Ningún sistema puede tener buenos resultados a largo plazo, si es anulada cualquier posibilidad de meritocracia. Uno de los grandes defectos del sistema educativo en las dos últimas décadas, es no reconocer una estructura que incentive y promueva una meritocracia realista en todos los niveles del sistema educativo. Confundir igualdad de oportunidades con igualdad de mérito, es una injusticia que ningún sistema puede permitirse. Los resultados están a la vista.

Primer argumento: un sistema educativo no puede nivelar por igual cualquier mérito profesional y educativo. En España hay un profesorado comprometido, realizando buenas prácticas en su día a día, un profesorado que está formándose continuamente, que en la actual situación educativa, no tiene más reconocimiento que el voluntarismo de sus acciones. Una cultura de la evaluación interna y externa es necesaria: un docente formado y comprometido, con buenas prácticas y resultados, no puede tener igual reconocimiento profesional y económico que un docente acomodado y burocrático. Quien está dentro del actual sistema, sabe lo que está ocurriendo.

Segundo argumento: un sistema educativo debe promover e incentivar una cultura profesional y educativa de excelencia. Hay, por parte de cierta reflexión educativa e ideológica, una insistencia en la enseñanza de la cultura de los  valores. Sospechamos que tanta insistencia en un discurso ético, esconde su vaciedad. Los valores se demuestran con el ejemplo: profesionalidad y trabajo riguroso en el trabajo de aula cada día. Más ejemplaridad y menos palabras. Hay extraordinarios docentes que pasan inadvertidos en un sistema donde se promueve la linealidad de los procesos y resultados. No es casual nuestra ausencia estadística en el alumnado de excelencia a nivel europeo. ¿Por qué? Porque solo se entiende la atención a la diversidad de aquellos que necesitan ayuda. Siempre hemos dicho que esto es necesario. El argumento es otro: los que destacan, los ignoramos estructuralmente casi siempre. Destacar es sospechoso en nuestro país.

Tercer argumento: un sistema educativo debe proporcionar la formación y la organización adecuada, para que todos sus componentes puedan mejorar constantemente. No basta con enunciar una cultura de la excelencia, hay que diseñarla con precisión en todos los niveles: un docente y un alumno que quieran mejorar y superarse deben poder hacerlo. Ahora esto brilla por su ausencia. Desde INED21 hemos dado propuestas concretas para ello. Responsabilidad de nuestro trabajo: no nos escondamos en los discursos. Ha llegado la hora del realismo educativo.