Hace tiempo que la vida no es cíclica, todo empieza y acaba. Cuando los grandes personajes escriben sus memorias, están haciendo una autoevaluación. ¿Qué nota les ponemos a los políticos? Su importancia se mide por el número de evaluaciones que se les hace y cuánto tiempo duran. Incluso siendo malos políticos, como Platón, todavía hoy le estamos evaluando. Sin duda, fue muy valioso.

Muchos dicen que preferirían no ser evaluados jamás. Yo creo que mienten. El sólo hecho de reclamar amor con una mirada ya es una demanda de evaluación.

No tenía razón el entonces secretario Josep Borrell cuando le dijo a Rodrigo Rato en una entrevista de ambiente electoral que no había venido al plató para examinarse. Le estaban evaluando (digámoslo en moderno). Se gastan millones en encuestas porque desean ser evaluados. Se evitan preguntas en una encuesta para evitar un examen para el que no se está preparado.

SABERLO O NO

Lo poco inclusiva que es nuestra sociedad

Los niños suelen tener mucho interés en saber lo que se piensa de ellos, pero pronto tienen una política sobre si les conviene saberlo o no. Eso sólo denota lo poco inclusiva que es nuestra sociedad. Cuando un niño prefiere pasar desapercibido es que él ya ha suspendido nuestro sistema. Y el pobre lo tiene mal, porque el sistema está muy consolidado. Es una prueba más de que nuestra civilización avanza sobre un peligroso campo de errores cometidos y debe irlo remozando sin poder desmontar el campo. No sé si efectivamente en Estados Unidos el error se percibe siempre como un activo. Aquí nos está costando.

Pero no estaría mal que la evaluación de los niños siguiera un camino semejante al de los grandes personajes. Rajoy ha seguido siempre adelante pese a lo que se dijera de él. Zapatero ejerció de miope pese a lo cual aún no desconfía de la agudeza de su vista. Todos en general dan por supuesto que en algún momento volverán a casa con un «muy deficiente». El pueblo es un examinador muy exigente.

PROMOVER LA EVALUACIÓN

Promover el deseo de ser recordado

Tal vez, la principal misión de un maestro es que se hable mucho de todos sus alumnos aunque sea mal… pero no sólo mal. Ninguna madre contendrá jamás la semilla del mal, eso es sólo para películas.

Pero seamos realistas, cuando hablamos de evaluación pensamos en opiniones escritas, en ficheros y armarios oficiales. Los políticos sólo sobreviven en artículos de revista, documentos firmados y libros vigentes.

Quizá en alguna placa de piedra o metal. Somos eso, carne de recuerdo. Por eso creo que promover la evaluación es promover el deseo de ser recordado, la ambición de valía, el orgullo de la propia personalidad. Todos ellos, productos muy caros, es cierto. Pero no resignarse es negarse a creer que un sólo alumno no podrá obtenerlos. Se le llama, creo, igualdad de oportunidades.

Por eso, la evaluación de un niño debe ser tan multiforme como la de los políticos. Hasta ellos mismos han de poder encargar sus propias encuestas. Pensemos en ello sin convertirlo en una caricatura.

PERIODOS DE EVALUACIÓN

Y como los niños aún no están hechos para la historia, un primer problema será el de los períodos de evaluación. Creo que han de ser tan cortos o tan largos como en su mente sean capaces  de verse a sí mismos. ¿Dos años? ¿Un año? ¿Seis meses? ¿Tres meses? Y eso porque siempre hay que sentarse y ver qué ha pasado en general (creo que le llaman «evaluación sumativa»).

…«Un mundo interesante en el que los árboles, los siglos y los gerundios están en su ambiente natural».

No tengo claro si la edad del niño y la longitud del período evaluado deben ser directa o inversamente proporcionales. Creo que es materia de ciencia pedagógica o de investigación (no sé cómo está actualmente el tema). Podría decirse que un niño de seis años puede perderse en ritmos evaluadores de dos años. O que períodos cortos pueden resultarle agobiantes. En cualquier caso creo que es una de las primeras cosas que debe decidirse. En política, se suele pensar que cuatro años son suficientes y necesarios y que no debe sometérseles a estrés antes de cien días. En fin, suelen tener más de treinta años. Duro con ellos.

Ya conocen algunos de los medios de evaluación que promuevo. El portafolio (si puede ser físico, mejor) como maletín de materiales para el recuerdo, como hemeroteca. En algunos lugares se recogen los ejercicios en un «archivador» («carpesano» me parece que se llama en muchos lugares).

Yo veo más útil y menos fatigosa la recopilación de buenos textos bien acabados, buenos logros (revistas, folletos, libros, grabaciones, dibujos, maquetas de proyectos y de productos…).

Pero, a mí me parece muy útil fomentar el bloc o la libreta de lecturas, allí donde apuntan los libros leídos, con sus comentarios, sus dudas, sus citas. Da para un formato flipped classroom, pero eso hacia el final (digamos, a partir de doce años), pues no fomentaremos un hábito adecuado del «currículo personal de lecturas» si no se empieza viviéndolo con el maestro y él o ella dando ejemplo.

Después están las memorias de las reuniones, donde puedan recogerse las propuestas (una lección magistral o un borrador de proyecto lo son), las intervenciones, las aportaciones verbales, las dudas, los debates.

Son raros los taquígrafos en las aulas y también las personas con espíritu de secretario, aquellas a quien no se les escapa un detalle. Yo nunca pude ser buen secretario y cuando me obligaron, lo fui muy deficiente. Por eso, estaría bien que después de cada sesión se confeccionara en grupo la memoria.

Y los proyectos (entre los cuales incluyo lo inevitable, como saber algo del Renacimiento) y los tutoriales (entre los que para mí entra, pongamos, las áreas de las figuras principales, o el dominio de las conjugaciones) acabarán en forma de librito, de mural o de lámina plastificada (incluso como registro audiovisual).

Todo ello puede ser muy «diagnóstico» o muy «formativo». Y el «mural curricular» y la «cartilla curricular» (ya saben, cuatro u ocho páginas muy visuales), dirigen los finales «sumativos» de período.

Se trata de vivir el período que sea con intensidad, pero sin estrés insoportable. Como los políticos. Cada cosa en su sazón. Y el niño vivirá en un mundo interesante en el que los árboles, los siglos y los gerundios están en su ambiente natural, y las cosas les pueden ir tan bien o tan mal como le fueron a Platón (las biografías deberían ser muy útiles en clase) y los niños saben que dejarán algo en las escuelas a las que fueron y serán recordados en su progreso que ellos mismos controlaron y discutieron con sus iguales.