¿Buscas un Sueldo Fácil? La Educación NO es una Bolsa de Trabajo

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La educación no es una bolsa de trabajo. Cada vez menos estudiantes salidos del secundario quieren ser docentes, se diría que es una profesión en extinción, es una de las causas de la calidad educativa que tenemos en Argentina y en otros países de América.

En educación no se puede “cacarear», hay que estudiar docencia –i.e.: magisterio, formación docente, etc.–) para ser docente. La docencia exige una serie de requisitos no comparables a los de otras profesiones.

Año tras año, son menos los docentes que se reciben para trabajar en nuestras aulas y son más las personas que eligen otras carreras. En la antigua Grecia, los maestros eran las personas más respetadas y admiradas; actualmente, ejercer la docencia es un calvario para muchos.

Para ser docente se necesita estudio, no improvisación, no una “capacitación”. La educación es una profesión. Los docentes planeamos las clases, conocemos a nuestros alumnos, diseñamos habilidades de aprendizaje, adaptamos los contenidos al contexto del aula, elaboramos proyectos educativos relacionados con diversos tipos de alumnado; y, como corolario, nuestras aulas son heterogéneas: hacemos un seguimiento continuo y personalizado de cada alumno.

La educación no es una bolsa de trabajo

¿Por qué se desprestigió el ser docente? ¿Cualquier persona, con el solo hecho de hacer una capacitación, puede enseñar? Ser docente implica tolerancia a la frustración para con los alumnos y uno mismo; por otra parte, la construcción del conocimiento jamás será instantánea. Tanto en la demanda de una educación de calidad, como en la pedagogía siempre hay una víctima evidente: el verdadero docente con preparación de docente.

La Educación NO es una Bolsa de Trabajo

La enseñanza puede llegar a desvalorarse si no se realiza con verdadera preparación y, por supuesto, con su correspondiente vocación, como ocurre en todas las profesiones que implican trabajo con el ser humano. La educación no es una bolsa de trabajo.

No debiéramos haber normalizado formas de proceder como las de quienes dicen: “si no puedo trabajar de arquitecto, enseño matemáticas”, o “si no puedo trabajar de periodista, voy de profesor de lengua”, como sucede aquí, en Argentina.

Una profesión requiere el control sobre el ejercicio de las responsabilidades profesionales. No se puede ejercer como médico sin un título de doctor en medicina, ni como abogado o ingeniero sin lo correspondiente. Pero como docente escolar, sí. Entonces, ¿quién es el culpable?

La docencia implica la movilización de los recursos personales, socioculturales y profesionales que adquirimos a lo largo de nuestra carrera entre práctica y estudios.

La labor docente como profesión se consolida en el siglo XX cuando los Estados llevan a cabo reformas para la modernización educativa. Es entonces cuando al docente se le exigen conocimientos específicos pedagógicos y didácticos y su condición de profesional se relaciona directamente con un desempeño como, por ejemplo, historia, inglés, matemáticas, geografía, etc.

Hoy la elección de la docencia no se basa en la vocación y el amor por la enseñanza, sino en la búsqueda de una salida laboral fácil, lo que a su vez impacta –negativamente– en la calidad de la enseñanza y aprendizaje por parte de los alumnos. La educación, no nos cansaremos de repetirlo, es un bien de inversión. La educación no es una bolsa de trabajo.

La Educación NO es una Bolsa de Trabajo

Al docente se le asigna el rol de “activador” del aprendizaje, debido a la influencia que puede ejercer sobre otros integrantes de una comunidad escolar en específico. La escuela no es un gabinete de especialidades terapéuticas, ni un roperito abastecedor cuando los chicos tienen frío, porque el estado, por ejemplo, NO se hace cargo de la niñez a través de políticas públicas, tampoco un contenedor de seres que se guardan por unas horas y listo.

La escuela es un espacio de aprendizaje, crecimiento y enriquecimiento mutuo.

Ejercer una profesión es un diferenciador en cualquier ámbito, y la educación no es la excepción. La docencia es una profesión que requiere de un desarrollo profesional enfocado al conocimiento, la enseñanza, la experiencia y, sobre todo, la práctica. La educación no es una bolsa de trabajo.

El docente realiza diversas tareas cumpliendo funciones que le son propias, es imprescindible que cobre un salario que sea acorde a la canasta familiar y que le permita continuar estudiando y perfeccionándose.

Los que nos dedicamos a la docencia tenemos la paciencia de esperar los resultados que, en la mayoría de los casos, no llegamos a ver jamás. Pero la docencia es una de las profesiones menos valoradas socialmente.

  • Los bajos salarios.
  • La violencia desde los padres.
  • La falta de oportunidades de crecimiento profesional.
  • Las condiciones laborales precarias

Son, entre otras, las principales circunstancias que desmotivan a muchos profesionales talentosos.


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La educación también constituye una vocación que, sin duda, no es para cualquiera; no se puede llegar a ella como un paracaidista. Hoy vemos que el desprestigio de la docencia se materializa en la contratación de personas que deciden ser docentes por el mero hecho de saber algo sobre un tema en concreto.

El poco exigente procedimiento de ingreso a la actividad docente que se ha instaurado para compensar lo poco atractiva que es la carrera de Educación apunta directamente a los resultados que los alumnos obtienen. La educación no es una bolsa de trabajo.

La educación se construye con el trabajo docente y este se hace desde el aula. ¿Qué ocurrirá con la educación –hoy en permanente decadencia– una vez que ni los trabajadores, ni sus empleadores tengan esos poderosos estímulos para buscarla?

“La profesión docente es un trabajo asociado a la vida humana, al conocimiento científico en permanente construcción y expansión, donde se requiere un inmenso compromiso ético y moral para su ejercicio”. Torres Santomé (2009)