundial, los programas de Mindfulness son cada vez más numerosos, y con el apoyo de datos científicos podemos ver que no es sólo un efecto de moda, sino una herramienta que funciona verdaderamente.

Por tanto, consideramos que es un buen momento para introducir los programas de Mindfulness en las escuelas tanto para los niños y adolescentes como para los docentes y padres. De esta manera aprenderemos aspectos fundamentales para nuestra vida como: conocernos mejor, cultivar nuestro bienestar, y a desarrollar las capacidades de atención, calma y vínculo positivo con uno mismo y con los otros.

MINDFULNESS

 


Referencias:                           

Beauchemin, J., Hutchins, T. L., & Patterson, F. (2008). Mindfulness meditation may lessen anxiety, promote social skills, and improve academic performance among adolescents with learning difficulties. Complementary Health Practice Review, 13, 34–45.

Biegel, G. M., Brown, K. W., Shapiro, S. L., & Schubert, C. M. (2009). Mindfulness-based stress reduction for the treatment of adolescent psychiatric outpatients: A randomized clinical trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 77, 855–866.

Bootzin, R. R., & Stevens, S. J. (2005). Adolescents, substance abuse, and the treatment of insomnia and daytime sleepiness. Clinical Psychology Review, 25, 629–644.

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de Vibe, M., Bjørndal, A., Tipton, E., Hammerstrøm, K. T., & Kowalski, K. (2012). Mindfulness based stress reduction (MBSR) for improving health, quality of life and social functioning in adults. Campbell Systematic Reviews. 2012, 3.

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