TERMINAL T1

El año ha empezado con fuerza. Nuevos proyectos de innovación que prometen un año muy, pero que muy interesante. Trabajando con organizaciones que son innovadoras y que no quieren dejar de serlo, colaborando con equipos de los que siempre se aprende.

Pido disculpas por anticipado… esta semana casi sin tiempo para escribir, estoy escribiendo mi artículo en la terminal T1 del aeropuerto, mientras espero para embarcar hacia Mallorca. Formación viernes y sábado en Mallorca… así que no voy a tener tiempo de revisar y pulir lo que escribo, lo que lees es tal cual lo he escrito

Trabajar en innovación «mola». La innovación ha pasado a ser la clave para el crecimiento en nuestra sociedad. Innovación se ha convertido en la nueva palabra de moda.

RESOLVER PROBLEMAS NUEVOS

Se acabó la época de repetir siempre lo mismo, ya no sirve repetir proyectos, no sirve repetir respuestas…  Es cuestión de ser capaces de adaptarnos, de mejorar lo existente y de resolver problemas nuevos.

El ritmo de innovación es cada vez más rápido. En 1965 la Ley de Moore señalaba que el número de transistores en un circuito integrado debía multiplicarse por dos cada dos años y el precio de los chips caería de forma exponencial. Este planteamiento, que parecía sorprendente en ese momento, quedó obsoleto muy pronto y en 2015 el propio Moore revisó su pronóstico porque el crecimiento que se produjo fue muy superior. Los cambios se desencadenan a un ritmo cada vez más rápido. La innovación es continua, no se detiene.

PREDICCIONES

Hacer predicciones es cada vez más difícil

Hacer predicciones es cada vez más difícil. Que un proyecto funcione muy bien hoy no es garantía de que siga haciéndolo mañana. En 2009 la revista ‘Fast Company’ publicaba «Nokia domina el mundo» porque suministraba el 40% de los móviles de 1.100 millones de usuarios en 150 países. Pero, en poco tiempo, Nokia perdió su posición de dominio y vio cómo su plantilla de 150.000 personas se redujo a unos centenares. Si el impacto no fue peor, fue debido a que el país –Finlandia– dispone de la mejor educación del mundo. Ninguna compañía tiene garantizada su supervivencia.

Vivimos entre la fascinación y el miedo por este ritmo de cambios constantes y acelerados. Nos encantan las novedades que hacen de nuestra vida un mundo de conexión sin límites, estar «a la última» en todo… pero nos asustan las consecuencias que este ritmo de cambio tiene. Y es que una economía competitiva debe basarse en el talento y la innovación, pero siempre puestos al servicio de la sociedad.

Sin embargo, no todas las novedades pueden considerarse innovación, ni todas las innovaciones serán necesariamente buenas. José Antonio Marina nos lo recordaba en su artículo «El mantra de la innovación»:

«Lo cierto es que hay innovaciones perjudiciales. La crisis económica … fue desencadenada por innovaciones financieras destructivas.

Por lo tanto, erigir como norma básica la innovación es una postura completamente estúpida. El concepto importante es ‘mejora’».

José Antonio Marina

El mismo Marina nos indica que, al hablar de la necesidad de innovar, estamos hablando de la necesidad de aprender a hacerlo, y de aprender a utilizar las innovaciones. Esto convierte la gestión de los procesos de aprendizaje en una prioridad social.

El premio Nobel Joseph Stiglitz así lo señala en su libro ‘Creating a learning society’.

«El desarrollo –señala– exige aprender a aprender. (…) Crear una dinámica sociedad del aprendizaje tiene muchas dimensiones: los individuos tienen que tener la actitud y la habilidades para aprender, y tiene que haber alguna motivación para hacerlo».

Friedman y Mandelbaum afirman que:

«Mirando al futuro, estamos convencidos de que el mundo estará cada vez más dividido entre países que tengan, alienten y ayuden a la imaginación y a potenciar los atributos de su pueblo, y aquellos que tengan poca innovación, la supriman o simplemente no puedan contribuir a desarrollar en su gente la capacidad de crear, la habilidad de generar nuevas ideas, la posibilidad de poner en marcha nuevas industrias y de potenciar los atributos de su gente».

