Uno de los grandes fracasos que nos han llevado a la situación actual, es no comprender que la familia es un actor educativo principal. Si repasamos los mejores resultados en cualquier país, una de las variables principales es el compromiso que escuela y familia tienen en su dinámica educativa. A continuación, establecemos tres argumentos principales que deberían fundamentar esa relación. Estos argumentos están abiertos al debate educativo, desde esa intención se exponen.

Primer argumento: la familia es el principal actor respecto a la educación de todo alumno. Esta afirmación obvia, tiene varias consecuencias. Primera: la responsabilidad familiar del trabajo escolar en casa. Segunda: la construcción de hábitos, actitudes y valores que moldeen las competencias de nuestros alumnos, es una responsabilidad familiar, la escuela complementa esta tarea educativa. El fracaso escolar tiene muchos espacios vacíos que, políticamente, no se quieren señalar: toda familia es corresponsable del fracaso de un alumno. Libertad implica responsabilidad: afirmar lo primero sin asumir las consecuencias, es una falacia democrática.

Segundo argumento: la reciprocidad entre familia y escuela es un factor principal de la mejora educativa. Esa reciprocidad debe construir estructuras que hagan una evaluación, seguimiento y prevención de los diferentes problemas que un alumno va teniendo en su biografía escolar. Dejamos dos argumentos que reflejan la ausencia de una reciprocidad positiva: somos uno de los países con más interrupción escolar en las evaluaciones internacionales; el nivel de implicación organizativo y pedagógico de las familias en el sistema educativo, es muy mejorable. Una época de la prevención como la nuestra, debe tener presente esta idea: una familia responsable y comprometida con la educación de sus hijos, es la mejor política preventiva posible.

Tercer argumento: toda política educativa es una política familiar, lo quiera reconocer o no. Hemos reflexionado muchas veces sobre la importancia de una política educativa en una sociedad del conocimiento. Esta importancia se hará más evidente, en la medida que el contexto social y económico sea consciente de que el capital humano, es un capital educativo. Esta tríada educación-familia-sociedad del conocimiento, debe fortalecerse: la solidez de sus vínculos es la solidez de nuestro futuro. No hay éxito educativo sin una escuela y una familia que tengan una relación fluida y constructiva. Todo debate educativo es, implícitamente, un debate sobre las familias que lo conforman. Construyamos ese vínculo: nadie lo hará por nosotros.