La iniciativa #POSÍ_XXI intenta ofrecer soluciones colaborativas y consensuadas e ideas innovadoras, e incluso disruptivas, para alcanzar una educación apropiada para el siglo XXI. Entre las propuestas que surgen en este contexto se encuentra la de diseñar pruebas que evaluación adaptadas a la realidad de las nuevas formas de aprendizaje y contextualizadas por los propios docentes. En definitiva, diseñar nuestras propias pruebas parecidas a las de diagnóstico o PISA y evaluar así a nuestro alumnado. Vamos a explicarlo.

1. Encuadre general

La evaluación es la clave. Condiciona todo el trabajo escolar: modelos de enseñanza docente, estilos de aprendizaje del alumnado, los contenidos más relevantes y las relaciones de la comunidad educativa dentro y fuera del aula. Por lo tanto, hablar de evaluación es hablar del proceso crucial del hecho educativo.

Y claro, el concepto que se tenga de evaluación y cómo se desarrolle viene marcado por el concepto del hecho educativo que el docente tenga. Algo que Miguel Ángel Santos Guerra definió muy bien con la frase “dime como evalúas y te diré qué tipo de profesional (y de persona) eres” [1].

La confusión generada por la costumbre ancestral, por una enseñanza basada en los contenidos y por la obligación normativa de calificar ha hecho que se mezclen dos conceptos peligrosos: evaluar y calificar, que en realidad definen dos situaciones muy diferentes. Evaluar es valorar todo un proceso y calificar es poner un valor a algo concreto realizado en un momento determinado. Todo esto lleva a que se desarrolle más una evaluación calificatoria (también clasificatoria) que una evaluación formativa. Para muchos docentes, evaluar es poner una nota puntual y no valorar la evolución de todo el proceso de aprendizaje de sus alumnos durante un período de tiempo, llámese trimestre, evaluación o curso. Es un momento concreto y no algo que acompañe siempre al aprendizaje. Y si separamos aprendizaje y evaluación, si no lo entendemos en el mismo proceso, no estamos valorando (evaluando) sino calificando. Con ello, además, se produce una última y gran diferencia ya que en la calificación se penaliza el error y en la evaluación el error es fuente de aprendizaje.

El concepto de evaluación nos lleva directamente a los instrumentos que se utilizan para medir y valorar el aprendizaje. Lógicamente, la evaluación convencional prioriza la realización de pruebas escritas, mayoritariamente basadas en contenidos memorísticos  y que están pensadas para calificar. Si, por el contrario, entendemos la evaluación como algo formativo y como algo que acompaña al proceso de aprendizaje, los instrumentos deben ser otros y generalmente relacionados con la observación de la evolución del trabajo del alumnado: observación directa, rúbricas, portfolios, etc. Están más relacionados con el saber hacer, con cómo se aplican los conocimientos en la práctica, es decir, con las competencias desarrolladas por el alumnado, que con el simple saber memorístico y concreto.

2. Pruebas POSI_XXI

Una vez que hemos enmarcado el tema que nos ocupa, vamos a explicar el planteamiento de estas pruebas. La propuesta tiene su historia. Una historia que parte de una reflexión personal con una propuesta inicial, el informe POSÍ XXI, basada en el cansancio por el uso y el abuso de los resultados de las pruebas PISA y en la certeza de las muchas cosas buenas que se hacen en educación. Así surgió la idea de diseñar pruebas parecidas a las de diagnóstico y las de tipo PISA por nosotros los docentes de a pie. Como propuesta alternativa a las pruebas oficiales y para ir teniendo una especie de banco de recursos elaborados por los propios docentes de distintas áreas. Una especie de design thinking de la docencia, de la de a pie, de la que vive el día a día y el hora a hora del aula, pero también de docentes preocupados por mejorar, por cambiar, por innovar y por tener un concepto de la evaluación como sinónimo de valoración y retroalimentación del aprendizaje y alejada de la mera calificación sancionadora.

Todo esto se plasmó en un Site de Google, llamado Pruebas POSI XXI, que se plantea como ese banco de recursos de puebas de este tipo que se mencionó más arriba. Es, como el informe POSI XXI, un site abierto, colaborativo, donde podemos ir colgando nuestras pruebas y para que quien quiera pueda utilizarlas. Deberían ser pruebas que cumplieran características del nuevo aprendizaje de la era digital:

  • No deben ser pruebas memorísticas, que valoren la cantidad de datos acumulados.
  • Deben basarse en la utilización y manejo de las habilidades TIC del alumnado.
  • Deben medir el saber hacer más que el saber.
  • El alumnado debería participar en el diseño de las mismas.

Yo ya las he creado y las he planteado en el aula al final de este curso y el resultado es bastante satisfactorio, tanto por su aceptación por parte del alumnado, como por la propia experiencia que ha ayudado a reorientar ciertas cuestiones de las mismas.

¿Te animas a diseñar alguna prueba? Es tu site y es, si quieres, tu experiencia y la de todos los que participemos y nos beneficiemos de la inteligencia colectiva. Del poder que se desprende de tener a muchos docentes diseñando y compartiendo este tipo de pruebas y de experiencias.

Porque se puede. Otra evaluación es posible porque estamos haciendo posible otro aprendizaje.


[1]Miguel Ángel Santos Guerra. Una flecha en la diana. La evaluación como aprendizaje. Título del último capítulo de esta interesante obra.

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Licenciado en Geografía e Historia (año 1985), profesor de Secundaria desde 1987 y desde 2003 director del IES Virgen del Castillo de Lebrija.
Sus intereses personales son la innovación educativa (PBL, Flipped Classroom, BYOD), la metodología 2.0, la organización escolar, el desarrollo de competencias básicas, la aplicación de las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito formativo y la preocupación por la institución escolar. Ha publicado dos libros y diversos artículos de demografía histórica y otros sobre temas educativos en Cuadernos de Pedagogía y Escuela Española.