Y es que el mundo necesita innovación. Y, al pensar en innovación, solemos pensar en tecnología, en nuevos desarrollos, en nuevos productos… cuando la realidad nos demuestra que la innovación tiene más que ver con las personas y con la forma en que miran el mundo.

La realidad nos demuestra que la innovación, hoy, está más impulsada por la creatividad de las personas que por la investigación científica realizada en un laboratorio. Las innovaciones que más impacto han tenido en los últimos tiempos han sido las de productos como el iPhone o servicios como Airbnb, que no suponen inventar un nuevo producto, ni requieren de nuevas tecnologías, sino que suponen un modo distinto de hacer las cosas. Por ello, la innovación está en manos de todos, no solo de científicos, técnicos o investigadores.

APRENDER A INNOVAR

¿Se puede aprender a innovar?

Si el futuro necesita a personas innovadoras, es evidente que la educación deberá pensar en cómo formar innovadores. Y, en este ámbito, distintos expertos han realizado sus aportaciones.

DyerGregersen y Christensen señalan que el espíritu emprendedor en innovación no es una predisposición genética, sino un esfuerzo proactivo, en el que los emprendedores deben actuar constantemente de manera diferente para poder pensar de forma diferente.

Teresa Amabile, profesora en Harvard Business School, ofrece un marco de desarrollo de la creatividad y la innovación como resultado del desarrollo de la interrelación de tres elementos:

Conocimientos técnicos.

Habilidades de pensamiento creativo, que son las que permiten hacer las preguntas correctas, observar, sentir empatía, colaborar y experimentar.

Motivación.

Tom Wagner, director del Laboratorio de Innovación de la Universidad de Harvard publicó el libro «Creando innovadores», en el que analiza cómo formar innovadores. Señala que muchos expertos en innovación manifiestan que los millennials constituyen una generación más innovadora que las anteriores, y que presentan muchas diferencias, como que les resulta mucho más interesante Internet como profesor que el que tienen en el aula. Algo sobre lo que pensar. Wagner señala tres claves para crear innovadores:

El juego

Como modo de explorar, experimentar e imaginar nuevas posibilidades.

La pasión

Es un elemento de motivación intrínseco.

La persecución de un propósito

Recordando como Daniel Pink señala la importancia de la autonomía, la maestría y la persecución de un propósito como motivaciones básicas humanas.

La motivación intrínseca es fundamental, conduce a lograr objetivos y a perseverar, a dar sentido a la vida. El futuro pasa por la innovación. Y formar innovadores pasa por impulsar motivaciones intrínsecas, necesitamos un por qué.

Y es que la innovación no está en las herramientas. La innovación está en las personas. La innovación es humana.

¿QUÉ NECESITA EL MUNDO?

El mundo necesita innovación. Pero la innovación está en pensar qué necesitamos cada un@ de nosotr@s, cómo mejorar nuestro entorno y nuestra vida. No es cuestión de desarrollar novedades sin sentido, de generar más productos, de crear supuestas «necesidades» que no lo son….

«Los hombres de tu tierra —dijo el principito— cultivan cinco mil rosas en un jardín… y no encuentran lo que buscan».

El Principito

Deberíamos empezar por el principio, preguntarnos qué buscamos, qué necesitamos… y avanzar en esa dirección.

Muchas veces, lo que necesitamos está más cerca de lo que pensamos.

What the world needs now…

what the world needs now…

is love, sweet love…

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Investigadora y divulgadora en Educación e Iniciativa Emprendedora. Compagina la actividad docente en ESADE como colaboradora académica y tutora en asignaturas de Entrepreneurship con su trabajo de investigación de Doctorado sobre Educación e Iniciativa Emprendedora. Ello le permite investigar y adquirir conocimientos en estos ámbitos para colaborar con personas e instituciones a potenciar el espíritu emprendedor a través de cursos, conferencias, artículos y publicaciones Es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y MBA por ESADE. Máster en Auditoría y Control de Gestión por la UdL. Máster en Gestión Ambiental por la Universidad de Barcelona. Doctoranda en Economía de la Educación. Convencida de la importancia de promover la iniciativa emprendedora… porque el futuro lo construimos hoy.