Hay muchos espejismos educativos. Hoy queremos analizar uno que, tarde o temprano, hay que afrontar: ¿qué saben de educación los políticos que tienen poder de decisión? Nos referimos a este organigrama: ministro, secretarios, consejeros de educación y direcciones generales, con sus respectivos asesores personales. Este análisis no es generalizable, pero sus excepciones son lo que indica ese nombre: excepciones. Hablamos por experiencia. Ojalá nos equivocáramos, ¿existe la meritocracia política? ¿quiénes son las élites políticas en nuestro país? Nuestro análisis se limitará al ámbito educativo, aunque este análisis se puede extender desgraciadamente.

La clase política que tiene poder de decisión no conoce la realidad educativa directamente. ¿Cómo puede haber consejeros o directores generales que no sepan lo que es una competencia educativa? ¿cómo pueden ignorar el lenguaje educativo propio de aquello sobre lo que están gobernando directamente? ¿cómo pueden tener elementos de juicio, si desconocen conceptos básicos de pedagogía o psicología? ¿cómo pueden creer que tienen soluciones? Lo que hemos dicho existe y no es una excepción. Cortoplacismo y falta de realismo, la enfermedad del político mediocre.

La clase política está rodeada de un grupo de asesores que no saben, asesores que son amiguismos o favores personales o de partido: la mediocridad que se da cuando un puesto es por cuotas políticas y no por meritocracia. Meritocracia significa, entre otras cosas, profesionalidad. Falta mucho de esta: nadie está por encima de aquellos que analizan tu gestión. Tarde o temprano, quedan descubiertos en su política educativa. La Red es nuestro ágora actual, aquí la libertad no puede ser sofocada. Es más, las redes transforman todo el espacio mediático: un político debería saber esto. Debería.

La clase política debe ser evaluada por sus resultados. No nos referimos a los períodos electorales. En INED21 hemos apostado siempre por extender una cultura de la evaluación: empieza por aquellos que tienen capacidad de legislarla. Un ejemplo: a finales de este año se harán públicos los resultados del último informe Pisa. ¿Qué deberíamos decir de un consejero donde su comunidad autónoma ha empeorado sus resultados? ¿se atreverá a decir que son los profesores los únicos responsables de estos resultados? Este año es un año con riesgo educativo: aquí estaremos atentos a todos los resultados y los analizaremos en el momento oportuno.

La igualdad de oportunidades y la excelencia son enunciados vacíos, si no van acompañados de una política educativa que construya estos pilares. Ningún político puede engañar a aquellos que pide consejo o gobierna. Desdeñar o ignorar este supuesto moral, es un suicidio político en una época abierta como la nuestra. La Red es el poder de aquellos a los que creen engañar. Todo lo que decimos tiene nombre propio, y los lectores tendrán el suyo. Es hora de la transparencia en esta crisis de fundamentos de nuestra democracia.

Este proyecto INED21 es independiente, esto quiere decir que ningún partido político podrá nunca callar nuestra crítica, siempre argumentada y discutible. Solo a vosotros nos dirigimos con nuestros aciertos y errores: a todos aquellos que comparten de verdad la pasión educativa. Muchos políticos no comprenden lo que es la Red: no basta con utilizarla para saber su efecto. Siguen pensando en sus  cuotas de poder que creen superior a cualquier efecto red, no han comprendido aún lo que significa influencia en el s.XXI. No han leído a Manuel Castells, no saben que una política educativa puede desacreditarse de forma transparente en la Red. El futuro, más temprano que tarde, demostrará lo que decimos. Es hora de evaluarnos todos. No hay excelencia, sin una política a la altura de esa palabra.

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  • Benjamin Mendoza

    Maestro jose luis mis respetos por sus atinados comentarios y estoy de acuerdo con usted de que ese fenomeno se extiende a otros ambitos, no solo al educativo, y diria que es un mal que aqueja no solo a España sino que se extiende y es una practica común en otras latitudes, al menos en México la padecemos.