Liberté, égalité, fraternité

“Libertad, Igualdad, Fraternidad”  palabras que se proclaman por vez primera durante la Revolución francesa y que han sido cuestionadas a lo largo de los últimos siglos en Francia y que figura en la última Constitución de 1958 como parte de su patrimonio nacional.

Tres palabras que en los últimos tiempos se han puesto de moda, más si cabe, después de los últimos atentados que se han producido en París y que ha conmocionado a todo el mundo.

Ramón Campoamor dice “la libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer  lo que se debe”. A buen seguro que muchos  hemos vivido en primera persona cómo  se atenta contra nuestra libertad, contra nuestra ideología, o contra nuestras creencias y nos entran ganas de “vomitar culebras” contra aquéllos que así lo hacen.

Pero ¿realmente eso es lo que debemos hacer? Cualquier tipo de violencia, física, escrita o dialéctica, en defensa de nuestras ideas, NO es el camino para construir una sociedad más justa y fraterna.

No podemos ampararnos en la libertad para atacar, vejar, insultar a los demás por muy mal que lo hagan en política, en un campo de juego o en cualquier ámbito de la vida.

La libertad de expresión muchas veces está mal entendida, ya que nos amparamos en ella para, incluso, juzgar a quien sea, muchas veces sin haberse celebrado juicio alguno ni sentencia condenatoria.

¿Dónde está la presunción de inocencia?

Velar por esto no implica una disminución de nuestros derechos, al contrario, garantiza una sociedad donde reine la igualdad y la fraternidad.

La escuela juega un papel importantísimo en la educación por y para la libertad, ya que es la institución capaz de mostrar al alumnado los diferentes caminos para lograr lo que ellos quieran y necesiten,  aprender dependiendo de sus capacidades, sin “adoctrinamiento”, buscando las “diferentes verdades” por sí mismos, para que luego escojan en total libertad.

El rol del docente debe ser el de acompañante, guía, de ayuda a discernir con conciencia crítica, pero desde la del alumno no desde la del profesor.

¿Pero esto cómo se consigue? Ayudando y enseñando a pensar a nuestro alumnado. Robert Swartz, ha sido pionero en la inclusión del pensamiento crítico y creativo en los contenidos curriculares, director The National Center for Teaching Thinking (NCTT), USA, doctor en Filosofía, graduado en la Universidad de Harvard y profesor emérito en la Universidad de Massachusetts en Boston y que ha publicado diversos artículos sobre la enseñanza del Pensamiento crítico y creativo en todos los niveles educativos.

En España ya hay varias escuelas que siguen sus programas y que ya han logrado un rápido y excelente progreso en traer el TBL a sus aulas y trabajan para que este tipo de enseñanza se convierta en parte de su proyecto curricular desde Infantil.

En Canarias son varios los centros que tratan de introducir esta metodología en sus aulas, privados y  públicos a través de la Red de Centros Innovadores y para la Continuidad Escolar.

Quiero finalizar con una frase que escuché a Robert Swartz  en su última estancia en Gran Canaria “todo el mundo piensa, pero no todo el mundo piensa con el cuidado y la habilidad que debería”. Si ayudamos a pensar a nuestro alumnado, seguro que  tendremos una sociedad más libre, más igualitaria y más fraterna.