Una buena motivación es hacer una buena autocrítica educativa. Hoy muchos chicos que se aburren en el aula porque no son el centro de atención. Y antes… ¿cómo era?

Hay que tener el modelo de clase como era en la época de Aristóteles con Alejandro Magno, pero… ¿eso es posible en un mundo donde todo es para ayer? A los alumnos de hoy se les debe exigir más, con más motivación; que la educación sea una profesión por vocación y no una mera salida laboral; que la educación genere compromiso social y que los alumnos sean partícipes de la generación de ese compromiso.

EDUCACIÓN MASIVA

La educación debe ser masiva, pero no solo en el sentido literal también en el sentido ideal, debe ser también democrática y no una educación que forme sujetos alienados sin ganas de estudiar y que ella sea para pocos.

Hoy hay que aprender a compartir, aprender, ser protagonista de ese aprendizaje. Los alumnos no deben ser seres que acumulen minutos dentro del aula contando esos minutos para que todo termine de una buena vez; si esto se ve así, si esto es así, es una tortura y la tortura no hace libre a las personas, los encadena y nuestros alumnos, que son nuestros hijos, no deben estar encadenados al aprendizaje.

Una cuestión que debemos los docentes plantearnos siempre es: ¿qué ocurre con los contenidos que el profesor da en el aula? Los alumnos deben tener un papel activo en el aula porque la motivación también se contagia.

Cuando la vista no puede ser vista. ¿Para qué formamos? Lo que no me parece lógico es «pasarle la pelota» directamente a los alumnos sobre por qué no estudian. Una cosa he sacado en claro: con motivación, TODO es más fácil en el aula.

Ni en nuestra época éramos tan aplicados, ni ahora lo son tan poco los alumnos que estudian y saben. Hay alumnos excelentes, mediocres y malos. No existe un proceso de aprendizaje que no involucre sus principales actores: los docentes y los alumnos.

En general, cuando enseñamos, solemos decir: comparen esos textos, pero no cuál es el conjunto de actuaciones que uno debe realizar para compararlos. Por ejemplo, en nuestras aulas deberíamos –como docentes– privilegiar la memoria y la  práctica, no una u otra, ambas. Hay un desprecio por estudiar algunas cosas de memoria que «no me gustan», hay que seleccionar: ¿Qué cosas se deben de estudiar de memoria?

Otra de las frases que resuena muchos ahora es que Los chicos, hoy por hoy, no leen mucho; pero yo veo que los chicos de ahora están todo el día leyendo el celular, las redes, lo que no hacen porque no les damos herramientas es enseñarles a pensar, dar herramientas para un pensamiento crítico.

Los «críticos de la educación» y los «reformadores» de todas las épocas escolares han señalado que la educación de nuestros alumnos –y más en la escuela secundaria– son víctimas de un modelo de pedagogía mediocre e ineficaz: no saben nada, no estudian, los docentes son mediocres, etc., etc.; esto lo escucho todos los días desde que soy docente –y desde antes–.

UN TIPO DE ALUMNO DISTINTO

Estamos frente a un tipo de alumno distinto, que vive en la era de la inmediatez, todo ya, casi siempre sin proceso de análisis, eso es una deuda que mantenemos los adultos. Quizás falta hacer un lugar equitativo en el aula de todos los días, más amigable con nuestros alumnos, que ellos también se adapten a nosotros, no todos a ellos, pero adaptarse NO es «hacer lo que el docente dice»; el docente NO es el amo del aprendizaje, es el guardián de ese aprendizaje y, como guardián, lo debe cuidar y hacer que el mismo circule, que llegue a todos incluso al que se muestra háptico hacia él.

La educación no es una actividad que genera egoísmo porque presupone compartir aprendizajes, pero –muchas veces– perdemos motivación si no sabemos la utilidad en el mundo «real» de lo que estamos aprendiendo.

Este alumno del Siglo XXI requiere, de manera constante respuestas y acciones del docente, estas respuestas, muchas veces, deben ser rápidas, inmediatas, pero confieso que tardé un tiempo en darme cuenta de la diferencia que existía entre oír y escuchar y, por lo tanto, mantener la atención del alumno; sin duda, es por la falta de motivación y la empatía no lograda.

Debemos estar atentos al lenguaje que se escucha en el aula, esto es lo que muchos diseñadores de «políticas educativas» no ven: es que están muy ocupados en el confort de sus escritorios. La motivación es la predisposición que uno tiene para promover un cambio.

Aprender supone adquirir información, retenerla, interpretarla, y ser capaz de recuperarla y aplicarla cuando es necesario, esa incorporación se puede dar hoy, mañana, dentro de diez días; pero, sin duda alguna, en alguna ocasión será aplicada, si no es así, si no tengo ese convencimiento, es mejor no enseñarlo.

Hoy podemos hablar de «los nuevos alumnos» que han protagonizado la revolución tecnológica, pero sin dudas los alumnos aprenden más y mejor cuando se sienten protagonistas y no meros espectadores.

«Las ideas básicas que caracterizan a una época señalan la manera como el mundo entero se configura ante el hombre».

Luis Villoro, El pensamiento moderno, 1992

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Profesora de Historia especializada en Nuevas Tecnologías. Declarada personalidad Destacada de la Educación por el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata, Argentina. Profeosra en la Secundaria de los Colegios Nuestra Señora de Lourdes y San Cayetano de la Ciudad de La Plata. Argentina. Autora del Sitio Educativo El Arcón de Clío www.elarcondeclio.com.ar. Autora de los Manuales para docentes de Construcción de Ciudadanía de la Editorial Alfaomega. Ganadora de Cuatro PREMIOS UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) a la divulgación de Contenidos Educativos. Distinguida por el Diario Clarín, Argentina entre los 13 docentes del año 2013 de Argentina. ."La educación como meta desde las aulas"